El Gobierno avisa: la luz seguirá desbocada

La ministra Ribera prepara una reforma profunda y «valiente» del sistema de fijación de precios domésticos de la electricidad, aunque admite que «no hay recetas mágicas»

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redacción / la voz

La factura de la luz seguirá desbocada, avisa la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. Y será así porque desde hace cuatro años está vinculada -no toda, pero sí en un tercio de lo que se paga- a lo que ocurra en el mercado mayorista de electricidad, en el que las cotizaciones varían de una hora para otra arrastradas, hacia arriba o hacia abajo, por, entre otros factores, el precio de los combustibles fósiles (carbón y gas natural) y de los derechos de emisión de CO2. Y todos ellos están al alza. Así que, con o sin renovables, el encarecimiento del recibo parece inevitable.

El de agosto, sin ir más lejos, será, para una familia media, un 11 % más elevado que el del mismo mes del año pasado. Y el de septiembre, si las cotizaciones siguen en sus trece, subirá un 14,6 %.

Pero ¿qué va a hacer la ministra para atajar esta escalada? Aparte de instar a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) a que investigue si aprecia anomalías en la escalada de precios en el mercado, fuentes del Ministerio de Transición Ecológica explicaron que planean acometer «cambios estructurales, que pretenden ser valientes» en el sistema de fijación de precios eléctricos. Las mismas fuentes no concretaron ni en qué consistirán esos cambios ni cuándo los harían: «Se están considerando todas las opciones».

Esto abre la puerta a la adopción de todo tipo de medidas, desde desvincular la factura doméstica de los vaivenes del mercado mayorista -como hasta hace cuatro años- hasta suprimir el impuesto de electricidad (del 5,12 %), pasando por retirar algunos de los costes que los consumidores abonan en el recibo y que no están directamente vinculados con el consumo de electricidad. La propuesta de extraer algunos de esos peajes -que, en total, suponen la mitad de la factura, aproximadamente- para costearlos vía Presupuestos Generales del Estado no es nueva y hasta las propias compañías eléctricas son partidarias de ello.

Pero las mismas fuentes ministeriales avanzaron que «no hay recetas mágicas», ni tampoco «se puede bajar el precio de la noche a la mañana». Es decir, los consumidores no deben esperar milagros.

Aunque desde Transición Ecológica subrayaron que la prioridad que se han marcado es que los consumidores más vulnerables no vean ahogada su economía por el incremento de las tarifas eléctricas. En este sentido, se intensificará la campaña para que las familias menos pudientes soliciten el nuevo bono social, que desde hace unos meses aplica criterios de renta para disfrutar de los descuentos en la factura (las rebajas van del 25 al 40 %).

Entre tanto, directivos de compañías eléctricas echan balones fuera. Dos de ellos negaron ayer que esas empresas estén detrás de los incrementos de precios que se están registrando en el mercado desde mayo y aseguraron que ninguna compañía se está beneficiando de ese encarecimiento. El consejero delegado de Endesa, José Bogas, reconoció que, en realidad, a las empresas les gustaría que los precios de los derechos de emisión de CO2 y de las materias primas «fueran más baratos».

Bogas defendió el buen funcionamiento del mercado mayorista y del sistema de casación de precios en él -la tecnología más cara es la que marca la tarifa media que cobrará el resto-, aunque sí propuso revisar el mecanismo por el que se fija la factura en el mercado regulado por el Gobierno.

En esa misma línea, la consejera delegada de Iberdrola España, Ángeles Santamaría, señaló que no le parece razonable que el recibo doméstico sea «un espejo de los precios en el mercado mayorista», ya que los consumidores con menor poder adquisitivo necesitan tener certidumbre sobre lo que van a pagar.

O da luz, un mercado horario no que se impón a tecnoloxía máis cara

Xosé Manuel golpe
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Os problemas do sistema de fixación de prezos eléctricos

Atrás quedan aqueles tempos nos que o ex-presidente do Goberno encomendaba a baixada do prezo do quilowatt hora a que caesen chuzos de punta. Choveu, choveu moito, pero o prezo da electricidade segue nun camiño ascendente, ao que non se lle ve final. Imos ver os factores máis relevantes que inflúen nesta escalada.

O mercado eléctrico

Todos os días do ano realízase unha poxa á que acoden as empresas con centrais eléctricas, onde se fai unha casación marxinalista hora a hora entre a enerxía que se necesita e o prezo que ofrecen os xeradores. Se botamos un ollo ás empresas que acoden a este mercado, vemos que son, de xeito maioritario, as cinco grandes. Que a enerxía proceda destas compañías non tería maior incidencia se non fosen estas mesmas as que manexan un 82 % dos contratos de subministro eléctrico. Tamén pode resultar chocante que o sistema de casación de prezos sexa marxinalista: a última oferta que entra en cada hora, que loxicamente é a máis cara, marca o prezo ao resto de ofertantes. Así, unha central nuclear, que está 24 horas conectada, cobra 24 prezos diferentes, facendo sempre o mesmo. E ningún deses prezos foi o ofertado por esta central, senón pola que casou en cada hora, que normalmente adoita a ser un 200 % superior; isto é o que o argot do sector denomina windfall profits, ou beneficios chovidos do ceo. Este mercado responde á oferta e á demanda. Por tanto, nos períodos onde aumenta o consumo, como é o verán, o prezo sobe. Mais a demanda no que levamos de ano (34,7 xigawatts hora) é moi semellante á do 2017 (30,2).

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