Hacienda descubre en un año 2.200 nuevos grandes propietarios en Galicia

Hay ya más de 343.000 gallegos que declaran tener más de una decena de bienes


redacción / la voz

El proceso de inspecciones masivas del Catastro, iniciado en el 2013 y que acabará este diciembre, ha destapado en este tiempo casi 8.000 nuevos grandes propietarios en Galicia, entendiendo como tales aquellos que declaran tener más de diez bienes. Ese proceso se ha acelerado en el último ejercicio, según los datos que maneja ese organismo público dependiente de Hacienda: entre el 2017 y el 2018 han descubierto unos 2.200 nuevos multipropietarios. Esto eleva hasta los 343.648 los titulares de más de una decena de bienes en la comunidad entre suelo urbano y rústico. Son el 10 % del total de aquellos que declaran algo al Catastro, desde una o varias fincas hasta un local o un piso. El incremento en el último ejercicio es muy significativo, sobre todo comparando lo sucedido entre el 2016 y el 2017: entonces aparecieron un millar.

Este notable repunte no es casual. Los datos tienen una correlación directa con las inspecciones que por tierra (con personal propio) y por aire (con drones y fotos de satélite) está realizando el Catastro desde finales del 2013. Su trabajo ha provocado que afloren 158.000 nuevas construcciones sin declarar al fisco y por las que sus dueños tienen ahora que rendir cuentas; no quiere decir que urbanísticamente sean ilegales, sino que no se habían registrado, y no estaban pagando los tributos correspondientes, principalmente el IBI.

Gracias a esa investigación, aún en marcha, se ha dado con esos nuevos 8.000 grandes propietarios. La sanción cuando se descubre un bien no declarado es bastante discreta: 60 euros de tasa por cada uno de ellos. El problema llegará después, con la obligación de regularizar la situación en el concello correspondiente, y la subida en el recibo.

El dato global da cuenta de ese incremento en cinco años: en el 2013 en Galicia el Catastro tenía anotados 335.000 multipropietarios. Llegando ahora al final del procedimiento, 343.000.

Yendo al detalle, se constata que sobre todo ha subido la cifra de dueños de bienes en suelo urbano. En el tramo de titulares de entre 11 y 25 propiedades en esas áreas, la cifra se ha incrementado un 43 % en cinco años.

En terreno rústico, en cambio, la subida es más discreta, apenas un 1 % más en este tiempo. Sin embargo, la cifra apabulla: hay 320.000 gallegos con más de una decena de propiedades rurales registradas a su nombre, y de ellos, 36.000 declaran tener más de cincuenta. Esto revela otra realidad del agro gallego: la segmentación de la propiedad, algo palpable en la ordenación del monte.

Si en cambio se pone la lupa en los bienes urbanos, la cifra es mucho más discreta: 857 titulares con más de 50 propiedades. Y, además, la cifra ha caído ligeramente en el último ejercicio. Eso puede deberse a una corrección, a fallecimiento o a un reparto entre terceros.

El catastrazo dispara la oferta de casas en venta en el rural

Mientras algunos gallegos acumulan cada vez más propiedades, otros han decidido quitarse cargas de encima. Es, al menos, lo que cuentan en las inmobiliarias de la comunidad, donde dicen que en los últimos meses han visto crecer, hasta cifras que no recordaban, las viviendas en venta en los ayuntamientos del rural.

«Se trata de grandes casas construidas por gente que en su día marchó a la emigración y que antes de volver hicieron una casona en su pueblo; ahora son los herederos los que la ponen en venta», explica Benito Iglesias, presidente de la Federación Gallega de Empresas Inmobiliarias, que explica que el fenómeno tiene mucha fuerza en las provincias de Ourense y Lugo, pero también se aprecia en el interior de A Coruña y Pontevedra.

¿Las causas? Iglesias apunta varias. La primera, obvia, el relevo generacional. Fallecidos los dueños originales de la vivienda, los hijos o nietos, que en muchos casos viven fuera, ya no tienen ese vínculo emocional con la propiedad. A eso se suma que en los últimos años han sufrido un aumento importante de las cargas, entre las que el experto cita expresamente el catastrazo. «Cuando llega el recibo del IBI y ven el aumento, muchos deciden poner la propiedad a la venta».

Pero no es el único factor: los costes de mantenimiento, otras obligaciones impuestas (como la de mantener los terrenos limpios para evitar incendios), la falta de servicios y buenas comunicaciones e incluso el miedo a sufrir robos u okupaciones también han animado a muchos propietarios a poner el cartel de «se vende».

El problema es que muchos de esos motivos por los que los actuales propietarios quieren desprenderse de esas viviendas son los mismos por los que no abundan los posibles compradores. «Los jóvenes no quieren vivir en el rural, prefieren las ciudades, que es donde tienen trabajo y un mayor acceso a servicios», explica Iglesias, que ve más que difícil que se fije población en las zonas rurales si no hay oportunidades laborales.

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