Todos los alquileres inferiores a 15 días o con servicios hosteleros serán turísticos

El cambio en la definición del Gobierno no afectaría a las viviendas registradas en Galicia

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REDACCIÓN / LA VOZ

Los pisos turísticos son un fenómeno imparable y su regulación es tan cambiante como las plataformas y aplicaciones digitales que han impulsado su despegue. Dentro del paquete de medidas que Pedro Sánchez anunció para la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), además del aumento de los contratos de alquiler de 3 a 5 años, el socialista anticipó un cambio que afecta a los arrendamientos de temporada. «Los alquileres de 15 días o más donde no se presten servicios hosteleros van a seguir en la LAU, pero todas las estancias inferiores a 15 días o en las que se ofrezcan servicios hosteleros, como cambio de sábanas o toallas, serán considerados como alquiler turístico y saldrán de la ley», detalla a La Voz de Galicia Mar Rominguera, diputada y portavoz de vivienda del PSOE. El objetivo, continúa, no es otro que el de homogeneizar: «Queremos crear unas pautas desde la legislación estatal para regular este fenómeno».

¿Cómo afectará a Galicia? La regulación de los alquileres vacacionales está desde el 2013 en manos de las autonomías. La Lei de Turismo de Galicia puso un tope. «Alugamentos por menos de 30 días, e cun mínimo de dúas reservas ao ano, son considerados turísticos», recuerdan desde Turismo de Galicia. Hay inscritas 5.424 viviendas de uso turístico en el registro autonómico. El sector hostelero gallego está convencido de que la cifra es muy superior. Hablan de más de 20.000. La picaresca está servida. «Como la ley autonómica es hasta los 30 días, la mayoría de nuestros clientes han preferido optar por alquilar el mes completo. Julio o agosto, que tienen 31 días», admite Raquel Pernas, de la inmobiliaria Merahome, en Oleiros. Desde Turismo remarcan que la media de las estancias está en Galicia «en sete días. Os alugamentos de entre un e dous meses non precisan dunha regulación urxente aquí».

Sanxenxo es el municipio donde hay más inmuebles de uso turístico registrados: 1.217 viviendas. «En este ayuntamiento hay aproximadamente un parque de más de 16.000 viviendas de las que solo unas 6.000 son residencia habitual», apunta Francisco González, presidente del Clúster de Turismo de Galicia. «¿Qué pasa con el resto?», se pregunta. En la inmobiliaria Pisos en Galicia, a unos metros de la playa de Silgar, Martina Durán, una de sus responsables, mantiene que el 100 % de sus clientes se han inscrito en el registro autonómico: «Prefieren estar tranquilos y hacer las cosas bien».

Inspecciones en los pisos

En esta localidad los alquileres «van desde los 550 euros la semana a los 7.000 euros veinte días», apunta Durán: «Hay para todos los bolsillos. No todo es exclusivo: en una segunda o tercera línea de playa en Silgar hay precios asequibles. En el otro extremo, el piso más caro que tenemos es un ático con vistas a la playa». Los hoteles llevan décadas conviviendo con los pisos turísticos. «Antes las casas ponían una tela blanca en la ventana para que los veraneantes las identificaran. Lo que pedimos es competir en igualdad de condiciones. Es necesario unificar los criterios a nivel estatal», exige Francisco González.

Desde Aviturga, la Asociación de Viviendas Turísticas de Galicia, creen que «se está trasladando a Galicia un problema del Mediterráneo», dice Dulcinea Aguín, su portavoz. «Defendemos la regulación, pero los hosteleros tienen que ver que el turismo ha evolucionado». Sienten la presión de Hacienda. Los técnicos de la Agencia Tributaria se están presentando puerta por puerta en los pisos. «Tenemos el número de registro y pagamos impuestos. A nosotros también nos afecta el alquiler oculto», confiesa Aguín, que insiste: «No somos una empresa ni tampoco competimos con los hoteles por la misma clientela».

No solo es Airbnb

Homeaway, Wimdu, Hundredrooms, HomeToGo, Holidu... Los portales para buscar pisos en vacaciones proliferan en la Red. Están obligados a informar a la Agencia Tributaria a partir de enero del 2019 de quiénes son y cuánto ingresan los propietarios de los inmuebles que anuncian. Carlos, que prefiere no dar su apellido, tiene colgado en Airbnb un anuncio. Es de un piso en Sanxenxo, en primera línea de playa y propiedad de su madre. Ninguno de los dos vive allí. «Empezamos este verano para ahorrar y reformar nuestra casa. No lo dimos de alta en el registro porque es para algo temporal», reconoce.

El caso de Santiago

Después de Sanxenxo, es el segundo concello con más pisos en el registro de la Xunta. Aquí son 314. El Ayuntamiento contabiliza que hay al menos 750 operando de forma irregular. Suponen un total de 3.100 camas, el 30 % de la oferta hostelera reglada, y calcula que generan un negocio de 8,5 millones de euros sin fiscalizar. Aunque las multas de la Lei de Turismo de Galicia van de los 300 a los 9.000 euros, el gobierno local ha decido prohibirlos en el entorno de la catedral y ha impuesto sus propias sanciones. «Estamos recibiendo muchas quejas sobre la situación de Santiago», reconoce la diputada socialista Mar Rominguera. «O cambio da lei estatal pode achegar máis seguridade xurídica. Os donos destes pisos están exercendo una actividade fraudulenta e desleal ao mesmo tempo que expulsan aos veciños do casco vello e disparan os alugamentos», apunta Marta Lois, concejal de Turismo. «El caso de Santiago -admite Dulcinea Aguín- puede ser el más problemático, pero los vecinos también dejan estas zonas porque prefieren pisos más cómodos, con ascensor y garaje». La edila compostelana cree, sin embargo, que el fenómeno de los pisos vacacionales está adquiriendo «un carácter global». Si se consulta en Internet «pisos turísticos Santiago», encontrar uno para julio o agosto es misión casi imposible.

Alba Barbeito, Noalla (Sanxenxo): «Mis abuelos fueron los primeros que alquilaron»

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Tiene web propia y también se anuncia en Homeaway, Airbnb o Booking. El boca a boca que ya existía en la época de sus abuelos también sigue funcionando. «Y eso que mucha gente mayor se está adaptando a los nuevos tiempos y reserva a través de una de estas plataformas».

Alba Barbeito es la tercera generación de su familia que decide alquilar. Está dada de alta en el registro de la Xunta en la categoría de apartamentos turísticos, inmuebles integrados por bloques de pisos. «Tengo seis», cuenta. «Están en esta casa, la que empezaron a hacer mis abuelos. Ya hace 40 años alquilaban habitaciones aquí para los turistas que venían de fuera. Después siguió haciéndolo mi madre y ahora yo. La tenemos dividida por apartamentos», explica. El alquiler de pisos fraudulento, insiste, también les afecta a los que, como ella, lo hacen según los cauces legales: «Eso va en la conciencia de cada uno. Yo considero que es fundamental tener todo en regla. Pero no es justo».

Rafael Serrano, A Coruña: «Es una actividad turística como otra cualquiera»

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Alquila un piso en la calle del Orzán. «Le veo mucho potencial a esta forma de alojarse en Galicia», asegura Rafael. «Es de esta forma como he viajado en los últimos años. Tiene un plus: cuando te alojas en otra casa es como si trasladaras la tuya a otra parte». Él también vive en A Coruña, en otro piso. «Acondicioné esta vivienda para que sea lo más confortable posible para los turistas». Se asesoró con una experta en home staging. «Los anfitriones tenemos que profesionalizarnos», defiende Rafael, socio de Aviturga. «Esto hay que regularlo bien, es una actividad turística como otra cualquiera. Yo quiero ofrecer un servicio excelente, eso es lo que me importa. No quiero compararme con los hoteles: ofrecemos otra alternativa. ¡Y defiendo la legalidad! En la web consta mi número de licencia», insiste. «Más del 60 % de mis clientes son extranjeros. Fomento el turismo familiar y pago impuestos por lo que gano. Quizá de más, porque pago los impuestos como persona física, no como sociedad».

Norman Pérez, Vigo: «El turismo empezó aquí con el alquiler»

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Por motivos laborales, Norman no vive en el piso que tiene en uno de los edificios más emblemáticos de Vigo, El Moderno, así que decidió ponerlo hace unos meses en alquiler. «Me animé cuando salió la ley de la Xunta. Quería hacerlo bien. Creo que regular ayuda a que florezcan alquileres no declarados, pero también a que muchos propietarios den el paso, que es lo que me pasó a mí», apunta. Está dado de alta en el registro de viviendas vacacionales. El caso gallego, mantiene, es diferente al de otras zonas. «Aquí los pisos turísticos empezaron 30 o 40 años antes que en Barcelona. El turismo despegó en Galicia con las casas y pisos que se alquilaban, sobre todo por la zona de las Rías Baixas. Es un sector muy implantado en la costa gallega que hay respetar. Genera riqueza», mantiene.

Mar Castro, Sanxenxo: «Cun piso alugado non te fas rica»

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Mar vive en Meaño y alquila el piso que compró con sus ahorros a través de Airbnb. Lo tiene declarado, «por suposto», en el registro de la Xunta como vivienda de uso turístico. «Non comprendo por que se quere criminalizar esta plataforma, hai moitas máis como El Idealista ou Mil Anuncios das que non se di nada. Ademais, cun piso non te fas rica. Hai que pagar a hipoteca, os recibos da luz... Se tivera 10 ou 20, si, pero non é o caso». Tampoco le gusta que se compare la problemática que se vive en ciudades como Barcelona con Sanxenxo. «Aquí só alugamos tres meses ao ano». Los precios por noche son de 50 euros en temporada alta: «Iso de que gañabas 3.000 euros nunha quincena en Sanxenxo xa quedou atrás. Ou pasa só se estás na primeira liña de praia en Silgar».

Marisa Fernández, Sada: «Con esto salvamos el piso hipotecado»

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Marisa alquila habitaciones sueltas en su casa de Veigue, en Sada. Como ella vive también allí, no se rige por la normativa autonómica, sino por la Ley de Arrendamientos Urbanos. «Lo que gano lo declaro en el IRPF. No alquilaría si no fuera porque tengo necesidad de hacerlo. Con más de 55 años mi marido y yo nos quedamos en el paro. Nadie te contrata y ahora ¿también nos quieren quitar esto? Es el recurso del que disponemos para ir tirando», cuenta. Vivían en Madrid y regresaron a Galicia cuando se quedaron sin empleo. «Con esto salvamos el piso hipotecado. Pudimos ir haciendo frente a las mensualidades. Lo vendimos y compramos aquí». Marisa termina: «Esto no es un negocio, es una ayuda para capear la crisis. Lo que sacamos da para pagar las facturas».

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