El efecto Alcoa se contagia a Ferroatlántica

El grupo Villar Mir prepara ajustes laborales en sus fábricas de Cee-Dumbría y Sabón por los altos costes energéticos, y la patronal de la gran industria avisa: «La situación es peligrosa»

Ferroatlántica elabora silicio en su planta de Sabón, en el concello coruñés de Arteixo
Ferroatlántica elabora silicio en su planta de Sabón, en el concello coruñés de Arteixo
t. longueira
redacción / la voz

Fernando Soto, director general de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (AEGE), ya avisó en septiembre pasado de lo que podría ocurrir si los precios de la electricidad seguían en sus trece. Que muchas compañías, ahogadas por la escalada, bien pararían, bien bajarían producción para ahorrar. Desde entonces, Alcoa anunció el cierre de dos de sus tres plantas en España, las de A Coruña y Avilés, y el despido de sus 686 trabajadores directos (369 en la fábrica gallega y 317 en la asturiana). Y ahora es Ferroatlántica, propiedad del grupo Villar Mir, la contagiada por el efecto Alcoa. De momento, la compañía, con alrededor de medio millar de empleados en Galicia, no será tan drástica y desalmada como la multinacional estadounidense. Según la información recabada entre los comités de empresa de las fábricas de Cee-Dumbría y Sabón (Arteixo), el grupo planea un recorte importante de la producción de aleaciones de hierro y de silicio en ambas instalaciones (quiere apagar cuatro de los ocho hornos que hay en ambas) y para ello prepara expedientes de regulación de empleo, como ya hizo en el 2009. Todavía no los ha presentado y, por tanto, los sindicatos desconocen su duración y a cuánta plantilla afectarán. Los dos centros suman 400 empleos directos.

El complejo más importante es el situado a caballo de Cee y Dumbría, con 280 operarios. Según informó Alfonso Mouzo Trillo, miembro del comité, la dirección avanzó que quieren parar dos de los cinco hornos. En la fábrica de Sabón, con 122 en plantilla, apagarían dos de los tres, una reducción más drástica que en la primera planta, explicó el portavoz del comité, Francisco Blanco.

Ferroatlántica comunicó estas malas nuevas el viernes pasado, tras conocer los resultados de la subasta de interrumpibilidad, que fueron catastróficos para todas las empresas concursantes, Alcoa incluida. Esas pujas reparten incentivos eléctricos a las industrias con gran consumo de electricidad, pero los obtenidos para el primer semestre del 2019 son considerados insuficientes por la patronal AEGE para disponer de energía a precio competitivo, al menos a la altura del resto de los países europeos.

Los comités de Ferroatlántica en Cee-Dumbría y Sabón aguardan que la dirección los cite a lo largo de los próximos días para darles a conocer los ajustes laborales en la plantilla.

Hace diez años ya vivieron expedientes de regulación de empleo temporales para todos los trabajadores que duraron algo menos de un año.

Megasa, Celsa y Showa Denko (antes, SGL Carbón) son otras de las principales compañías con fábricas en Galicia beneficiarias de los incentivos eléctricos de la subasta de interrumpibilidad.

En la planta de Celsa Atlantic en A Laracha reina la preocupación. La dirección de la compañía ya trasladó a los representantes de los trabajadores, unos 150 en nómina, que el precio medio del megavatio subvencionado había caído a la mitad con respecto al de hace dos años. En el comité de empresa consideran que es prematuro hablar de recortes laborales, aunque temen una reducción de la actividad. Celsa aplicó cuatro ERE en los últimos diez años.

AEGE asiste con preocupación a este goteo de anuncios de reajustes en la producción o directamente de cierres, como Alcoa.

Fernando Soto volvió a advertir este lunes que, si el Gobierno no actúa con celeridad, el riesgo de contagio a otras compañías es elevado. «La situación es peligrosa», avisa el director general de la patronal. Más tras conocer los resultados de la subasta, que convierte los incentivos eléctricos para el primer semestre del 2019 en un 36 % más bajos que los actuales. Soto habla de una «caída dramática».

«Llevo en la asociación desde el 2010 y esta es una de las crisis más preocupantes para la industria electrointensiva que recuerdo», lamenta Soto. El sector está estrangulado porque cada vez es menos competitivo debido a que la electricidad en España es un 30 % más cara que en Alemania, por ejemplo, y los mecanismos de compensación, como la subasta, son insuficientes para cuadrar los costes.  

AEGE reclama medidas «urgentes y estables», como subastas a más largo plazo, descuentos en peajes eléctricos, y el pago de compensaciones por emisiones de dióxido de carbono, como en el resto de los países, precisa Soto. «No queremos que inventen nada, solo que copien a nuestros vecinos», destacó.

La patronal celebra el real decreto que creará el estatuto de la industria electrointensiva, aunque su director general reconoció que esperaba que incluyera medidas concretas inmediatas, y no para dentro de seis meses, como anunció el Gobierno.  

 

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cristina porteiro

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