Amancio Ortega dejó el baile, bajó a la cocina y dio las gracias

El propietario de Inditex felicitó y dio las gracias a todos los profesionales de la cocina que trabajaron en la boda de su hija

Javier Olleros, Amancio Ortega y Ricardo Sanz en una foto para el recuerdo
Javier Olleros, Amancio Ortega y Ricardo Sanz en una foto para el recuerdo

La semana pasada, en la madrugada del viernes al sábado, Amancio Ortega se encontraba con su familia en el Club Náutico de A Coruña, celebrando la boda de su hija Marta con Carlos Torretta. Horas antes se había emocionado cuando recibió a la novia al inicio de la ceremonia civil. Hay que suponer que, como cualquier padre en un día importante de su vida, el empresario tenía los sentimientos a flor de piel. Ya por la tarde-noche, en el Náutico, en medio del bullicio en el que se escuchaba hablar en distintos idiomas (fundamentalmente inglés y francés), el vecino del Parrote decidió bajar a la cocina, felicitar y dar las gracias a todos los profesionales que allí se encontraban. Lo contó al salir del recinto uno de los cocineros del Kabuki, dirigido por el restaurador Ricardo Sanz. Los ojos brillaban en la cara del joven cuando describió lo que había sucedido. Para él fue todo una sorpresa.

-¿Qué tal ahí dentro?

-Muy bien, todo muy bien. Vino el señor Ortega a saludarnos.

-¿A la cocina? ¿Ortega, el señor Amancio Ortega?

-Sí, sí. A saludarnos a todos. Nos dio la mano y nos dio las gracias.

El equipo de Kabuki trabajó al lado del de Javier Olleros, de Culler de Pau, y del de Cedric Grolet, el mejor pastelero del mundo. El empresario de referencia en algunas de las universidades de más prestigio del planeta felicitó a todos los que participaron en la elaboración de los distintos platos. Lo hizo con una normalidad que llamó la atención. Quizá porque se podrían contar con los dedos de las manos a los millonarios que en medio de tanto glamur apostasen por bajar a las cocinas y agradecer el trabajo. Lo normal es que hubiese bastado con enviar dos o tres días después una tarjeta firmada. Pero no ocurrió así. El apretón de manos no fue ni flojo ni fuerte; ni corto ni largo, y mucho menos agresivo, que también los hay.  

A Amancio Ortega Gaona en Inditex le llaman «el jefe» o «el señor Ortega». También el joven cocinero le llamó «el señor Ortega». Por respeto, se supone. Dicen que el respeto también se gana (y se pierde) con gestos.

En todos los ránkings de empresas en las que los trabajadores estarían dispuestos a incorporarse aparece Inditex. Normalmente la gente prefiere trabajar en una compañía u otra en función de las posibilidades que tienen de desarrollo en el puesto, el ambiente de trabajo, las funciones que realizarán, etcétera. Pero todo eso no lo saben hasta que se incorporan a la plantilla de la empresa. Por lo que el horario y el ambiente y la cercanía del puesto a su casa son, en la mayoría de los casos, definitivos en la elección, recuerda Miguel Ángel Pérez Laguna, impulsor de Humanos en la Oficina.

El caso de Inditex es paradigmático. Los que se suman a la multinacional en Arteixo llegan de todos los países del mundo, el nivel de exigencia es alto, y los horarios en determinados departamentos son, como poco, complicados. Sin embargo la proyección de los profesionales se incrementa de manera exponencial, y en general existe la sensación de «estoy haciendo algo útil». La visibilidad de los cocineros top ha cambiado desde la boda. Como prueba fehaciente del gesto de Ortega, en esta página aparece la foto en la que el empresario posa con Javier Olleros y Ricardo Sanz, quien la hizo pública.

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