La compraventa de monte en Galicia cae a su nivel más bajo en ocho años

La movilidad en las tierras para pasto y cultivo, en cambio, sí registra un repunte

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santiago / la voz

Galicia ya dispone del primer instrumento que le permite conocer la evolución del mercado de compraventa de tierras agrícolas y forestales, una herramienta indispensable para orientar las políticas públicas en una comunidad donde la fragmentación de la propiedad y la superficie abandonada han marcado la evolución a lo largo de los últimos años. Se trata del Observatorio de Mobilidade de Terras de Galicia, que mide la evolución del 2008 al 2016, y que muestra una desaceleración de la compraventa, inducida, en gran medida, por el descenso de operaciones en parcelas de monte, que registraron la cifra más baja en ocho años: concretamente, 20.711 en el 2016, frente a las 24.164 del ejercicio anterior. Se observa, en cambio, un ligero repunte de la adquisición de tierras de labradío y pasto, que pasan de 18.446 en el 2015 a 18.670 al año siguiente.

Esta es la foto general de un observatorio en el que participan, conjuntamente, la Consellería do Medio Rural, la Axencia Galega de Desenvolvemento Rural (Agader), el Fondo Galego de Garantía Agraria, la Axencia Tributaria de Galicia, el Instituto de Estudos do Territorio, la Fundación Juana de Vega y la Universidade de Santiago (USC).

La responsable de la política agraria gallega, Ánxeles Vázquez, quiso poner de relieve la mejora de los datos de superficie agraria utilizada en el 2017, ejercicio excluido del informe. Una evolución que, a su juicio, está empujada por «la eliminación de impuestos en el rural gallego, de manera que se pueden hacer compras, ventas y agregaciones sin tener que pagar impuestos, lo cual es fundamental». Con todo, del informe se concluye que en el 2016 apenas se movilizaron 6.027 hectáreas de monte, la cifra más baja en ocho años. Un dato relevante en una comunidad como la gallega, donde la mejora del sector forestal pasa, inexorablemente, por que las explotaciones ganen dimensión para ser más rentables. Este es, precisamente, uno de los ejes del Plan Forestal que ultima la Xunta. De hecho, la Administración gallega está trabajando en diversos proyectos en Galicia para movilizar 1.500 hectáreas en distintos usos agroforestales. Entre ellos, por ejemplo, está la iniciativa para recuperar bosques de castañas en Folgoso do Courel, prados en tierras abandonadas en Os Ancares, pastos en Sober o superficie para el cultivo de pimiento en Arnoia.

Más transacciones, en el norte

Los datos del observatorio muestran que las mayores tasas de movilidad se dan en la mitad norte de Galicia, especialmente en la provincia de Lugo, para superficie tanto agrícola como forestal. Entre el 2014 y el 2016, solo seis municipios registraron una tasa de movilidad igual o mayor al 2 %: Leiro (3,3 %), Beade (3,3 %), Xunqueira de Ambía (2,6 %), Mañón (2,3 %), Mugardos (2,0 %) y Cariño (2 %). Esto significa que es precisamente donde hay más actividad donde existe un mayor volumen de operaciones, como muestra el sector forestal del norte de Lugo y A Coruña, donde se encuentran las zonas más dinámicas, o el sector vitivinícola en la provincia de Ourense. En la comarca de O Ribeiro hay empresas y bodegas que precisan para su crecimiento hacerse con parcelas que, en muchos casos, se hallan dispersas. Ánxeles Vázquez, la responsable de Medio Rural, aseguró que el observatorio constituye un instrumento que permitirá agilizar el funcionamiento de los mercados de tierra y priorizar desde el sector público la toma de decisiones a la hora de trazar la estrategia.

El precio medio del metro cuadrado sigue por debajo del euro: 89 céntimos

Los datos del primer informe del observatorio muestran una tendencia ligeramente alcista desde el año 2013 en las tierras de monte y desde el 2015 en el caso de la superficie agrícola. Se constatan, además, acusadas diferencias entre municipios, en función de los niveles de actividad y de la oferta y la demanda. En esta autonomía hay miles de propietarios de tierras que viven en las ciudades, que heredaron las parcelas de sus padres y abuelos, y que no encuentran compradores para darles la salida. En el 2016, el precio medio de la tierra en Galicia se situó en los 0,89 euros por metro cuadrado, pero ofrece distintos valores en función de que sea terreno forestal o superficie agraria útil (SAU).

En el primer supuesto se sitúa en 0,58 euros por metro cuadrado, mientras que en el segundo se eleva hasta los 1,31. Pontevedra es la provincia que tiene el valor medio más alto (1,57), seguida de Ourense (0,99), A Coruña (0,95) y, por último, Lugo (0,59), con una mayor demanda para usos forestales.

Poco dinamismo

La tasa de movilidad de tierras, es decir, la variable que mide el porcentaje de superficie agraria o forestal que cada año es objeto de una operación de compraventa, se sitúa en Galicia en el 0,52 %, según los datos del observatorio. Es una proporción muy baja, tal y como recuerda el profesor de la USC Edelmiro López. De hecho, se trata de un nivel de dinamismo en el mercado diez veces inferior al que registran otros países europeos, como pueden ser Italia, Francia o Alemania.

Se alquila monte en Galicia

Gladys Vázquez
Se alquila monte gallego Los propietarios con considerables extensiones hacen que suban los consorcios y alquileres. Las madereras se encargan del monte desde la plantación hasta la tala final. En Galicia más del 90 por ciento del monte está sin ordenar

Empresas madereras intentan arrendar parcelas para hacer viable su negocio, pero chocan en muchas ocasiones con los recelos de los propietarios; más del 90 % de la superficie forestal de Galicia está sin ordenar, un vasto patrimonio que se convierte año tras año en pasto de las llamas

¿Dejaría usted miles de euros abandonados en un monte? Puede parecer una visión muy simplista, pero es lo que está pasando en Galicia con una de las masas forestales más valiosas de Europa.

Nuestra comunidad vive de espaldas a su enorme superficie de monte: dos millones de hectáreas, de las cuales, 1,4 millones están arboladas. El resto es monte raso. Aún así, que un monte esté considerado como arbolado no significa que no pueda estar sucio o incluso abandonado. Que en una superficie se plantase madera en su día, tampoco significa que sea productiva. En un momento de enorme despoblación del rural y de envejecimiento de sus vecinos, son miles las hectáreas que han caído en manos de herederos que tampoco cuidan el monte. Fincas ahora en manos de las nuevas generaciones que no pueden, no les interesa o que directamente no saben qué tienen entre manos. Muy habitual es el caso del propietario de avanzada edad. Ya no quiere invertir en sus fincas. No es capaz ni de mantener el monte limpio. Y además, le ve muchos riesgos.

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