Nadia Calviño: «Plantear un enfrentamiento entre la gente y los bancos no es inteligente»

La ministra defiende la «impopular pero responsable» subida de impuestos propuesta


madrid / colpisa

Nadia Calviño (A Coruña, 1968) fue el fichaje estrella de Pedro Sánchez para convencer a Bruselas y a los mercados de que es de fiar, de que su Gobierno cumplirá con las sacrosantas reglas comunitarias. Gallega de nacimiento, ejerce como tal. Arrancarle un sí o un no es misión imposible. Llegó de la Comisión Europea el 7 de junio y es probable que vuelva a finales del 2019 como comisaria española. Responde a la gallega, sonriendo.

-Las nuevas previsiones de Bruselas confirman que España sigue siendo la potencia que más crece, pero también constatan que la Comisión no se cree los Presupuestos del Gobierno en lo referido al déficit. ¿Esperaban este varapalo?

-Es una evaluación preliminar según la información disponible en este momento. Que haya previsiones distintas no lo describiría como que no se los creen. España está en una situación relativamente especial porque no hemos podido enviar un anteproyecto de ley de Presupuestos, sino un plan sin tener los Presupuestos adoptados, con algunas medidas en estado ni siquiera de anteproyecto de ley, como son los impuestos. Por eso la Comisión ha tenido en cuenta nuestras previsiones, y es un signo positivo.

-En la presentación de las cuentas dijeron que con los Presupuestos vigentes, y sin hacer nada, el déficit sería del 2,2 %. Ustedes lo fijaron en el 1,8 % y Bruselas dice ahora que será del 2,1 %. ¿Se los creen?

-Nuestro plan presupuestario prevé una reducción del déficit público sustancial, un superávit primario en el 2019, una reducción y ajuste estructural… Y nos parece que esto es lo que España necesita. Si finalmente debemos afrontar una prórroga presupuestaria, el resultado sería un déficit y una deuda pública mayores. Insisto, yo no diría que no se los creen.

-Respecto al salario mínimo, Bruselas advierte que se pueden perder hasta 80.000 empleos, una preocupación compartida por el Banco de España.

-La subida del salario mínimo se viene negociando desde hace tiempo y es fundamental para el cierre de las brechas sociales y de sexo que hay en nuestro país. El 70 % de quienes lo cobran son mujeres. Se trata de una medida social importante para recuperar derechos. Además, no debe ser vista como algo aislado, ya que el Gobierno va a impulsar un plan de choque con medidas a favor, por ejemplo, del empleo juvenil. Nuestro objetivo es que estas medidas tengan un impacto neutro sobre el crecimiento y la creación de empleo.

-Se habla mucho de ingresar, pero poco de recortar el gasto.

-Subir los impuestos es una medida políticamente impopular que ningún Gobierno quiere adoptar. Pero en este momento de crecimiento, y dados los desequilibrios heredados en materia de déficit y deuda, la política responsable es la que obliga a hacer ese ajuste estructural. Respecto al gasto, hay que recordar que un 60 % se destina a sanidad, educación y políticas sociales, así que pedir recortes de gasto resulta gratuito. Este tipo de llamadas fáciles a recortar el gasto deben ser respondidas con una pregunta muy clara: recortar en qué. Lo importante en última instancia, y la Comisión lo sabe, es la determinación del Gobierno de hacer un ajuste estructural y evitar la situación que hemos vivido en los últimos años.

-Cuando la Comisión y sus socios del Eurogrupo le preguntan si tendrán Presupuestos, ¿qué responde?

-Les explico cuál es la situación política y les traslado nuestra voluntad de aprobar unos Presupuestos que son los que España necesita.

-¿Eso es un sí o un no?

-Los tenemos bien informados sobre cómo va evolucionando la situación, y es lo que seguiremos haciendo.

-Ya han comenzado a abonar la idea de una prórroga presupuestaria gobernando a golpe de decreto, pero Pablo Iglesias ha dicho que o Presupuestos o elecciones. ¿Realmente ve factible aguantar con ese desgaste hasta el 2020?

-Estamos decididos a hacer todo lo posible por aunar las voluntades y lograr las mayorías necesarias para que haya nuevos Presupuestos. Es la prioridad, el plan A, el único escenario en que trabaja el Gobierno. La prórroga está prevista por el ordenamiento jurídico, no sería la primera vez que sucede, pero si solo se prorrogan los gastos comprometidos por el anterior Gobierno y no se pueden llevar a cabo los ajustes estructurales por el lado de los ingresos, nos encontraremos con un déficit público superior en el 2019 y una menor reducción de la deuda pública. No es lo deseable ni desde el punto de vista social ni desde el de la ortodoxia fiscal.

-¿La decisión del Tribunal Supremo sobre el impuesto de actos jurídicos documentados es la peor que se podía haber tomado, incluso desde la óptica de los bancos?

-No soy quien para valorar las decisiones judiciales, que todos debemos respetar. Lo importante es la rapidez y la determinación con la que ha actuado el Gobierno para establecer un marco normativo que garantice la seguridad jurídica.

-Rapidez, determinación… ¿y populismo? Muchos le achacan haber actuado a golpe de titular cuando hace más de dos décadas que los partidos no han hecho nada.

-En absoluto es una medida populista. Lo que ha hecho el Gobierno es responder de forma decidida y resolver un problema. Escuchar a la sociedad no es populismo.

-Este tributo no existe en muchos países de la UE y en los que lo hay lo paga el banco. ¿Suprimirlo nunca ha sido una opción?

-Se trata de un impuesto que ha existido durante décadas sin que se haya generado este tipo de problemas. Es un impuesto que fluye a las arcas de las comunidades autónomas y son ellas las que deben responder si están dispuestas a eliminar un recurso con el que se financian servicios como la educación o la sanidad. Debemos evitar poner en riesgo la financiación, sobre todo ahora.

-¿Le preocupa esta suerte de barra libre instalada para arremeter contra la banca, teniendo en cuenta que es un sector extremadamente sensible para la economía?

-Plantear las cuestiones como un enfrentamiento entre los ciudadanos y los bancos no es inteligente y tampoco responde a la realidad, porque el sector financiero canaliza el crédito a familias y empresas. Hay que lograr un equilibrio y, sobre todo, garantizar la protección de los intereses de los ciudadanos, especialmente de los más vulnerables.

«No hay ninguna decisión tomada sobre el destope de las pensiones»

Decía uno de sus antecesores, Pedro Solbes, que los ministros de Economía son los encargados de recordar que los Reyes Magos son los padres.

-¿Cuántas veces ha tenido que explicar en el Consejo de Ministros que los niños no vienen de París, sino de Bruselas?

-Es importante cumplir con nuestros compromisos. Es clave y no hay ninguna duda de que el Gobierno está comprometido con ese objetivo. Pero nuestro compromiso con la disciplina fiscal no es solo porque lo exijan las normas comunitarias, sino porque creemos que lo progresista es minimizar los 30.000 millones de euros que cada año pagamos en intereses de la deuda, para destinar este dinero a educación, sanidad o innovación.

-En una reciente visita a Londres criticó la reforma laboral, pero también defendió «una parte» y anunció que preservarán el «corazón» de ella. Sus palabras provocaron un silencio incómodo en el PSOE y Podemos ya le ha señalado oficialmente como la poli mala del Gobierno.

-Me sorprendió mucho esa controversia, porque en el tema de la regulación laboral he dicho exactamente lo mismo que la ministra Valerio desde el primer día. Es decir, que hay aspectos que deben ser ajustados para evitar el deterioro de las condiciones laborales, pero que no se trata tanto de mirar atrás y hacer una contrarreforma como de mirar hacia adelante y elaborar el Estatuto de los Trabajadores del siglo XXI. Y todo ello en un contexto de compromiso del Gobierno con la negociación colectiva.

-Hablando de la ministra de Trabajo, ¿aprobarán el destope de las cotizaciones máximas?

-No hay ninguna decisión tomada en este sentido. Valerio ha puesto encima de la mesa distintas opciones y habrá que ver qué es lo que se decide finalmente.

-El Gobierno ha sido muy criticado por sus contradicciones, sobre todo en el relato económico.

-Es chocante cómo se quieren buscar contradicciones entre personas que dicen lo mismo, pero con distintas palabras o matices. Es lo natural, no somos un Gobierno de robots, ni seguimos un guion absolutamente predeterminado.

-Por cierto, ¿cuántas veces se ha arrepentido de aceptar el cargo?

-Ninguna [sonríe].

-Dice la rumorología que usted será la nueva comisaria española tras las elecciones europeas.

-[Sigue sonriendo]. Hace seis meses no pensaba que iba a ser ministra española. Hace años que aprendí a no hacer planes.

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