Ramón Alonso: «Para hacer un buen café no se puede llegar, mezclar, y a ver lo que sale»

El directivo reconoce que han recibido ofertas de compra de fondos de inversión: sin éxito. La venta no se la plantean


redacción / la voz

Recuerda que su padre siempre lleva granos de café en el bolsillo, por eso de la buena suerte. Ramón Alonso nació en Ourense un 4 de agosto. Tiene hoy 45 años. Representa la segunda generación de Cafés Candelas, una compañía que, localizada en el principal polígono industrial de Lugo, está en expansión. Con la grabadora encima de la mesa, Ramón Alonso dice: «Esto es como cuando vas al médico y te advierten: “No te preocupes, no te preocupes, que no va a pasar nada”». Arranca las primeras carcajadas desde el minuto uno de la entrevista.

-¿Toma café?

-Sí, dos por la mañana y otros dos por la tarde.

-¿Solo o con leche?

-Solo y sin azúcar.

-¿De Brasil, Costa Rica, Sri Lanka?

-¡Nooo! Mezclados. Un buen expreso, por definición, debe ser la mezcla de varios orígenes. Hasta siete u ocho orígenes diferentes. Unos contrarrestan las partes negativas de otros, se enriquecen.

-¡Qué complicado!

-Nosotros envasamos orígenes y blends, que es la mezcla de orígenes. Especifico: tradicionalmente se le llamaba mezcla al natural con el torrefacto. Hoy el torrefacto casi no se usa. Estamos yendo hacia arábica cien por cien [llega de Centroamérica: Honduras, Guatemala, Colombia, Brasil, etcétera]. España iba un paso por detrás de Italia o Portugal en cultura del café expreso. Pero nos pusimos al día, y ahora optamos por el arábica, el más valorado a nivel mundial. Pero también está el robusta, que es el proveniente de países africanos [Kenia, Uganda...]. Da un sabor más a tierra, pero le quita parte de la acidez de los cafés arábicas. Tenemos todas estas especificaciones, a las que se les pueden sumar algunas más, teniendo en cuenta el tamaño de los granos, el grado de tueste... Hay miles de combinaciones. Y cuando el producto llega a un local de hostelería, vuelve a empezar el proceso.

-¿Cómo dice?

-Usted y yo en aquella cafetera, con el mismo café, haremos dos tazas totalmente diferentes. Es en esta parte del proceso donde estamos haciendo mayor esfuerzo. Queremos formar a los profesionales, a los clientes finales para que sepan cómo tratar nuestro producto, para que sepan hacer una taza óptima y que incluso descubran lo que pueden crear con un expreso.

-¿Qué se puede hacer?

-Mejorar o empeorar el producto que reciben.

-Entonces ¿cómo se hace un buen café?

-Hay que estudiar mucho y trabajar mucho... [risas]. Es un producto muy complicado. No como el vino, que tienes a una temperatura y lo sirves en unas condiciones determinadas. El café, una vez que entra en un local de hostelería, tiene trabajo: la máquina ha de estar en unas buenas condiciones, también el molino, etcétera.

-Dénos por lo menos una pista para hacer un buen café en casa.

-Tenemos que fijarnos bien en lo que hacemos. Un café no se puede hacer con los ojos cerrados. Llegar, mezclar y a ver lo que sale. No. Es más. Hay que saber la temperatura que le vamos a dar, la molienda o el tipo de café qué utilizamos.

-En mi casa hay una máquina de cápsulas. Ella marca la temperatura y el tiempo. ¿Ese café está bien hecho?

-Está bien hecho, pero acota las posibilidades del producto. Las cápsulas dan un café uniforme. Es buen producto para no complicarse la vida. Si eres un desastre haciendo café, vete a cápsulas, vas a mejorar. Pero si te gusta el café y quieres aprovecharlo al máximo, tendrás que dejar la cápsula.

-5.160 toneladas comercializadas al año: Holanda, Francia, Portugal, Estados Unidos y Andorra. ¿En dónde más desembarcarán?

-La teoría es continuar como si se tratase de una mancha de aceite. Saltar a mercados próximos a los nuestros. Sin embargo, puede surgir una oportunidad interesante en Canadá, en Emiratos Árabes, por ejemplo. Lo que nos interesa es cada año aumentar ese mapa.

-¿Todo esto desde Lugo? Ya sabe que Madrid está de moda.

-La primera y la segunda generación lo hemos hablado. Empezamos la conversación de broma, y la acabábamos en serio. La segunda generación siempre le decía a la primera: «Vosotros tuvisteis muy poco ojo. Viendo lo que conseguisteis, si en lugar de Lugo os hubieseis asentado en Madrid, hoy seríamos la pera». Y ellos nos respondían siempre: «No es cierto. Porque viendo a lo que llegaron los que se montaron en Madrid, mejor nos fue asentándonos en Lugo». En la capital hay tostaderos con un tamaño mucho menor. Nuestro mercado principal es el de la hostelería, que representa la mitad de consumo de un país. Estamos entre las tres empresas nacionales que tenemos la mitad del mercado en España. Las otras dos son Cafento [Asturias] y Nestlé [Reus].

-¿Dónde compran el café?

-En Barcelona y Madrid, donde están todos los importadores. No accedemos directamente a la bolsa. La cotización nos influye, pero nos dirigimos a empresas que nos ponen la materia prima en puerto. Todos los días miramos la Bolsa de Londres (allí cotiza el robusta) y de Nueva York (para el arábica), y compramos prácticamente café a diario; eso sí, teniendo en cuenta la tendencia del mercado.

-¿Venderían la empresa?

-¿Cuánto va a pagar?

-Yo no, pero una gran compañía podría hacerlo.

-Aunque todo el mundo tiene su precio (lo sabemos porque una parte de nuestro crecimiento fue a través de la adquisición de diez o quince empresas), no nos lo planteamos. No tenemos pensado vender la compañía. Todos los años viene alguna persona o algún representante de fondos de inversión a ofrecerte una operación. Claro que ese es su negocio. Pero hasta ahora ni nos interesó ni hemos recibimos ninguna oferta que nos haya llamado la atención.

El futuro

A por la tercera generación

Las raíces de Cafés Candelas, que da empleo a 278 personas y tiene un nivel de facturación que rondará los 65 millones este año, se asentaron con la vuelta de la inmigración de dos jóvenes, Ramón y Manuel, que trabajaron en plantaciones en Fernando Poo. Tras la independencia de Guinea Ecuatorial, retornaron a Galicia y compraron una compañía de Lugo que había fundado Armando Candelaria. Aquella primera generación integró a la segunda, que hoy representa Ramón Alonso hijo. La tercera ya está a las puertas.

«Es un orgullo llevar el sello lucense, y gallego, por el mundo»

M. Méndez
Los reyes gallegos del café Dos hermanos de un pequeño pueblo de Galicia aprendieron el arte de tostar café en la desaparecida Guinea Española. De vuelta, crearon el que hoy es un gigante de la distrubución de café

Un país tan lejano, exótico y sugestivo como puede resultar Guinea Ecuatorial fue el germen de la tostadora de café que pusieron en marcha los hermanos Ramón y Manuel Alonso hace unos 40 años. Ambos regresaban por aquel entonces de la emigración en la excolonia española. En el país centroafricano les tocó trabajar en plantaciones de cacao y café. Una experiencia que les permitió conocer unas técnicas que importaron a Galicia.

Originarios de una pequeña localidad ourensana, se instalaron en la capital lucense. «Compraron un pequeño tostadero que se llamaba Las Candelas. Mi padre, Ramón, y mi tío eran los comerciales. Mi madre y mi tía ayudaban a envasar el producto por las tardes», recuerda Enrique Alonso, el gerente actual. Junto a sus primos, Ramón y Manuel, los tres pilotan la empresa que heredaron de sus progenitores, que todavía se siguen pasando por la central ubicada en el polígono de O Ceao para comprobar cómo marcha el negocio. Desde el 2011 son la primera marca de café para hostelería en España.

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