Dedios-Pleite: «Sin inversión pública no se resolverá el atraso tecnológico de las pymes»

Este ejecutivo de Siemens emplaza a la Administración a pensar en la industria como un bien social, como la sanidad o la educación

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SANTIAGO / LA VOZ

En plena revolución tecnológica, donde todo parece transcurrir a una velocidad endiablada, la voz de Pascual Dedios-Pleite introduce la pausa necesaria para analizar la realidad con serenidad y perspectiva, indispensables para entender los cambios. Número dos de Siemens en España, director de la Factoría Digital, encargado del área industrial, este ejecutivo ve un horizonte lleno de oportunidades.

-¿Qué significa Galicia para un gigante como Siemens?

-Ha sido y es muy importante. Llevamos en España más de 120 años, y en territorio gallego estamos a punto de cumplir los cien.

-¿Qué han visto en todo este tiempo?

-Cómo ha ido cambiando, y cómo hemos ido cambiando nosotros con ella. Tuvimos tres sedes: A Coruña, Vigo y Santiago. Y ahora lo tenemos todo centralizado aquí, en Santiago, con su oficina corporativa.

-¿Por qué?

-Por el propio desarrollo. Y no en detrimento de nada. El sector naval ha evolucionado y se ha especializado, y quizás no tenía sentido mantener lo que en su día tuvimos en Vigo. En A Coruña mantenemos una orientación a negocio sanitario. Y aquí, pilotados por Miguel Ángel Pena, nuestro director regional, tenemos el resto, con la parte industrial, la más relevante. En Galicia contamos con unos 60 empleados de alta cualificación.

-¿Cómo ha afectado a Siemens la evolución del pujante sector gallego de la automoción, con sus idas y venidas?

-Si hablamos de la última década, marcada por el decrecimiento del PIB, vemos algo sorprendente. Diría que España y Galicia han aprovechado la crisis bastante bien. En el automóvil, cuando arrancó la crisis, España era en producción de automóviles el cuarto país: ahora somos los segundos. Y el grupo PSA es clave. Ha ganado una competitividad tremenda en automatización y digitalización. Y eso se ha visto aquí, en Galicia.

-¿Y qué ha ocurrido en el naval?

-Aquí el resultado es muy distinto, y no tanto por la crisis, sino por el tax lease. Aquello hizo daño: destruyó valor, y eso nos afectó. Con todo, ahora hay unos astilleros modélicos, y no solo Navantia. Hay astilleros muy especializados.

-¿Cómo ve el sector industrial gallego?

-A veces, y a mí me pasa, tenemos una sensación de nuestro territorio peor que la que tienen fuera. Y eso lo percibo en Galicia. En porcentaje de PIB industrial, según se quiera medir, Galicia tiene entre un 16 y un 18 %. Y la media española no llega al 14 %. En nuestra percepción, desde el punto de vista del desarrollo industrial, Galicia lo está haciendo correctamente. En España, hay que darse cuenta de que no podemos ser un país del montón; la salida está en innovación y valor añadido. Y el naval, por ejemplo, lo está entendiendo bien.

-En Galicia hay gigantes industriales, actores a nivel mundial, pero quizá falta una base más sólida de pymes industriales. ¿Sería deseable más clase media?

-Este no es un problema gallego, sino un mal endémico de todo el país. Y tiene solución. Las empresas han de tener visión y a veces pueden alcanzar tamaño uniéndose entre ellas. En Alemania esto siempre se ha entendido muy bien. Y aquí estamos lejos. La tecnología, la transformación digital, tiene un coste, y la pregunta es si una pequeña empresa ha generado flujo de caja para poder comprar esa tecnología que le permita abordar la transformación digital. La tecnología cuesta.

-¿Cómo afecta ese raquitismo para subirse al tren de la revolución tecnológica?

-Mi petición ante las Administraciones es siempre la misma: entiendan la industria como un bien social, como riqueza del país, entiéndanlo como la educación o la sanidad, y trátennos igual.

-¿A qué se refiere?

-A que, en el caso de la industria, por parte de las Administraciones no es suficiente con ofrecer financiación. No hablamos de eso: sino de las necesidades de las empresas pequeñas, aquellas que no tienen recursos para soportar un gap digital que cada vez es mayor. Si el gap es cada vez mayor, el coste también lo es. Sin inversión pública no se resolverá el atraso tecnológico de las pymes. Por tanto, se trata de concebirlo como un bien social: el 50 % de los empleos de calidad de este país vienen de la industria. Alguno podrá pensar que defiendo esto por el negocio de Siemens. Claro que queremos vender. Pero esto es un interés recíproco. Si a mí me va bien, a la industria le irá bien y, por tanto, al país.

-¿Qué es exactamente la industria 4.0.?

-La automatización nos ha abierto el acceso a bienes, productos y servicios, pero esta cuarta revolución nos permite que todo eso que durante tantos años hemos disfrutado sea, además, diferente. Esto es lo que posibilita la industria 4.0: que lo que tú adquieres sea distinto. Detrás de estos deseos, hay factorías y fábricas con flexibilidad en la producción, tiempo de respuesta a los deseos de las personas, calidad del producto fabricado y, por último, poco consumo energético. Y para poder conseguir todo eso abres la industria al mundo digital.

-¿Por eso hay cada vez mayor preocupación con la seguridad de datos y de la propiedad intelectual?

-Digitalización, es decir, industria 4.0, y ciberseguridad son dos caras de la misma moneda. La quinta revolución es la relacionada con la ciberseguridad, un tema que afecta a todos. Las industrias generan información, que es riqueza, y esa información se convertirá en smart, con inteligencia artificial, y finalmente volverá abajo otra vez en forma de nuevos negocios, hoy inimaginables.

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