Iberdrola abre en el Báltico una nueva vía de negocio para el naval gallego

La eléctrica ampliará el primer parque marino en el que participó Navantia


La Voz en Alemania

Están a punto de cumplirse cuatro años del estreno de Navantia Fene -en alianza con la asturiana Windar Renovables- en el negocio de la eólica marina. La compañía eléctrica de origen vasco Iberdrola le abrió la puerta a este sector al encargarle, en diciembre del 2014, sendos pedidos para la construcción de 29 jackets -estructuras de acero que sustentan los aerogeneradores en el mar- y de la subestación eléctrica para el parque de eólica off-shore de Wikinger, ubicado en el Báltico, a 40 kilómetros del puerto alemán de Mukran, situado a más de 300 de Berlín. Iberdrola pone hoy de largo el recinto, que arrancó su operación a finales del pasado año, con su inauguración oficial, pero, lejos de suponer un punto y final para los astilleros españoles en este proyecto, se ha convertido en un punto y seguido.

La eléctrica que preside Ignacio Sánchez Galán tiene ya en marcha la ampliación de este parque, después de haber conseguido en el país sendas adjudicaciones que sumarán otros 486 megavatios a los 350 de los que dispone actualmente. Se trata de los proyectos Baltic Eagle (de 476 megavatios) y Wikinger Süd (de 10), que se desarrollarán simultáneamente. Se abren así nuevas expectativas de negocio para Navantia y Windar Renovables, que después de la obra de Wikinger consiguieron otro pedido para Iberdrola, con el que suministraron 42 cimentaciones para el parque de East Anglia One, en fase de instalación actualmente en el Reino Unido. Para hacer realidad el refrán de que no hay dos sin tres, la alianza galaico-asturiana aspirará en Alemania a la construcción de 60 cimentaciones, tantas como aerogeneradores va a portar el parque.

Iberdrola, cuya apuesta por la eólica marina se ha intensificado en los últimos años, ha comenzado a presentar el plan de ampliación del recinto a las autoridades del país. También se encuentra inmersa ya en la elección de la turbina que utilizará en este nuevo proyecto, fase que prevé tener resuelta antes de que termine el año. Al mismo tiempo han comenzado ya los análisis sobre si se utilizarán cimentaciones tipo jackets o monopile, algo que tendrá que estar definido en el primer semestre del próximo año, aseguró Estanislao Rey-Baltar, director del proyecto de Wikinger. A finales del próximo ejercicio el comité operativo de Iberdrola tomará la decisión final sobre la ampliación e inmediatamente después se firmarán los contratos de suministro y se abrirá la fase de fabricación e instalación, que habitualmente consume alrededor de dos años y medio. Si estas previsiones se cumplen, la nueva actuación off-shore en el Báltico entraría en operación a finales del 2022 o principios del 2023.

Inversión millonaria

Para crecer en el sector de la eólica marina en Alemania, Iberdrola invertirá mil millones de euros, 400 menos de la cifra total que destinó a Wikinger. Si se extrapolan los costes de un programa a otro tomando como referencia la inversión realizada por cada megavatio de capacidad, hay que resaltar que Iberdrola conseguirá con la ampliación unos ahorros cercanos al 50 %. No obstante, hay que subrayar que se beneficiará de algunas actuaciones ya realizadas para Wikinger, como el centro de control y operación, ya en funcionamiento, entre otros.

No obstante, no es este el único de los proyectos que está impulsando Iberdrola en este mercado. En plena fase de instalación del East Anglia One (714 megavatios de potencia) y obtenida ya la luz verde del Reino Unido para acometer su ampliación hasta los 2.500, la eléctrica desarrolla también su primer parque eólico en Francia, el de Saint Brieuc, y sus primeras experiencias en el sector en Estados Unidos.

«Navantia ahora es una empresa de referencia en el sector»

Estanislao Rey-Baltar, director de Wikinger, ha sido testigo de la trayectoria de Navantia y Windar Renovables en el sector de la eólica marina, precisamente al haberse adentrado en este mercado con el parque que le tocó impulsar. «Navantia no tenía presencia en el sector y ahora es una empresa de referencia», señaló ayer, antes de explicar, a bordo de un pequeño avión que sobrevoló el parque, las características de un recinto que, con su ampliación, se convertirá en el de mayor capacidad del Báltico. Rey-Baltar se muestra satisfecho de que sea una empresa española la que haya actuado de tractora sobre otras como los astilleros públicos o la firma asturiana -perteneciente al Grupo Daniel Alonso- empujando su entrada en la eólica off-shore. «Este proyecto les ha ayudado a quitarse muchos miedos, a dar sus primeros pasos y a moverse con mucha confianza», añade, a la par que no duda en calificar de «muy satisfactoria» la relación mantenida por la eléctrica de origen vasco con las factorías navales públicas que preside Susana de Sarriá.

Aunque las licitaciones abiertas por Iberdrola para la adjudicación de los componentes para los distintos parques son internacionales y en cada proyecto se evalúan las ofertas técnica y económicamente, Rey-Baltar admite que la experiencia es un grado. En los dos últimos contratos de jackets realizados por la eléctrica para sus recintos de eólica marina, la alianza formada por Navantia y Windar ha sido el denominador común: para Wikinger fabricaron 29 cimentaciones, mientras que las 41 restantes fueron producidas por la danesa Bladt; y para el parque East Anglia One, en aguas de la costa este del Reino Unido, del astillero de Fene salieron 42 y otras 62 de la factoría de Lamprell de Dubái.

Inversión millonaria

En la ría ferrolana, el sector de la eólica marina se asienta también sobre otras compañías, como Nervión, una de las subcontratistas principales de Navantia en este mercado, y ha generado un nuevo segmento de negocio para otras muchas firmas auxiliares del naval.

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