Difícil recomponer al pequeño Frankenstein

Bajar la presión fiscal ayuda, pero no resolverá el problema de fondo: que manden las centrales más caras


redaccion

Tantos parches colocados sobre la herida durante tanto tiempo han convertido al sistema eléctrico en una suerte de pequeño Frankenstein, en un monstruo al que no será fácil recomponer. Y menos aún en poco tiempo. Suprimir impuestos es lo fácil (entre comillas) y la ministra Ribera ha recurrido a un gravamen instaurado hace cinco años por el entonces ministro de Industria José Manuel Soria (PP) y que grava la producción de energía eléctrica con un 7 %. Esta medida aliviará un tanto el ahogo, pero no resolverá el problema de fondo: el funcionamiento del mercado eléctrico, que premia en realidad a las tecnologías más caras (carbón y gas natural). La propia ministra admitió lo injusto de este sistema marginalista y avanzó que en sus planes está meterle mano. Pero ¿le dará tiempo? Y si el mandato dura lo suficiente para cambiarlo, ¿hay alguna garantía de que el siguiente ministro no rectifique todo lo anterior? No, porque ya ha ocurrido.

Pero ese cambio de las reglas de juego del mercado será probablemente inevitable, como también la transición energética: el carbón y la nuclear acabarán desapareciendo, se pongan como se pongan algunos partidos, porque España no manda sobre sí misma desde que se integró en el bloque comunitario. Y Bruselas ordena el fin de los combustibles fósiles. Eso sí, de forma progresiva, sin traumas. Será entonces cuando las tecnologías renovables, en las que España fue líder, marquen la pauta en el mercado. Las reglas de funcionamiento tendrán que ser ya otras, adaptadas a los nuevos tiempos.

Pero para todo eso queda mucho tiempo (dos o tres décadas), y mientras tanto ¿qué más se puede hacer? Suprimir el impuesto especial de la electricidad (del 5 %) o reducir el IVA (21 %) serían unas posibles opciones, aunque quizá no sean vistas con buenos ojos ni en el Ministerio de Hacienda ni en el de Economía, que son los que tienen que lidiar con Bruselas para no sacar un pie de la senda de déficit.

Otro camino que la ministra no se ha atrevido a seguir es el de desvincular la factura de la luz de los consumidores más vulnerables de lo que ocurra en el mercado mayorista de electricidad. Hasta hace cuatro años, ya era así y el precio de la electricidad se fijaba en unas subastas trimestrales que garantizaban un precio estable durante ese período. Ese sistema pinchó y el Gobierno prescindió de él entre sospechas de manipulación. Pero otro modo de cálculo directo tiene que haber para establecer la tarifa regulada. Seguro.

Mientras se cocinan las grandes reformas, facilitar de verdad el autoconsumo (sin cargos raros por simplemente estar conectado a la red aunque no se utilice) supondrá toda una revolución social. Todos tendremos nuestra pequeña central eléctrica.

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