El calor y la falta de lluvia amenazan la temporada de castaña en Galicia

Los productores temen perder hasta un 50 % de la cosecha si sigue este tiempo


santiago / la voz

La pasada temporada de la castaña se recordará durante mucho tiempo como una de las peores de la historia. Prácticamente no hubo otoño, y de un verano prologando se pasó al invierno. Este 2018 va por el mismo camino. Calor y tiempo seco. Y los productores y las empresas rezan mirando al cielo. «No habíamos empezado mal a finales de agosto, pero este mes de septiembre la castaña está sufriendo, y mucho; si la primera mitad de octubre sigue así, la cosecha puede verse muy reducida», vaticina Jesús Quintá, empresario y presidente de la Indicación Xeográfica (IXP) Castaña de Galicia. De no llegar pronto las lluvias, en el campo creen que la temporada puede concluir como en el 2017, con una reducción del 50 % en la cosecha, lo que supuso unas pérdidas en origen de 18 millones de euros.

Los productores habían recogido en el 2016 unos 20 millones de kilos, con una facturación de 35 millones. Cada otoño recolectan castaña en la comunidad gallega unas 10.000 personas. En condiciones normales, el kilogramo oscila entre 1,20 y 2 euros, pero con este tiempo hay poco producto y de peor calidad, lo que no solo reduce el precio en origen, sino que amenaza el abastecimiento al resto de la cadena de valor, formada por unas 30 empresas comercializadoras y cuatro industrias, un sector que en todos los eslabones genera un volumen de negocio de 100 millones de euros. Las principales empresas (ubicadas en Lugo y Ourense) exportan castaña gallega a 40 países: el 50 % de lo que se vende fuera es producto fresco y la otra mitad, transformado. Con todo, en el sector hay cierta esperanza de que en octubre se pueda enderezar la situación con lo que se llama castaña tardía. «Este ano podería dicirse que xogamos cunha carta escondida: a castaña está vindo con atraso e, se chovese un pouco, poderiamos amañar algo a cousa; do contrario, estaremos ante un ano moi complicado, con perdas moi cuantiosas», apunta Miguel Areán, gerente de Castañas Naiciña, una empresa con sede en Chantada (Lugo); esta es, precisamente, una de las principales zonas productoras, junto a O Courel, Quiroga, la Ribeira Sacra o Valdeorras. En Galicia, donde el castaño es una especie autóctona, está aumentando a lo largo del último lustro el número de explotaciones con criterios profesionalizados. Cada hectárea puede dar un rendimiento anual de unos 6.000 euros, según los cálculos hechos por el sector.

Inquietud por la presencia de la avispilla en las zonas que tienen mayor producción

Además de los problemas derivados de cuestiones climáticas, el sector del castaño se enfrenta también a la plaga de la avispilla. En el 2017 afectó a zonas sin tradición productora, pero este año se ha extendido a áreas donde el fruto tiene mayor peso, como O Courel, Ancares o zonas del Miño. Desde la Xunta explican que se están intensificando las acciones contra la avispilla a través de la lucha biológica, con medidas silvícolas y actuaciones relacionadas con la mejora genética, para identificar aquellos árboles que son resistentes. Medio Rural, a través del Centro de Investigacións Forestais (CIF) de Lourizán, ha logrado confirmar mediante ensayos controlados en laboratorio, que existen clones híbridos de castaños capaces de resistir el envite de la plaga. El Dryocosmus kuriphilus es un insecto himenóptero de la familia de los cinípidos (avispas de las agallas) que afecta a los castaños. Es originario de China y comenzó a propagarse en 1941 por Japón y en 1963 por Corea. En el continente americano se detectó en 1974 y en Europa en el 2002, en Italia. Posteriormente, se extendió a Francia, Eslovenia, Suiza, Hungría, Croacia, Holanda, Eslovaquia, Alemania y la República Checa. Apareció en Cataluña en el 2012.

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