Cuando solo los tontos y los pobres tienen hijos

Tres décadas de constante pérdida de población


El título de esta crónica puede sonar duro, pero en un simple análisis de la realidad es, cuando menos, correcto. Según los datos oficiales de agosto, Galicia registró durante los últimos 30 años más muertes que nacimientos. Hay 10 concellos que perdieron más del 3 % de su población y 40 que redujeron el número de habitantes entre el 2 y el 3 %.

Los gallegos ricos no tienen más hijos por ser ricos, y casi siempre los que tienen menos recursos les adelantan en este ránking. Lo mismo ocurre en los países desarrollados (menor natalidad) frente a los subdesarrollados. Desde el punto de visto económico, tener hijos es lo más antieconómico que existe. Todos son gastos. Al ser preguntado Manuel Blanco Desar, experto en demografía y autor del libro Una sociedad sin hijos, si es posible que en algún momento en Galicia dejen de nacer niños, argumenta que «niños seguirán naciendo, mientras quede alguna pareja en edad fértil que decida tener alguno. Pero como cada año tenemos menos parejas fértiles (a causa de la caída en picado de la fecundidad desde 1981, que iba generando déficit de infancia y acumulativa deuda de juventud), y de entre las pocas parejas fértiles hay una parte importante que decide no tener descendencia pese a disfrutar de buenos ingresos, el resultado es la persistente tasa de fecundidad más baja de Europa».

A juicio del economista, esto solo se solventa con una inmigración masiva de jóvenes, «con los resultados que estamos viendo en Italia, Suecia o Austria, o viviendo permanentemente subsidiados desde fuera». Blanco Desar tiene claro que España va a ser el país más senil de la OCDE antes de 30 años, con excepción de Japón y Corea del Sur. «Como tenemos un sistema educativo ineficiente, incapaz de generar emprendedores industriales o en nuevas tecnologías, además de endogámico y burocratizado, es poco probable que nos acerquemos algo a la productividad y competitividad de esos países», subraya. En estas condiciones, cada vez menos jóvenes tendrán que producir para sostener a cada vez más ancianos (por ejemplo, la deuda per cápita por adulto en edad laboral se disparará), por lo que estos jóvenes tendrán que emigrar para librarse de esa deuda y de los crecientes impuestos y cotizaciones para obtener peores prestaciones que sus predecesores.

¿Cuál es la solución a este panorama? Propone el experto el sufragio infantil para compensar a las madres (ellas votarían por sus hijos menores y así se defenderían sus intereses frente al lobby senescente mayoritario); tributación per cápita, ya que pagarían menos impuestos los que más hijos tuviesen; compensaciones para acceder al empleo público en favor de las madres (son las más discriminadas y damnificadas), y ponderar la carga familiar media de las empresas para acceder a la contratación pública.

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