Rebelión contra la macrogranja

La movilización ciudadana ha paralizado la construcción de alrededor de una treintena de naves


redacción / la voz

Carbajales de Alba, Faramontanos, Pozuelo, Cincovillas, Riofrío del Llano, Torrejoncillo del Rey, Montealegre del Castillo, Querencia, Brihuega, Gamonal... Así hasta 50 localidades de Cuenca, Guadalajara, Zamora o Toledo se han puesto en pie de guerra contra la instalación de macrogranjas de porcino cerca de sus viviendas.

Esta movilización ciudadana ha logrado frenar definitivamente la concesión de licencias para una decena de nuevas naves y paralizar de forma cautelar la tramitación de una veintena más a la espera de los estudios de impacto ambiental que valoren el riesgo de una actividad que amenaza con extender la cría industrial de cerdos por todo el territorio.

Si bien el fenómeno de las macrogranjas lleva años repitiéndose por distintas zonas del país, durante el último año el foco principal del problema parece estar en Castilla-La Mancha. Esta comunidad optó por incluir, en el 2016, la ganadería intensiva en los planes de ayuda para modernización de estructuras agrarias, declarando al porcino un sector estratégico. Esta decisión provocó que de media docena de proyectos al año se pasase a cerca de un centenar, con los problemas que esto está ocasionando para la población. 

Corrección de errores

Aunque la Administración autonómica ha asumido parte de este error aprobando hace escasos dos meses nuevas normas que, por ejemplo, reducen la cuantía de las ayudas públicas -algunas llegaban hasta el 65 % de la inversión- o impiden la instalación de criaderos porcinos a menos de dos kilómetros, su actuación sigue estando en el punto de mira de los afectados. Estos les acusan de conceder licencias en zonas vulnerables a la contaminación por nitratos o sin que existan garantías de que las granjas lleven a cabo una gestión eficaz de la abundante cantidad de residuos que generan. Según recoge un estudio de Ecologistas en Acción, una de las entidades que más oposición está mostrando a la instalación de estas macrogranjas porcinas, cada cerdo consume al año más de 5.000 litros de agua, generando 2.150 litros de purines, más de un kilo de amoníaco y casi dos de metano que acaban emitiéndose a la atmósfera.

A las recurrentes quejas vecinales relativas al riesgo de contaminación de las aguas por nitratos se unen otras como el olor pestilente de los criaderos industriales o el tránsito continuado de camiones que se produce entre ellos y los mataderos. Los afectados también se quejan de la escasa repercusión económica que las macrogranjas están teniendo sobre los municipios donde se asientan, territorios a los que se les venden como una fuente de riqueza y empleo pero que, finalmente no acaba siendo así. De hecho, tal y como apuntan varias plataformas de afectados, estas instalaciones están tan automatizadas que un solo empleado puede gestionar la actividad diaria de una nave de 2.000 cabezas. 

Para 24.000 vacas

Las protestas por la instalación de macrogranjas no se reducen al sector porcino o avícola. También se extienden al vacuno. Durante los últimos dos años se han sucedido las críticas al proyecto que pretende construir una explotación de más de 24.000 vacas lecheras en el municipio de Noviercas (Soria). Un proyecto que sigue adelante y se encuentra en fase de evaluación ambiental después de que se modificara la normativa urbanística para facilitarlo.

La intención de la cooperativa Valle de Odieta, promotora de la explotación, es la de poner en marcha una granja con un total de 23.520 cabezas (la mayor de Europa) que se ordeñarían las 24 horas al día con el fin de conseguir una cantidad de leche próxima a las 180.000 toneladas anuales. La inversión ronda los cien millones.

Año de récord para el porcino español

Pese a las dificultades para construir o ampliar cebaderos industriales, el sector porcino español atraviesa uno de los mejores momentos de su historia. España se posiciona como el primer país europeo en cuanto al número de animales (29,8 millones de cabezas) y está entre los cinco primeros del mundo tanto por volumen de producción de carne y derivados (4,3 millones de toneladas), como de exportación y consumo.

Según la interprofesional del porcino de capa blanca Interporc, la carne de cerdo es el 13 % de la producción final agraria española y el 78 % de todas las exportaciones cárnicas del país. Con un valor de casi 5.000 millones, las ventas en el exterior solo son superadas por la de frutas y hortalizas. En el 2017, el porcino generó un volumen de negocio superior a los 15.000 millones y dio empleo directo a 300.000 personas.

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