Abanca, favorita para quedarse con la división española de Caixa Geral

Está en la fase final del concurso y su compra le haría crecer de golpe un 9 % y extenderse por el centro de España

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a coruña / la voz

«Creo que este será nuestro mejor año». Juan Carlos Escotet era así de rotundo minutos antes de empezar ayer la junta anual de accionistas de Abanca en A Coruña. La entidad de la que es propietario cerró el año pasado con un beneficio de 367 millones de euros, creciendo en depósitos y créditos, y comprando además la financiera del Banco Popular. El 2018 arrancó con unas ganancias de 155 millones, mejorando en rentabilidad, y comprando la división portuguesa de Deutsche Bank. Ahora tiene a punto la tercera operación en apenas 12 meses, la red española del portugués Banco Caixa Geral. Así que sí, puede ser el mejor año para Abanca. «Los resultados son envidiables», añadía el banquero.

La operación de Caixa Geral se negocia directamente con el Gobierno portugués al ser una entidad rescatada, y Abanca está entre las tres elegidas para la fase final, según ha confirmado el Ejecutivo luso. Los otros aspirantes son un fondo, Cerberus, y una cooperativa española de crédito, Cajamar. Fuera de la pugna se quedaron la Caja Rural de Castilla-La Mancha y otros fondos.

Caixa Geral es muy reconocible en el sur de Galicia porque fue el comprador del Banco Simeón, una institución.

Fuentes financieras conocedoras del proceso, tanto en Portugal como en España, señalan a la firma gallega como la favorita en un concurso que podría resolverse entre julio y la primera semana de septiembre (hasta esa última fecha se puede ir negociando el precio, según explican esas fuentes). Abanca parte con ventaja porque una de las condiciones que se valoran en la subasta es que el comprador tenga ya relación económica y empresarial con Portugal, de tal manera que sirva también para mantener los vínculos con la economía lusa. Abanca, de los tres aspirantes, es el único que está en esa situación, por su posición estratégica en Galicia, y porque acaba de aumentar su presencia al otro lado de la raia. Su equipo directivo también conoce a la perfección la economía y la empresa lusa, y a las autoridades regulatorias. Conviene no perder de vista, además, que Escotet tiene una amplísima trayectoria integrando entidades, desde Venezuela hasta España.

Con recursos propios

La prensa portuguesa ya ha publicado que Abanca tendría músculo suficiente para afrontar la compra sin recurrir más que a su propio capital (tiene exceso). Eso es una fortaleza. Por otro lado, según las mismas fuentes, de Cajamar despiertan algunas dudas su estructura como cooperativa de crédito. El tercer aspirante, el fondo Cerberus, tiene en su contra su propia condición: no es un banco, y el Ejecutivo de António Costa, recién salido de un rescate, tampoco parece muy proclive a entregar parte de una entidad propia a un grupo especulador.

Para Abanca, la operación de Banco Caixa Geral le permitiría crecer un 9 % de golpe y elevar su volumen de negocio -créditos y depósitos- por encima de los 75.000 millones, un tamaño ya más que considerable en el sector español. Le aportaría en total un centenar de sucursales, y más de 400 empleados (la plantilla total sumaría algo más de 4.400), en una división que sigue dando beneficios. Casi duplicaría su tamaño en Madrid (de 24 a casi 40 sucursales) y entraría con fuerza en Extremadura, donde solo tiene una (pasaría a superar las 40). Extendería su negocio por el centro, después de haberse hecho fuerte en Galicia, Asturias, León y el norte de Portugal.

Escotet reaparece en la junta de accionistas, pero no presidirá aún Abanca hasta recuperar Banesco

Cincuenta y tres días después de renunciar temporalmente a la presidencia de Abanca, Juan Carlos Escotet Rodríguez reapareció ayer en España. Lo hizo en A Coruña, para dirigir la junta general de accionistas del banco, donde es, de largo, el máximo accionista, con cerca del 90 % del capital. Reapareció Escotet, pero solo de forma temporal. Anunció que Eduardo Eraña continuará como presidente temporal. Porque Escotet regresa esta misma semana a Caracas para seguir de cerca el futuro de Banesco, su banco en Venezuela, intervenido desde mayo por el régimen de Nicolás Maduro. «Creo que lo correcto es que el programa de sucesión que se activó se mantenga», subrayó el empresario.

Escotet cree que lo más importante del problema en Venezuela «está solucionado con la liberación de nuestros compañeros de trabajo, que era nuestro primer objetivo». Un grupo de altos directivos de Banesco ingresaron en prisión acusados de delitos económicos, aunque sin que se aportaran pruebas. En esa liberación tuvo que ver la mediación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, y de la embajada española, con Jesús Silva, al frente, y su trabajo se lo quiso agradecer Escotet. El banquero, en sus primeras declaraciones públicas tras la crisis de Banesco, recalcó que la intervención de su banco en Venezuela «nunca se tenía que haber producido». Achaca lo sucedido a razones políticas y a una contienda electoral», teniendo en cuenta que se produjo en vísperas de unas elecciones claves para el chavismo.

Escotet espera que la intervención se levante antes del 3 de agosto. Es cuando expira el plazo de 90 días que figuraba en el decreto de la intervención de la entidad. «Espero que eso no ocurra, creemos que el resultado de las investigaciones saldrá bien y servirán para aclarar el problema». Se está jugando, lamentó, «con la estabilidad de más de 7.000 trabajadores y 9 millones de clientes».

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