Ahora es el CO2 el que encarece la electricidad

La revalorización de los derechos de emisión por obra y gracia de los especuladores tiene la culpa de que el mercado eléctrico ande estos meses por las nubes: las familias pagan un 11 %


redacción / la voz

La ministra Teresa Ribera se indigna, simula que remueve Roma con Santiago, pero no hace nada. De momento. Bien es cierto que solo lleva tres meses gobernando, pero la titular de la cartera de Transición Ecológica sigue sin tomar medidas para frenar la escalada de precios de la electricidad, que acumula ya cinco meses seguidos al alza, para ahogo de familias y empresas. Esta próxima semana comparece en el Congreso para hablar del problema. Y quizá ahí, ante sus señorías, anuncie alguna medida para contener la escalada. Entre tanto, el mercado mayorista sube y sube. Pero ¿por qué? Ahí van algunas claves sobre los motivos del tarifazo eléctrico en vigor. 

¿Por qué está tan caro el mercado eléctrico?

Los expertos consultados coinciden en que los precios que está arrojando el mercado mayorista están distorsionados, que no manipulados, por un factor que hasta ahora era casi invisible porque no daba estos sobresaltos: el dióxido de carbono. Puede resultar difícil de entender cómo puede ese gas de efecto invernadero hacer subir la factura de la luz. Pues sí. Más bien está provocando el alza el mercado de compra venta de derechos de emisión de CO2, al que están obligadas a recurrir las industrias contaminantes para verter sus toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. 

¿Cómo funciona el mercado de CO2?

Se trata de un mercado de negociación europeo montado por la Comisión Europea para intentar regular las emisiones contaminantes exigiendo a las industrias que se rasquen el bolsillo. Pero en ese mercado puede comprar y vender cualquier inversor. Y en los últimos meses lo están haciendo en masa, lo que ha disparado el coste de la tonelada de CO2. Ismael Romeo, director de la empresa española Sendeco2, que se dedica a comerciar con esos derechos, explica que en los últimos meses han entrado en el negocio especuladores que buscan dinero fácil. Al mismo tiempo, como el precio de la tonelada se ha disparado -en enero costaba 8,34 euros, ahora, en torno a 22-, las eléctricas se han lanzado a comprar a futuro para no tener que hacerlo cuando el coste sea todavía más alto. Tanta demanda, por un lado y por otro, ha disparado las cotizaciones del CO2. Ismael Romeo estima que este año debería cerrarse con una cotización media de entre 12 y 13 euros la tonelada. Por comparar, la del 2017 fue de 5,83. 

Pero ¿por qué influye el precio del CO2 en el mercado eléctrico?

Porque la empresa propietaria de una térmica tiene que pagar más dinero para comprar derechos de emisión de dióxido de carbono y repercute ese sobrecoste en la generación de electricidad. Por tanto, producir es más caro. Según un cálculo efectuado por Endesa, por cada euro que se encarece la tonelada de CO2, el megavatio hora lo hace 40 céntimos. 

¿Qué más factores están influyendo en el tarifazo?

El CO2 está por las nubes, pero tampoco están precisamente de saldo el carbón y el gas natural, dos combustibles imprescindibles todavía para que España cuente con la energía eléctrica suficiente. La tonelada del mineral que usan, por ejemplo, las centrales de Endesa en As Pontes y de Naturgy en Meirama ronda los 90 dólares. Estas tecnologías, junto a la nuclear, están suministrando cerca del 70 % de la demanda de energía (en agosto, el 66), en detrimento de las renovables (hidráulica y eólica), que están de capa caída. El incremento de la demanda de electricidad -la del mes pasado fue la más alta de los últimos diez años- también está influyendo en los precios.

¿Cómo está afectando la subida de la factura?

Las familias y las empresas se gastan más dinero en el suministro eléctrico y, por tanto, disponen de menos recursos para otros conceptos. El recibo doméstico de un hogar medio con un contrato en mercado regulado acumula cinco meses al alza: el de agosto es un 11 % más alto que el de un año antes y está un 6 % por encima del de enero pasado; el de julio, un 8 %; el de junio, un 5,5; y el de mayo, un 4,58. El de septiembre, como sigan así los precios de mercado, será un 14 % más elevado. 

¿Y a las empresas?

Pues capeando el temporal, como las familias. Las empresas suscriben contratos de suministro con las eléctricas, bien a un precio fijo, bien variable en función de lo que ocurra en el mercado. Entre los primeros, Naturgy prefirió romper con algo más de un centenar de firmas del clúster de la automoción de Vigo que se negaron a que la eléctrica les actualizase el precio de la factura antes del vencimiento del contrato por la escalada del mercado. La antigua Gas Natural Fenosa se vio incapaz de asumir la diferencia de costes y prefirió pagarles una compensación y quedarse sin clientes. Ejemplo de contrato variable es la compañía Cortizo, el mayor fabricante de perfiles de aluminio de España, con sede en Padrón. Fuentes de la empresa explicaron que desde entonces pagan un 15 % más. 

¿De qué manera impacta el precio de mercado en el recibo doméstico?

Desde hace cuatro años, los precios del mercado mayorista son la referencia para determinar alrededor de un tercio de la factura eléctrica doméstica. Todo lo demás que pagan las familias, y las empresas, son hipotecas de la política energética de los sucesivos Gobiernos, en forma de primas a las renovables, deuda del sistema... La electricidad paga un IVA del 21 % y un impuesto propio del 5 %.

La CNMC obliga a las eléctricas a diferenciar bien la marca de sus filiales 

josé maría camarero

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) va a obligar a las principales compañías eléctricas a que modifiquen su imagen de marca para que los usuarios puedan identificarlas con claridad. El organismo presidido por José María Marín Quemada les ha dado un plazo de seis meses para que lo modifiquen y cumplan con una decisión que es jurídicamente vinculante. La medida va dirigida a los conglomerados energéticos (de gas y electricidad) con más de 100.000 clientes y a las empresas que actúan como comercializadores de referencia, esto es, las que proveen la tarifa regulada. Esto incluye a las cinco grandes: Iberdrola, Endesa, Naturgy, Viesgo y EDP.

Contra la confusión

La CNMC sostiene que «el objetivo es evitar a los consumidores la confusión» y que sepan exactamente si se trata de una comercializadora de mercado regulado o libre la que les está prestando el servicio, o si es la filial de distribución. De hecho, ocho de cada diez hogares no saben qué tipo de contrato tienen, según datos del propio regulador.

Las compañías tendrán que realizar cambios en la información, presentación de marca e imagen respecto a la filial del mismo grupo empresarial. Así, los consumidores podrán identificar correctamente en sus facturas qué comercializadora les ofrece el servicio y saber si están en el mercado libre o regulado, como exige la normativa europea.

El problema surge del hecho de que un mismo grupo empresarial puede comercializar la tarifa controlada por el Gobierno (el precio voluntario para el pequeño consumidor) mediante una de sus empresas y, al mismo tiempo, vender otro tipo de ofertas en el mercado liberalizado. Y aunque societariamente lo haga desde compañías distintas, en la práctica todas las comunicaciones se realizan con marcas tan parecidas que, en muchas ocasiones, es complicado distinguirlas a simple vista, sobre todo si se trata de personas mayores.

La CNMC ha emitido varios informes en los que alerta de la confusión que existe entre los consumidores a la hora de identificar quién es su suministrador energético, y para saber si está recibiendo un suministro regulado o libre.

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