La guerra de los 100.000 millones

La escalada arancelaria entre China y Estados Unidos afecta ya a la sexta parte de sus intercambios comerciales y amenaza con recrudecerse en los próximos meses


Redacción / La Voz

Ojo por ojo. Uno golpea y el otro devuelve el ataque. Y mientras, el mundo contiene el aliento. Estados Unidos y China escenificaron ayer el último capítulo (por ahora) de la guerra arancelaria abierta entre las dos mayores potencias mundiales, con la entrada en vigor de los nuevos aranceles aprobados por la Administración Trump a una lista de 279 productos importados desde el gigante asiático, y que comprenden desde tubos de desagüe hasta productos agrícolas o vagones de tren. Estos bienes, que pasarán a estar gravados con una tasa del 25 %, suponen un movimiento de 16.000 millones de dólares cada año en las aduanas estadounidenses.

Y China, que aguardó pacientemente hasta que la amenaza de Trump (anunciada en julio) entrase en vigor, respondió con la misma firmeza, imponiendo idénticos gravámenes a otro largo listado de productos estadounidenses (entre ellos, materias primas como el carbón y el gas), también valorados en 16.000 millones de dólares. De esta forma, las importaciones de uno y otro país castigadas por la subida de tarifas aduaneras suman ya 100.000 millones, casi la sexta parte de los intercambios comerciales entre ambos mercados.

Pero, si se cumple el guion que ya se ha ido filtrando por capítulos en Washington, la cifra no quedará ahí. El Gobierno estadounidense anunció hace unas semanas su intención de subir el gravamen (en este caso al 10 %) a otro sinfín de bienes chinos por valor de 200.000 millones de dólares. Y el propio Trump, en alguna intervención pública, llegó a amenazar con gravar la práctica totalidad de las importaciones chinas, nada menos que medio billón de billetes verdes.

China, que en los últimos meses se ha mostrado al mundo como un adalid del libre comercio, frente al viraje proteccionista en Estados Unidos, defendió que no ha tenido más remedio que «implementar el contraataque necesario» y anunció que presentará una queja ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), a la que Trump le está dando trabajo. Solo este año, los países miembros del organismo han iniciado ya 30 procedimientos de disputa internacional, casi el doble de los formalizados en todo el ejercicio anterior, cuando se presentaron 17.

Para tratar de frenar la escalada, una delegación china llegó esta semana a Washington con la encomienda de rebajar las tensiones, aunque no se esperan grandes avances, entre otras cosas por el bajo perfil de los negociadores. El problema del gigante asiático es que su margen de respuesta es limitado. Porque las exportaciones estadounidenses a China están valoradas en solo 130.000 millones de dólares, por lo que si Washington aplica un tarifazo a todas sus exportaciones, ellos no podrán responder con la misma intensidad.

Preocupación en los mercados

El pulso sostenido entre Trump y Xi preocupa en los mercados, como demostró la caída de la bolsa de Hong Kong, que ayer se dejó un 0,49 % y rompió una racha de cuatro jornadas al alza. Los números rojos se contagiaron por los parqués del Viejo Continente (el Ibex, con un retroceso del 0,13 %, fue uno de los selectivos que menos sufrió) y luego a Wall Street, donde el Dow Jones retrocedía cerca de un 0,4 % al cierre de la sesión en Europa.

Pero los vaivenes de las bolsas podrían ser el menor de los problemas provocados por esta guerra arancelaria que amenaza con convertirse en un conflicto comercial abierto. Porque, como subrayan los expertos, en una economía globalizada como la actual el grueso de las importaciones son productos intermedios, partes de procesos productivos que no se cierran en un solo país, sino que involucran piezas y maquinaria de varios mercados. Por eso, encarecer esos componentes afectaría al coste del producto final y podría provocar la destrucción de miles de empleos en la industria estadounidense, esos que Trump utilizó como bandera con el «América primero».

Lo que falta por ver es si el giro proteccionista en Washington (que no solo afecta a China, sino que también castiga productos de la Unión Europea, Canadá o Turquía) servirá para el que es, según las autoridades norteamericanas, su fin último: reducir el déficit comercial con China. De momento, el desequilibrio entre exportaciones de uno a otro país (que fue de 375.000 millones a favor del gigante asiático el año pasado) aumentó un 8,3 % en los seis primeros meses del año.

Las exportaciones gallegas a ambos países se reducen

Mientras las dos principales potencias económicas del mundo libran su batalla arancelaria, los intercambios comerciales gallegos con ambos países retrocedieron ligeramente, aunque sin grandes cataclismos. En los cinco primeros meses del año, según los datos de la Secretaría de Estado de Comercio, las empresas de la comunidad exportaron bienes y servicios por valor de 81,9 millones de euros a China, lo que supone apenas un 4 % menos que en el mismo período del ejercicio anterior. En el caso de Estados Unidos, la caída es algo mayor, del 10 %, hasta los 226,8 millones de euros.

Caen las ventas, pero las importaciones siguen el camino opuesto. En el caso del gigante asiático, las compras desde Galicia superaron los 323 millones de euros, un 3,5 %, mientras que las importaciones desde Estados Unidos se incrementaron de forma más espectacular: se duplicaron, al pasar de 106,5 millones de euros en los cinco primeros meses del 2017 a los 222,4 entre enero y mayo de este año.

Esto provoca que la balanza comercial con ambos países, la diferencia entre exportaciones e importaciones, se desequilibre para los intereses gallegos. En el caso de Estados Unidos, aunque las ventas todavía superan las compras, el superávit comercial gallego se redujo más de un 97 % y pasó de 145 a poco más de 4 millones de euros. Con China, con la que ya había un abultado déficit comercial, el desequilibrio aumentó en un 6 % (241 millones).

Todo ello en un contexto de sólido crecimiento de las exportaciones gallegas, que aumentaron más de un 7 % en el primer semestre del año, según el Informe Mensual de Comercio Exterior divulgado ayer. Gracias al tirón del textil y la automoción, los sectores más dinámicos, Galicia duplica de largo el crecimiento medio de las ventas españolas en el exterior (2,87 %), y ya representa más del 8 % de las exportaciones nacionales.

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