El FMI le echa un cable a Argentina de 50.000 millones de dólares, el 10 % del PIB

A cambio del dinero, el Gobierno de Macri se compromete a lograr el equilibrio de sus cuentas dentro de dos años


redacción / la voz

Argentina ya tiene el salvavidas del odiado FMI. Cuatro semanas después de que el presidente Mauricio Macri llamara desesperado a la puerta del organismo al que la mayoría de los argentinos incluyen entre sus peores demonios, ya está el dinero sobre la mesa. Son 50.000 millones de dólares (unos 42.250 millones de euros). El equivalente a casi el 10 % del PIB del país.

Podrán disponer de ellos tan pronto como a partir del 20 de junio. El primer desembolso, de 15.000 millones de dólares, llegará casi de inmediato y «el resto estará disponible según las necesidades», explicó ayer el ministro de Hacienda del país austral, Nicolás Dujovne, encargado junto al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, de anunciar públicamente el acuerdo.

A los 50.000 millones del Fondo se sumarán otros 5.650 millones de dólares aportados por el Banco Interamericano de Desarrollo (2.500 millones), el Banco Mundial (1.750 millones) y CAF-Banco de Desarrollo de América Latina (1.400 millones).

Línea de crédito preventiva ante eventuales turbulencias, esa es la rimbombante expresión que se emplea en la jerga financiera para referirse a este tipo de créditos. Más que nada por no hablar directamente de rescate, que asusta más a los ciudadanos. Especialmente a los argentinos, que llevan media vida sufriendo los rigores de sus deudas con el Fondo.

Saben en el país austral desde hace años -no como en Europa, que se nos hemos venido a enterar mucho más tarde- que los préstamos del organismo internacional salen caros. Acarrean sacrificios. No ha querido explicarlo así el Gobierno de Macri, para quien el acuerdo con el FMI solo supone «un cambio de velocidad [en las reformas ya planteadas], pero no estructural», en palabras del jefe de Gabinete argentino, Marcos Peña.

Menos déficit, más rápido

Traducido: que hay que reducir el déficit antes de lo previsto. A marchas forzadas. Eso supone que el objetivo de este año pasa del 3,2 al 2,7 %; y que el del 2019 ya no es del 2,2 %, sino del 1,3 %. En el 2020 habrá que haber reducido a cero la brecha entre ingresos y gastos, para en el 2021 alcanzar un superávit del 0,5 %.

Unos plazos estos que echan por tierra el plan de Macri de cuadrar las cuentas poco a poco. No quería el presidente tener que aplicar la tijera de golpe y porrazo para no incrementar el ya de por sí elevado índice de pobreza que heredó del Gobierno anterior. Nada más y nada menos que del 30 %. Por eso se afilió a lo que él mismo bautizó como el «gradualismo»: reducir con tiento el déficit y recurrir al endeudamiento exterior para financiarse. Pero los mercados, que tanto aplaudieron su llegada, le dieron la espalda y, con ese grifo cerrado, Macri ha tenido que recurrir al Fondo Monetario. Para intentar acallar la tromba de críticas que se avecina, el Gobierno argentino, por boca de su ministro de Hacienda, aseguró ayer, con el acuerdo recién salido del horno, que este incluye «cláusulas de salvaguardas social inéditas», que permitirán a Argentina «relajar la meta de déficit para aplicar una porción del gasto adicional en programas sociales». Lagarde también hizo hincapié sobre este punto en una nota difundida por el FMI: «Si las condiciones sociales empeoran, la economía se desacelera o el desempleo sube más rápido de lo previsto actualmente, existen disposiciones para incrementar más la asignación presupuestaria dedicada a las prioridades sociales».

Ni por esas, desde las filas peronistas ya han puesto el grito en el cielo y rechazado el acuerdo con el Fondo Monetario, que lleva semanas siendo motivo de protesta en las calles de todo el país.

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