Rosa Blanca y Óscar Rodríguez: «¿El consejo que nos dio nuestro padre? "Cuidado con el dinero"»

Ambos lideran Espina y Delfín, una empresa de ingeniería con presencia en países como Angola, Portugal y Colombia


redacción / la voz

Espina y Delfín es una ingeniería, pero también algo más: trata aguas residuales urbanas e industriales, sobre estas últimas hacen I+D+i, tiene plantas de tratamiento de agua potable, retiran en el 20.000 toneladas de lodo y lo entregan a un gestor autorizado para su reciclaje... Rosa Blanca y Óscar Rodríguez son hermanos (se llevan 11 meses) y administradores de la compañía. No se pisan al hablar. Guardan turno y se respetan. No da la impresión de que ninguno mande más que el otro. Conocen bien los mercados de Portugal, de Angola -en este país tienen cinco contratos de 23 millones- y de Colombia, y están de acuerdo en la importancia de la reinversión.

-En alguno de estos países ¿hay mucha corrupción? ¿Hay mucha mordida?

-[Rosa Blanca Rodríguez] No. No es llegar y besar el santo. Nosotros hasta que conseguimos el primer contrato estuvimos más de cinco años, y buscamos siempre un socio local.

-[Oscar Rodríguez] Cualquier área de negocio se basa en una cosa: tener gente adecuada. En un momento dado, la Xunta copaba el 90 % de nuestra facturación, porque España era un objetivo prioritario de los fondos Feder de la UE, y en España no había depuradoras y había que hacerlas todas. Te presentabas y ganabas alguna. Las complicadas y difíciles nos tocaban a nosotros.

-[R. B. R.] Nos dimos cuenta que teníamos que abrir más mercados, y dimos el salto. Ahora nuestros trabajadores están en Portugal, y en Galicia tenemos una obra grande de una depuradora en Curtis.

-No me han contestado. ¿Hay mordidas, por ejemplo en Colombia?

-[O. R.] En Colombia hay mucha gente en la cárcel. Alcaldes, empresarios... El narcotráfico generó una crisis tremenda, y también estaba la guerrilla. Uribe consiguió acabar con la guerrilla, pero empezó crisis por fraude en los contratos. Había una familia que tenía más de 800 contratos con la Administración, les daban un anticipo pero no hacían la obra. Eran millonarios. No se hacía nada. El Gobierno decidió acabar con esta corrupción, y empezó a meter en la cárcel a esta familia, a funcionarios, a empresarios. Nosotros llegamos allí, y nos presentamos a los concursos. Ganamos siete concurso siguiendo los pliegos.

-¿Alguna vez alguno de sus trabajadores tuvo problemas por la violencia en la zona?

-[O. R.] No, pero en el Chocó, en Colombia, ganamos una obra en un sitio al que nadie quiere.

-[R. B. R.] En donde estaba la guerrilla. Y Fernando, el delegado, supertranquilo, nos explica que estuvo hablando con ellos. Estábamos más nerviosos nosotros que él. Era una obra de 13 millones de dólares, y la guerrilla le dijo: «Un millón de dólares si no queréis que haya problemas». Pasado un tiempo nos dijo con una caja de cerveza lo arregló.

-En los Presupuestos del Estado actuales parece que no hay incluida mucha obra pública.

-[O. R.] No es tanto el presupuesto como que ganes las obras.

-[R. B. R] Los pliegos no priman al que sabe hacer bien las cosas. Acaba siendo una subasta al mejor postor, y no valoran la experiencia y el buen hacer. Hay gente que está desesperada y tiran los precios.

-[O. R.] Hay dos tipos de concursos: los que priman el precio (a subasta), y los de proyecto y obra, en los que los criterios son demasiado subjetivos. Tú haces una presentación muy buena que te lo hace cualquier empresa de consultoría, que muchas veces no reflejan la realidad de lo que va a ser la obra. No se premia la trayectoria en proyectos correctamente ejecutados. Ni la solidez financiera de la empresa.

-¿Dónde es más fácil trabajar?

-[R. B. R.] Al lado de casa. Por un trabajador que está en el sur de Portugal pagas más de dietas que en salario.

-¿Y cuando mandan a alguien a África?

-[O. R.] Nunca enviamos a nadie. Hablamos con la gente..

-[R. B. R.] Económicamente les compensa, pero es duro. Están tres meses, se les hace una especie de condominio (tienen cocinera...), se intenta que estén cómodos, pero las condiciones son muy complicadas.

-¿Y el sueldo?

-[O. R.] El coste fácilmente se triplica. Les compensa, pero es muy duro.

-¿Alguno se echó novia? (Risas durante un rato)

-[O. R.] Ellos sabrán... oficialmente, no.

-[R. B. R.] Como se dice: lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas...

-Pasamos a algo más turbio: les acusaron de algún vertido, y ustedes dijeron que ya estaba bien de chivos expiatorios.

-[R. B. R.] ¡Ah sí! Yo lo dije. Yo estuve en el banquillo de este año. Nosotros gestionamos la depuradora de San Cibrao das Viñas, y esa depuradora es urbana, pero le llegan vertidos industriales. Pero, previamente, tienen que estar tratados para poder entrar en nuestra depuradora. Para eso todas las industrias tienen que tener una autorización de vertido, y tienen que cumplirla. Eso no se hace. Y hubo una empresa que se dedicaba a hacer cromados, y le era más fácil almacenar el ácido sulfúrico que le sobraba con restos y acumularlos en una cisterna. El 23 de junio por la noche, San Juan, abrieron la arqueta y vertieron como mínimo dos toneladas de ácido sulfúrico. Esa depuradora no estaba preparada para ese vertido. En el mismo juicio se demostró que los que estábamos en el banquillo no éramos los causantes del vertido, y se analizaba si Espina y Delfín podía haber evitado lo ocurrido. Demostramos que no éramos culpables.

-¿Por qué chivos expiatorios?

-[R. B. R.] El agua con el ácido salió por nuestra depuradora, y como salió por la depuradora de Espina y Delfín... Pero nosotros no podemos convertir el agua en vino, no podemos hacer milagros

-[R. B. R.] A mí me pedían tres años de cárcel y 250.000 euros de indemnización. Estuve tres días sentada en el banquillo de los acusados. Y se siente bastante impotencia. Yo no dormí esos tres días. Todo se basaba en que un biólogo vio peces muertos y decía que no funcionaba la depuradora. Cuando me pidieron tres años de cárcel, se escuchó: «Non home, iso non... queremos que nos escoiten...». Querían que saliera en los medios y hacer ruido.

-¿Algún problema más como este?

-[O. R.] Cuando trabajas para la Administración eres el saco de las bofetadas de unos y de otros, sean del signo que sean. Cuando quieren atacar al Gobierno, lo hacen a través de sus acciones.

[Rosa Blanca Rodríguez se incorporó a la empresa antes que su hermano. Cuando su padre enfermó, Óscar, ingeniero por la Politécnica, volvió de Madrid. Al hablar de «el jefe» a ambos se les cambia la cara]

-[R. B. R.] Era enérgico, fibroso, muy alegre. Era un líder nato. Hace 21 años que murió.

-¿Cómo les metió en la empresa?

-[O. R.] Por el artículo 33 (risas).

-[R. B. R.] Mi padre ya le había comprado a su socio la participación cuando yo terminé la carrera. Me incorporé y me sentó en la recepción. A los 15 días sabía el nombre de todos los trabajadores. Luego salté a administración. A los tres años, mi padre enferma de un cáncer de pulmón con 52. Era una persona con un gancho impresionable, parecía insustituible. Pero era muy generoso en el momento de enseñar, consiguió hacer equipo de gente muy válida. Cuando fallece, nos dio tiempo a preparar la sucesión. Nos ayudó mucho nuestro tío, hermano de mi padre.

-¿Cuál fue el consejo que les dio que más les marcara?

-[O. R.] «Tened cuidado con el dinero». Estábamos en el hospital. Le había dado un ictus. No puedes ser esclavo del dinero, el dinero tiene que ser tu esclavo. Es solo una herramienta de trabajo. Solo un medio.

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