«A Alcoa le pido que nos venda ya»

La plantilla sigue en pie de guerra para evitar el anunciado desenlace: el fin de una etapa industrial y despidos masivos

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«A Alcoa le pido que nos venda ya» La plantilla sigue en pie de guerra para evitar el anunciado desenlace: el fin de una etapa industrial y de despidos masivos

a coruña / la voz

«Os pregunto por qué estáis aquí». La consulta de David Mosquera, directa, tiene un motivo. En 14 años ha pasado por parones de producción, recortes, amenazas de despidos e, incluso, de cierre. Pero el fin de Alcoa parece muy real ahora. «En el 2014 lo vivimos como un órdago para conseguir un acuerdo en la tarifa eléctrica... ¿La verdad? Espero que acabe esto ya. Para bien o para mal».

Está cansado. Hizo el turno de noche, hasta las 6.00 de la mañana, durmió un par de horas y fue «de reenganche» al pleno del Parlamento a Santiago. «No tienes motivación para trabajar. Te dan ganas de abandonarlo todo», admite. No pueden. Siguen produciendo aluminio. En España el metal solo se fabrica aquí, en San Cibrao (Cervo) y en Avilés. Lo exportan y lo venden dentro del país. Desde hace una semana lo almacenan en la planta. «Si esto cierra, solo seremos importadores», justifica.

David, de 34 años, es padre de familia. Su mujer, Verónica, es enfermera en un centro de salud. Viven en Oleiros. Sus hijas se llaman Daniela, la mayor, de 8 años, y Ariana, de 3. -Ariana, ¿qué teníamos que decir en la manifestación?

-Isto é a guerra, Alcoa non se pecha.

Ariana sonríe. A Daniela los compañeros le preguntan en clase. Hay profesores que también tienen familia en Alcoa. El abuelo de su madre, Verónica, en su día también fue operario de la factoría. La aluminera dio mucha vida a la comarca. Toda la que ahora va a quitar la multinacional estadounidense. «No paro de darle a la cabeza. Si la fábrica va a cerrar, si va a cambiar de dueños, si podemos tener esperanzas, si David encontrará pronto otro trabajo, en dónde...», cuenta Verónica, su pareja.

«Esto no es una bicoca»

David proclama que siempre es «positivo». «No saber es lo que me da miedo. Esta incertidumbre... acojona», confiesa, sin embargo, sin pestañear ahora. Tiene claro qué le diría a un directivo de la firma norteamericana si lo tuviera delante: «Que nos venda, que nos venda ya. La empresa da dinero y tenemos carga de trabajo. Que nos dejen vivir tranquilos y pensar en el futuro». No es solo esta semana. Desde hace cuatro años, cuando la aluminera anunció otro ERE, viven en la cuerda floja.

Está «orgulloso», afirma, de la unión laboral en la plantilla.

«Sé que hay gente que se alegra de que nos puedan echar, no lo entiendo. Esto es malo para todos. De aquí dependen talleres, empresas de mantenimiento, transporte... Otros dicen que cobramos mucho. Para mí es poco. Alcoa no te regala el sueldo. Trabajo con metal a más de 700 grados, expuesto a sustancias cancerígenas, roto en turnos y los fines de semana me los paso la mayoría aquí metido. Tienes que estar concentrado porque te puedes quemar o puede haber una explosión. Tanta bicoca esto no es, nadie regala duros a cuatro pesetas», reprocha. Se niega a ser catastrofista: «No conozco otra empresa que no sea Alcoa: vine con 20 años, cuando terminé de estudiar. Es un trabajo con una cualificación muy específica. No voy a encontrar un puesto en el que dedicarme a lo mismo. Lo voy a tener complicado, pero haré lo que tenga que hacer para sacar a nuestra familia adelante con mi mujer». Verónica, que está a su lado, respira fuerte.

¿Dónde se ve él el 1 de diciembre, cuando finaliza el plazo para negociar el ERE de extinción? «¿Sinceramente? En Alcoa, trabajando». No titubea. Verónica, esta vez, no puede evitar las lágrimas. David insiste, le insiste: «La vida no se acaba en Alcoa».

El delegado del Gobierno traslada a la plantilla que se siguen buscando soluciones

El delegado del Gobierno, Javier Losada, ha trasladado en las últimas horas a la plantilla de Alcoa en A Coruña que el Ejecutivo central está «buscando soluciones» y sigue insistiendo ante la propia Alcoa en que se encuentre una alternativa al cierre de la factoría, tanto para la de A Coruña como para la de Avilés, por la implicación social que tiene tanto en empleos directos (cerca de 700) como en indirectos (se calculan unos 200 o 300 solo en la zona de A Coruña).

Losada aseguró que varias empresas han contactado con el Ejecutivo para interesarse por la situación de Alcoa, aunque evitó dar nombres. Y dijo que la posible venta de las plantas de Avilés y A Coruña es una decisión que debe valorar la propia empresa. Es algo complicado en tanto que se desconoce el marco energético para el 2019 con el que contarán estas empresas grandes consumidoras. Alcoa, de hecho, lleva intentando desde el 2016, en varios momentos, desprenderse de su factoría gallega. Losada apeló a la unidad de acción de todas las Administraciones, y lamentó los mensajes contrarios al Gobierno que, a su juicio, ha ido lanzando el conselleiro de Industria en los últimos días.

Hoy, reunión en Madrid

Mientras, la compañía ha citado para hoy a los miembros del comité de empresa europeo de Alcoa para abordar el ERE de extinción anunciado, a partir del 1 de noviembre, para proceder al cierre a partir de diciembre. Los trabajadores de la planta coruñesa aseguraron ayer que no descartan llevar a cabo protestas «contundentes» ante la cerrazón de la empresa. Ayer representantes de los trabajadores de todas las plantas europeas se vieron para analizar la situación.

Declaración unánime del Parlamento por la continuidad de la factoría

d. sampedro

La declaración demanda la búsqueda de alternativas para una factoría que constituye «unha peza clave no tecido produtivo galego»

Esta vez no fue necesario celebrar un debate ni forzar una votación para que el Parlamento gallego impulsara este miércoles por unanimidad una declaración institucional en favor de la continuidad de Alcoa en A Coruña, un texto en el que también se emplaza a la multinacional a «retirar o expediente de extinción» que pesa sobre todos los trabajadores, algo a lo que la compañía se ha negado.

La declaración institucional fue leída por el presidente de la Cámara, Miguel Santalices, y en ella no solo se rechaza la «decisión unilateral da empresa» de cerrar sus instalaciones en A Coruña y Avilés, sino que se demanda de manera incisiva la búsqueda de alternativas para una factoría que constituye «unha peza clave no tecido produtivo galego». El Parlamento también se compromete en el texto a «impulsar» a todas las administraciones para, «dende a unidade de acción», se emplace a la compañía a retirar el expediente de extinción de empleo que pesa sobre los trabajadores y abrir una mesa de negociación con todas las partes implicadas con el fin de encontrar una «solución urxente» que garantice el mantenimiento de la actividad empresarial y del empleo.

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