Cambio de ciclo: adiós a las muletas del BCE

El supervisor anuncia para diciembre el final de las compras masivas de deuda que han estimulado la economía, pero mantiene los tipos al 0 %


bruselas / colpisa

La fiesta toca a su fin, pero de forma pausada y sin estridencias. Con dulzura, saboreando el adiós. La partitura de la enésima sinfonía de Mario Draghi se titula paciencia, prudencia y persistencia. El presidente del BCE anunció este jueves que la era de los estímulos acabará el 31 de diciembre, que toca prepararse para una incierta resaca tras una borrachera de liquidez que comenzó allá por el 2015. Sin embargo, para evitar males mayores, no desmantelará la red de seguridad y mantendrá los tipos de interés al histórico 0 % «al menos hasta el verano del 2019». El BCE ha decidido bajar la persiana y encender las luces, pero la fiesta continúa, aunque con la música algo más baja.

El Consejo de Gobierno se reunió de forma excepcional en Riga, en una cita que los mercados tenían subrayada en rojo sabedores de que iban a ocurrir cosas. Y pasaron. Por unanimidad decidieron que el programa de compra de activos, el QE, acabe a finales de año. El fin de los estímulos ya está aquí. Como estaba previsto, se mantendrán las compras mensuales de deuda (bonos soberanos, sobre todo) en 30.000 millones de euros hasta el 30 de septiembre, y a partir de octubre y hasta el 31 de diciembre se rebajará la cifra a 15.000.

Ojo: «Siempre que los nuevos datos confirmen las perspectivas de inflación a medio plazo del Consejo de Gobierno». Traducción: a ver qué pasa con la obsesión proteccionista de Donald Trump, el euroescepticismo italiano y la evolución del petróleo. El objetivo central de la institución es que los precios estén por debajo del 2 %, pero próximos, en el medio plazo. Y las nuevas previsiones estiman que cerrará en el 1,7 % este año y así hasta el 2020.

Pero esto es política ficción. La realidad dice que el 1 de enero del 2019 arranca una nueva era. No habrá compras, pero Draghi se ha guardado una bala en la recámara al acordar que el BCE, como viene haciendo hasta ahora, siga reinvirtiendo el dinero procedente del vencimiento de los bonos que ya tiene en su cartera. Se trata de una suerte de colchón para evitar posibles shocks de liquidez. De esta forma, el balance del eurobanco, que supera los 4,5 billones, no disminuirá de forma brusca.

El BCE se va, pero sin marcharse. Es un «sí pero no» de manual. Nadie quiere que después de lo mucho que ha costado que la eurozona vuelva a sonreír, todo se caiga como un castillo de naipes. No quieren repetir los mismos errores que la institución cometió con Jean-Claude Trichet al inicio de la recesión subiendo tipos cuando, precisamente, había que haber hecho todo lo contrario. «Existe la intención colectiva del consejo de gobierno de evitar un endurecimiento injustificado de las condiciones financieras», dijo Draghi en un claro aviso a navegantes.

Mientras, los tipos de interés aplicables a las operaciones de financiación y la facilidad de depósito se mantendrán en el 0 y el -0,40 %, respectivamente. A diferencia de anteriores reuniones, y quizá para reforzar ese mensaje de tranquilidad, acordaron concretar fechas: «Esperamos que se mantengan en los niveles actuales al menos hasta el verano del 2019, y en todo caso durante el tiempo necesario para asegurar que la evolución de la inflación se mantiene en línea con las expectativas de una senda de ajuste sostenido», reza el texto.

Y como suele ser habitual, Draghi aprovechó para lanzar un mensaje rotundo de defensa del euro ante los muchos e insistentes rumores llegados desde su país de origen: «Es irreversible porque es fuerte y la gente lo quiere».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Cambio de ciclo: adiós a las muletas del BCE