«Al que venga aquí por precio: muchas gracias por la visita, pero ya no es el sitio»

Los empresarios que crecieron con Inditex se desmarcan del bajo coste y de la moda de consumo rápido

Nuno Sousa, de Flor de Moda, es administrador de la empresa situada en Barcelos
Nuno Sousa, de Flor de Moda, es administrador de la empresa situada en Barcelos

oporto / la voz

En el norte de Portugal, entre Oporto y Guimarães, se concentra una de las regiones de fabricación textil más importantes de la Unión Europea. Prestigiosas firmas de más de 20 países encargan buena parte de su producción a auténticos conglomerados como Adalberto, Calvelex, Polopique o Crispim & Abreu. Nombres que no nos dicen nada, de empresas de origen familiar, que han sabido adaptarse a los cambios del sector y que hoy se han convertido en socios vitales de las marcas para las que trabajan.

Todas estas empresas, propiedad de sagas de larga tradición en el arte de coser, están ahora en manos de unos herederos curtidos en el negocio, pero sobre todo en las universidades y escuelas de negocios, que se sacuden la etiqueta del bajo coste en busca de marca y distinción.

«Somos productores »

«Somos productores. Punto», afirma Nuno Sousa, administrador de la empresa Flor da Moda (marca Ana Sousa), que fabrica 4.000 prendas al día en sus instalaciones de Barcelos. «La moda en Portugal hoy es muy buena. Tenemos clientes en España, Portugal, Estados Unidos, Alemania o los países nórdicos, y seguiremos creciendo porque tenemos calidad y distinción, algo que en Asia no saben hacer», explica el empresario, que se muestra incómodo ante la más mínima insinuación de la competitividad lusa en materia de costes. «Si quieres una buena prenda, y estás dispuesto a pagar por ella 30 euros, no puede estar hecha en China», afirma, al tiempo que reivindica la independencia de su empresa de gigantes como Inditex y del modelo de consumo rápido de moda o fast fashion.

Paulo Vaz es presidente de ATP
Paulo Vaz es presidente de ATP

Menos volumen, más calidad

«Inditex ha dado mucho dinero a Portugal, pero no podemos ser rehenes de una sola empresa», declara Sousa, que intenta desmarcar su negocio de las exigencias del gigante gallego. «Exigen cada vez con más prisas. Recibes hoy un dibujo y tienes que hacerlo en el plazo de tres o cuatro semanas, te obliga a trabajar grandes volúmenes en fechas muy cortas y a precios muy bajos. Nosotros queremos apostar por otro modelo de calidad media alta, que no compita en precio sino en calidad. Los márgenes los ganamos reduciendo costes operacionales», explica.

Pero vaya si hay márgenes en la industria de la moda gracias a la confección en Portugal. Este periódico pudo constatar cómo las trabajadoras de un fábrica textil de Barcelos cosían unos vaqueros que salen de Portugal a 100 euros la unidad y figuran en el catálogo de la colección otoño-invierno 2018 de Victoria Beckham en 600 euros.

Según la tesis de los nuevos empresarios del textil luso, Beckham no podría vender ese producto a un precio tan elevado si la costura estuviera hecha en Asia. «Cuando compites con países asiáticos que producen un 20 % más barato de lo que cuesta aquí, y sigues teniendo cada vez más clientes, es fácil deducir que no se trata solo de una cuestión de costes», explica Paulo Vaz, el presidente de la patronal portuguesa del textil. «A quien venga aquí solo buscando precio le dices: muchas gracias por la visita, pero este ya no es el sitio. Aquí hay servicio y valor», asegura el portavoz del textil portugués, que da plenamente por superada la época de la economía sumergida que tanto marcó a fuego la etiqueta del low cost luso.

«Antes del año 2000 es cierto que solo basábamos nuestra competitividad en el precio. Ahora, en el valor y el servicio. Antes éramos solo tomadores de órdenes; ahora somos proveedores de soluciones», asegura.

Valérius, de José Manuel Vilas Boas, exporta el 98 % de lo que produce
Valérius, de José Manuel Vilas Boas, exporta el 98 % de lo que produce

Exportar es como respirar

José Manuel Vilas Boas es consejero delegado de Valérius, otro de los grandes suministradores con sede en Barcelos que exporta el 98 % de toda a su producción y trabaja para marcas como H&M, Moschino, Max Mara o Coach. «Para nosotros exportar es como respirar», afirma el empresario. Lejos de la autocomplacencia, no oculta su preocupación por la evolución del mercado internacional. «La industria textil portuguesa todavía está asentada sobre un castillo de arena que se puede desmoronar, porque la incertidumbre y la necesidad de fabricar en proximidad, que trajo de vuelta los pedidos de Asia para Portugal, puede dar un giro y llevárselos de vuelta». Flexibilidad y capacidad de producir series pequeñas en plazos cortos son, según el empresario, las claves de la competitiva portuguesa.

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