Manuel Calvo García-Benavides: «Nosotros no le tenemos miedo a nadie. El consumidor es soberano»

El consejero delegado de Calvo recuerda que entró en la empresa haciendo descargas de pescado y calcula que en el grupo tuvo entre 8 y 10 jefes


redacción / la voz

Tiene una amable y amplia sonrisa, y se intuye que cuando hace declaraciones públicas adopta una actitud de control. Prefiere los silencios a responder con una media verdad. Manuel Calvo García-Benavides (Madrid, 23 de abril de 1968), al que todo el mundo llama Mané, es consejero delegado del grupo Calvo, compañía con base en Carballo, a donde, dice, va a menudo por cuestiones de trabajo. Nació en Madrid, pero su acento denota cierta semejanza al vasco: «Me lo han dicho. Quizá sea porque trabajo con muchos vascos».

-En los lineales de los supermercados se ven diferentes precios para los tarros con bonito de apariencia similar. ¿Es el mismo producto el que hay en unos y otros?

-El bonito no es nuestro producto estrella. Nuestra especialidad es el atún. Nos esforzamos en que la marca Calvo sea la mejor: desde la materia en sí, hasta el control de que haya sido capturada con métodos sostenibles, con respeto a los derechos sociales y laborales. También analizamos la calidad del aceite de oliva, la de la hojalata... Intentamos hacer el mejor producto.

-¿Qué diferencia hay entre el bonito y el atún?

-Son especies diferentes. El bonito se llama thunnus alalunga y el atún puede ser thunnus albacares, el katsuwonus pelamis, el thunnus obesus... Son diferentes.

-¿Los consumidores lo saben?

-No creo que haya una conciencia hasta ese nivel de los distintos tipos de atún. De hecho el bonito es un túnido. Lo que pasa que se llama bonito. Hay otro atún que se llama yellowfinn o el patudo.

-¿Cuál toma usted?

-De todos. Hay momentos de consumo.

-¿El que más le gusta?

-Seguramente será el yellowfinn, el atún claro, que es nuestro producto estrella. El bonito tiene un color maravilloso, pero me resulta un poco insulso.

-Ya está la tercera generación, ¿habrá una cuarta?

-No los he contado, pero al menos 30 miembros de una cuarta generación están por el mundo.

-¿Está protocolizada la sucesión?

-Esta compañía está muy profesionalizada. En el protocolo familiar no tenemos definido reglas o el acceso. Hasta ahora no hay muchos miembros de la familia trabajando en la empresa Somos cinco: mi tío, tres primos y yo. No se ha fomentado ni estar, ni no estar.

-El 60 % del capital está en manos de la familia Calvo, y 40 % en las del grupo italiano Bolton. ¿Está prevista su salida?

-No tengo interés de que se vayan. Estamos cómodos, es una empresa muy grande, gente muy buena, es fantástica. Llevan con nosotros desde el año 2012, y en los documentos firmados cuando llegaron no figura nada establecido al respecto. No hay obligación.

-En Galicia hubo planteamientos de fusiones entre conserveras gallegas. ¿Cómo lo ve? En las empresas del sector ya están las terceras (como es su caso) o las segundas (como es el de Jealsa). ¿Estarían abiertos a una fusión, con Jealsa por ejemplo?

-No se trata de estar abierto o no estarlo. Nunca se ha planteado, ni lo hemos tenido entre nuestros objetivos principales. Seguramente porque nosotros somos una empresa muy dedicada a nuestra marca y Jealsa entiendo que ha tirado más por otro camino (fabricar para terceros). No creo que seamos especialmente miscibles, pero bueno, la historia del mundo no está escrita. No puedes decir de este agua no beberé.

-Difícil contestación para titular...

-[Risas]

-Han firmado un código de conducta en defensa de los derechos humanos. ¿Qué está pasando para que grandes compañías tengan que firmar estos códigos?

-Tenemos que operar con un máximo de respeto a cuestiones ambientales, sociales y laborales. Tenemos que parecernos a la sociedad en la que nos gustaría vivir. Este movimiento es imparable.

-¿En dónde están faenando?

-Fundamentalmente en el Océano Atlántico y Pacífico. Tenemos siete atuneros, dos buques de transporte y dos de apoyo.

-¿De vez en cuando se va a los atuneros?

-Fui hace muchos años. Ahora voy cuando hacemos reparaciones. Son barcos muy caros y hay que repararlos con asiduidad. La compañía se gasta bastante dinero y lógicamente voy con parte del equipo a revisar que se hacen las reparaciones como Dios manda.

-De aquel momento en el que se había embarcado se publicó esta declaración: «Yo no he dejado de ser hijo de un señor rico, con una educación privilegiada, con vacaciones. Soy consejero delegado porque me llamo Mané Calvo y cuando voy a las descargas evito el riesgo de convertirme en un niño pijo».

-Sí, dije, dije.

-¿Sigue pensando lo mismo?

-Me da cierto pudor, pero en líneas generales, básicamente estoy de acuerdo.

-Pero en una empresa familiar no hay que tomar las riendas porque tu padre tenga una compañía. Usted dio un paso al frente. A eso se llama responsabilidad. Y pesa.

-No me tomo de una manera personal mi posición. En Calvo manda una familia entera con un equipo de profesionales enorme. Somos más de 5.000 personas las que trabajan en la compañía, así que personalizar no tiene sentido. Soy la cara visible, por circunstancias.

-Facturan 618 millones de euros y creciendo. Mientras que el margen bruto acusó las provisiones por causas judiciales. ¿Cuáles?

-Se trata de un tema de importaciones que hicimos hace muchísimos años (2006, 2007 y 2008), cuando las autoridades europeas hicieron una investigación y dijeron que nuestro producto no era originario de El Salvador por cuestiones farragosas y difíciles de entender sobre las nacionalidades de las tripulaciones de los barcos que pescaron para Calvo. La investigación europea concluyó con que detectaron algunos errores, y nosotros pensamos que los tripulantes son perfectamente originarios. Estamos luchando esta cuestión en los tribunales y esperamos que nos den la razón.

-¿Hacia donde van las cuentas de Calvo?

-Hacia arriba, pese a que este es un mundo difícil, complicado...

-¿Quizá por las conservas que llegan de Asia?

-Nosotros no le tenemos miedo a nadie. Vamos con la calidad por delante y el consumidor es soberano. No le tenemos miedo a ningún país del mundo. Cuando digo que es competitivo me refiero a que el mundo del atún viene afectado por muchísimos matices: si hay buen tiempo, si hay más o menos atún, si pescas más o menos. Estamos muy expuestos a los vaivenes de la materia prima, que depende de las condiciones ambientales del mar. Por tanto, es cambiante. Hay que reaccionar con rapidez. Quizá esto le da un plus de complejidad que creo otros negocios no tienen. Si a eso le sumas que somos una compañía internacional, que operamos en Brasil, en Centroamérica... hasta en 72 países debes de tener en cuenta las complicaciones de tipo de cambio de todas esas monedas. Además, la subida y bajada de gasoil. Vamos, que el negocio se compone de muchísimas incertidumbres que hay que manejar con rapidez.

-A precios constantes, el incremento de las ventas fue un 7,5 %. ¿A dónde llegarán?

-No lo he calculado. El real contra el euro en los dos últimos años se ha podido depreciar más de un 30 %. ¡Fíjate cómo afecta!

-Esto no se lo enseñaron en la universidad.

-¡No! Fue a golpe de trabajo. He tenido muchos jefes. Muchos. Cuando empecé a trabajar en la compañía hacía descargas de pescado, así que calculo que he tenido de 8 a 10 jefes.

-Pero no le habrán dicho nada que no debieran por ser hijo del dueño.

-Supongo, no, sí... [ risas].

Su perfil

La facilidad para expresarse en cinco idiomas

A Mané Calvo le gusta navegar, aunque no tiene barco, así que suele salir con algún amigo. Sin embargo, de lo que más disfruta es de su familia, y no lo hace todo el tiempo que quiere porque, «desgraciadamente» para él, «viaja mucho». Calvo es una empresa global, que impone viajes a Brasil, El Salvador, Costa Rica, Italia, entre otros. Mané Calvo habla perfectamente el portugués - «el gallego ya no me sale», confiesa entre risas- inglés, español, y un poco de italiano, y con el francés se defiende a la hora de entenderlo. Lleva muchos años escuchando este idioma en la costa de África, donde tienen barcos. La comprensión depende de la rapidez de su interlocutor. Cuanto más despacio, mejor.

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