Tres nuevos embalses a un paso de Galicia

Iberdrola debutará en el 2023 en el negocio hidráulico luso con un complejo en el río Támega, en el norte del país, capaz de suministrar electricidad a Vigo y toda su área metropolitana

Tres nuevos embalses a un paso de Galicia Iberdrola debutará en el 2023 en el negocio hidráulico luso con un complejo en el río Támega, en el norte del país, capaz de suministrar electricidad a Vigo y toda su área metropolitana

redacción / la voz

Iberdrola debutará dentro de cinco años en el negocio hidráulico de Portugal. Lo hará gestionando un complejo en el río Támega situado a solo una decena de kilómetros de la frontera gallega, que estará compuesto por tres centrales y sus presas correspondientes, capaces de iluminar a una población de 400.000 personas; esto es, a las que residen, por ejemplo, en Vigo y toda su área metropolitana.

Las instalaciones, en obras desde el 2014, sumarán una potencia instalada de 1.158 megavatios -la tercera parte de todas las hidroeléctricas gallegas y similar a la de una sola nuclear- y producirán 1.766 gigavatios hora. La compañía española está invirtiendo 1.500 millones en este proyecto, que incrementará un 6 % la capacidad de generación del sistema luso, un 3 % de su producción total y un 24 % la de energía hidráulica.

En el mercado ibérico

Pero la electricidad de las centrales de Daivoes, Gouvaes y Alto Támega no se quedará al otro lado de la frontera, sino que se comercializará en el mercado ibérico de la electricidad (Mibel), que comparten España y Portugal. Teóricamente, el nuevo torrente hidráulico contribuirá a abaratar la factura de la luz, pues sustituirá a tecnologías como el carbón o el gas que encarecen el mercado, pero nada garantiza que vaya a ser así. El motivo es que la más grande de las tres centrales, la de Gouvaes, será de bombeo, lo que permitirá a Iberdrola almacenar y gestionar el agua de los ríos Támega y Torno como mejor convenga a sus intereses. En una central convencional, la producción está condicionada por el nivel de llenado del embalse. «El bombeo te permite almacenar energía. Cuando hay excedente en la red, te guardas el agua, y cuando hay necesidad, la utilizas», explica el gallego José María Pazos, el negociador de Iberdrola con la Administración lusa.

Este ingeniero nacido en Vigo, pero criado en Madrid y ahora residente en Matosinhos, defiende que el complejo del Támega sí contribuirá a contener y a «estabilizar los precios» en un mercado caracterizado por su volatilidad. Porque, subraya, una central de bombeo se pone en marcha en cuestión de minutos y es capaz de satisfacer una demanda imprevista, en lugar de echar mano de tecnologías también flexibles, aunque no tanto, pero más caras, como los ciclos combinados.

Iberdrola se hizo en el 2008 con una concesión del Gobierno portugués, que le permitirá explotar el complejo del Támega durante un período de 70 años. Como incentivo público, la compañía presidida por Ignacio Sánchez Galán se embolsará 11.000 euros anuales por megavatio instalado durante diez años, que empezarán a contar con la entrada en operación comercial de las centrales. En total, la empresa percibirá por esa vía 127 millones. Aparte estarán, claro, los ingresos por la venta de energía. Iberdrola no detalla cuánto dinero estima ganar con el complejo luso. Sin embargo, sí se puede calcular a cuánto ascenderá la facturación aplicando el precio medio del mercado. El de este año rondará los 60 euros el megavatio hora, que multiplicados por la producción prevista, resultan alrededor de 100 millones anuales, o 7.000 millones a lo largo de toda la concesión. La eléctrica amortizaría la inversión (1.500 millones) en cuestión de 15 años, aunque fuentes de la compañía aclararon que no será así, porque hay que restar los costes de explotación y las inversiones adicionales que requerirán las instalaciones a lo largo de todo el período de la concesión.

Complejos similares

El complejo hidráulico luso no será el más grande de Portugal, ni tampoco el mayor de los que gestiona Iberdrola en la península, pues el de La Muela (Valencia), también de bombeo como el del Támega, roza los 2.000 megavatios. Tampoco superará a las potencia de las centrales que la compañía posee en Galicia, en el Sil, que ronda los 1.700.

La mayoría de los aprovechamientos eléctricos de los ríos gallegos se construyeron entre los años 50 y 70, aunque en el 2013 se inauguraron las ampliaciones de las centrales de San Esteban (Iberdrola) y Os Peares (Naturgy).

Iberdrola gestionará el complejo portugués desde Ourense

El sistema electroproductor del Támega, como lo denomina Iberdrola, será gestionado por la compañía desde el mismo centro de control desde el que maneja las hidráulicas gallegas del Sil, situado en la localidad ourensana de A Rúa, según detalló José María Otero. Aunque estará a las órdenes del operador del sistema eléctrico luso, REN.

No será esa la única huella gallega en el proyecto. Además de que Pazos coordinó la ampliación de la central de San Esteban, en las obras participan empresas de la comunidad. Como Milsa Trillo, que se dedica al montaje mecánico en las presas de Daivoes y Alto Támega, en UTE con otras compañías; o Grúas Rubio. La eléctrica ha dejado en manos de las españolas Ferrovial y Acciona buena parte de la obra civil.

A lo largo de los nueve años que se prolongarán los trabajos (2014-2023), Iberdrola dará empleo a 13.500 operarios. En la actualidad, hay en la zona 1.700, de los cuales, un centenar son gallegos, detalló José María Pazos.

La plantilla que quedará en las centrales cuando entren en operación será de unas 200 personas.

El complejo afectará a un tramo de 40 kilómetros de río, e inundará alrededor de 1.000 hectáreas en las que están situadas medio centenar de casas, que serán expropiadas por el Gobierno luso.

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