La tierra muerta recobra la vida

Propietarios del interior de Galicia comienzan a ceder o alquilar sus parcelas abandonadas para producir cereales o recuperar pastos y bosques de castañas


Santiago / la voz

Xosé Vázquez Luaces tiene 50 años y trabaja como agente forestal. Como miles de gallegos, es propietario de tierra agraria que está abandonada. Sus parcelas se encuentran en la zona del valle de Lemos, en Bóveda (Lugo). Acaba de ceder cuatro fincas dentro de un proyecto en la comarca, en el que se movilizarán unas 160 hectáreas para alquiler. Son parcelas dispersas, en desuso, algunas de las cuales se encuentran en espacios de concentración parcelaria. Una de las personas que se beneficiará es Pablo Rodríguez, ganadero de 21 años, que tiene unas 50 vacas en ordeño, y que necesita más tierras de cultivo para reducir los costes que destina a la alimentación de su ganado.

Ambos ven en Bóveda lo mismo que en mucho lugares de la Galicia rural: un campo despoblado, abandonado, sin relevo generacional. «Nuestros mayores se han ido muriendo, poco a poco, y sus hijos y nietos no se han dedicado a la agricultura ni al ganado», detalla Xosé Vázquez. El joven ganadero Pablo Rodríguez quizá sea una de las pocas excepciones. «Yo busco unas diez hectáreas en régimen de alquiler para que pueda pastar el ganado», explica.

Un largo camino

La voz de ambos, sus testimonios, constituye el retrato vivo de las cifras que se incluyen en el dictamen que acaba de aprobar el Parlamento de Galicia para orientar la política rural y poner en valor una parte del territorio infrautilizado. Este documento precisa que el fenómeno de la desagrarización y las transformaciones asociadas al mismo provocó que, en poco más de medio siglo, Galicia pasase de tener 827.000 personas trabajando en la actividad agraria a las 45.600 del año 2015. «Estos agricultores y ganaderos eran los verdaderos agentes de ordenación del territorio, que mantenían limpio y cuidado en su práctica totalidad; este proceso provocó un abandono del territorio rural gallego y un desordenado cambio de usos. Se perdió un tercio de la superficie agraria útil (SAU), que pasó de 927.977 hectáreas en 1985 a 621.643 hectáreas en el año 2015», explica el dictamen. A esto se suma que, además, se ha producido una concentración de esa SAU, de forma que el 50 % de la misma se acumula en apenas 50 ayuntamientos gallegos, lo que significa que hay municipios mucho más azotados por el abandono.

El proyecto para poner en valor parcelas en los concellos del valle de Lemos, al igual que otros que ya están en marcha, se encuadra en la estrategia de movilidad de tierras impulsada desde Medio Rural, a través de la Axencia Galega de Desenvolvemento Rural (Agader).

Alta montaña

Aquí se inscribe, por ejemplo, la iniciativa para recuperar soutos tradicionales de castaña en el concello de Folgoso do Courel; se trata de unas 80 hectáreas propiedad de cien particulares y en las que hay, aproximadamente, casi diez mil árboles. La gestión se hará por la vía de la agrupación de productores o empresa asociada, y ya se han empezado los trabajos en la tierra. «Hay mucha zona de gran valor que estaba abandonada, parcelas perdidas, y que ahora se pueden recuperar para producir castañas», precisa Carlos Castro, de 39 años, uno de los propietarios que participa en este proyecto.

En Os Ancares también está en marcha un plan para recuperar tierras de pasto que ahora se hallan en estado de abandono. Son 30 hectáreas en el concello de Cervantes y se pretenden llevar a cabo arrendamientos pactados con cooperativas ganaderas de la zona. Miguel Cordero, aunque trabaja en Lugo, tiene una explotación de cabras de carne en la zona. «Agora os animais están pacendo en terras máis afastadas e estou buscando terreo máis cerca», aclara. En el municipio de Sober ha empezado otro proyecto con parcelas abandonadas; el objetivo es transformarlas para producir pasto y cereales. Son antiguas fincas propiedad de particulares, y que suman unas 25 hectáreas.

Galicia tiene unas 114.000 hectáreas en parcelas abandonadas y que pueden ser puestas en producción

Los datos actualizados que maneja Medio Rural muestran que en Galicia hay actualmente alrededor de 114.000 hectáreas de tierra con buena aptitud agraria para ser puestas en producción, y de esas, unas 46.000 son de la mejor calidad.

El observatorio de movilidad de tierras está registrando en los últimos tiempos un ligero repunte de las operaciones de compraventa de parcelas, especialmente en aquellas ubicadas en superficie agraria útil. En lo que afecta a este supuesto, se pasó de las 3.900 hectáreas objeto de compraventa en el 2015 a unas 5.000 en el 2017. El número de operaciones creció de las 18.446 a las 18.670 entre esos mismos años.

«A través deste observatorio estase buscando facilitar o mercado de terras e atopar solucións que respondan con axilidade ás demandas de territorio por parte das explotacións que queiran ampliar así a súa base territorial, ou queiran poñer en marcha unha iniciativa de posta en produción», precisan desde la Consellería do Medio Rural, el departamento liderado por Ánxeles Vázquez.

Terreno quemado

De entre los proyectos ahora en marcha para recuperar tierras abandonadas, destaca la iniciativa para poner en valor parcelas de concentración parcelaria afectadas por el fuego en los municipios de Cualedro y Oímbra. El estudio previo, que ha supuesto una inversión de 44.000 euros, se ha hecho sobre unas 3.500 hectáreas, de las que se seleccionarán unas 500 en base a las necesidades que han expresado las empresas implicadas en el proyecto. Son fincas integradas en el Banco de Terras y alquiladas a estos negocios para plantar cereales, leguminosas y viñedos.

Para las obras y el acondicionamiento posterior de los terrenos, Medio Rural ha presupuestado medio millón de euros. Ahora se está en el proceso de selección de las fincas.

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