El FMI vuelve a la carga con lo de subir el IVA y reformar las pensiones

Bruselas desmonta los Presupuestos de Sánchez y la OCDE reclama medidas para poner freno a la precariedad laboral

El equipo de Lagarde ha rebajado dos décimas, al 2'5%, la previsión de crecimiento del 2018
El equipo de Lagarde ha rebajado dos décimas, al 2'5%, la previsión de crecimiento del 2018 REUTERS

redacción / la voz

A España le llueven los jarros de agua fría. Internacionales. Tres recibió este miércoles. Uno detrás de otro.

Primero, el de la OCDE. Dicen en el club de los países ricos que la expansión de la economía mundial ha tocado techo y que ahora toca preparase para un aterrizaje suave. Pero avisa: las guerras comerciales y la subida del petróleo pueden complicarnos, y mucho, la vida. Y España, claro, no se salva. De hecho, los expertos de la organización han recortado dos décimas la previsión de crecimiento del PIB para este año (hasta el 2,6 %) y el que viene (al 2,2 %). Y avisan: hay que trabajar para reducir el paro y la precariedad en el empleo. Porque lo que está tirando del carro es el consumo interno. Y con desempleo y sueldos míseros... sin dinero, no hay consumo. No hay que ser un experto para entenderlo.

Después de ese golpe, el tirón de orejas de Bruselas. Oficial. Nada de avisos. Los Presupuestos del Gobierno de Sánchez no encajan con la disciplina fiscal que se exige en Europa. No le ha devuelto el borrador como a Italia. No es para tanto. Pero no le gustan. Y no le gustan no solo porque no hay muchos visos de que vayan a ser aprobados, que también, sino porque se desvían «significativamente» del ajuste exigido y porque no casan con las directrices de reducción de deuda. En plata: no se creen en los despachos de la capital belga ni los gastos (serán mayores) ni los ingresos (serán menores) que figuran en el borrador de los Presupuestos de Sánchez. Puede que el varapalo europeo sea la puntilla para que el Ejecutivo arroje la toalla en su intento de sacar adelante las cuentas.

Pero aún faltaba el rapapolvo del Fondo Monetario Internacional. El organismo que pilota Christine Lagarde sacó a relucir su recetario habitual. Pocas novedades. El organismo reclama medidas fiscales adicionales «fiables» para achicar el déficit público. Recomienda, cómo no, reformar las pensiones. Porque si se revalorizan con el IPC sin más, el agujero de las cuentas se disparará. Critica la subida del 22 % en el salario mínimo, hasta los 900 euros, porque perjudicará al empleo, y recomienda, erre que erre, que se abarate el despido para hacer más atractivo, dice, el contrato indefinido.

Del lado de los impuestos, considera que lo adecuado no es la llamada tasa Google ni el impuesto a la banca. Son «distorsionadores», mantiene. Y es mejor coordinarse con otros países en aspectos tan peliagudos. No vaya a ser que las multinacionales y entidades afectadas pongan pies en polvorosa y se marchen a otros países. Tampoco le gusta que se les baje la presión fiscal a las pymes. Porque, afirma, eso desincentiva el crecimiento de las empresas. Lo que les agrada a los hombres de negro es que se reduzca la lista de los productos que disfrutan del IVA reducido y que se suban los impuestos verdes y especiales.

Por lo demás, el FMI también recorta en dos décimas la estimación de crecimiento de España para este año, hasta el 2,5 %.

Pese a todo, y contra viento y marea, la ministra de Economía, Nadia Calviño, ve el vaso medio lleno. Porque, dice, las previsiones están «alineadas» con las del Gobierno. Durante su intervención en el pleno del Congreso, reiteró que, si se prorrogan los Presupuestos, el déficit público será superior. Además, advirtió que estos organismos recomiendan a España que reduzca la deuda pública, algo que es «incompatible» con la bajada de impuestos que proponen algunos grupos parlamentarios.

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