Marcelino Colinas: «Con 13 años me vine a trabajar a Coruña. ¡Yo quería ver el mar!»

El empresario, fundador de M. Colinas Pescados, defiende las restricciones de pesca, siempre que sean iguales en todos los países


redacción / la voz

Llegó siendo casi un niño a Galicia con una oportunidad para trabajar. Hoy, Marcelino Colinas está «medio jubilado» de la compañía que lleva su nombre (M Colinas Pescados S.L.), que fundó en 1975. Es de esas empresas que dan vida al puerto de A Coruña, con sus 6 millones de facturación y una plantilla de 24 trabajadores. Cada año mueve unas 1.400 toneladas que distribuye, principalmente, en León, Salamanca, Ponferrada y Zamora; y en Galicia, en O Barco de Valdeorras.

-¿Cómo acabó en A Coruña?.

-Nací en el Bierzo, pero en 1963, con 13 para 14 años, me vine a A Coruña, donde comencé a trabajar en el puerto con un exportador que se llamaba Víctor Arias. ¡Yo quería ver el mar! No lo había visto nunca y tuve esta oportunidad. Después hice la mili y al salir comencé a hacer pinitos en el mundo de la empresa. Primero con un socio; y luego, solo.

-Vende sobre todo fuera.

-Circunstancias. Comencé en El Bierzo, y crecí. Luego intenté que los camiones de reparto (tenemos 3 y 10 furgonetas) tuviesen trabajo por donde iban.

-¿Qué pescado se come por esa zona castellana?

-Igual que aquí, aunque con alguna excepción. Por ejemplo, el congrio se aprecia mucho y aquí no.

-El pescado está demasiado barato teniendo en cuenta el esfuerzo que requiere capturarlo.

-Creo que no. De un pescado que tenga un poco de nombre, por ejemplo un rape, aprovechas solo medio kilo en caso de que pese dos. El resto es cabeza.

-La cabeza vale para salpicón.

-Pero tiene que ser la grande, porque la pequeña... El pescado está caro en relación a la carne. Con un kilo de carne haces algo, pero con uno de pescado...

-¿Bajarán los precios?

-No creo. Las restricciones de pesca cada vez son mayores, aunque yo las considero justas porque si no, las especies se agotan. Hay paros biológicos que se deben hacer, y sería necesario respetarlos y tener en cuenta que, por ejemplo, muchas veces se realizan en Galicia, pero no en Asturias. Eso no vale para nada.

-Tampoco tiene sentido que se restrinja la pesca en fines de semana y que los barcos portugueses vengan aquí.

-Claro. Yo esa situación no la prohibiría mientras no nos prohíban ir los domingos a otras aguas. Por ejemplo, en la costa de Francia nuestras volantas trabajan los fines de semana. Así, que si tienes aquí a los barcos franceses pescando, ¿qué les vas a decir?

-Entre la lonja y el consumidor, ¿cuánto suben los precios?

-Cada uno vende como puede, pero puedo especificar los gastos que absorbemos. Llevar un pescado a Madrid conlleva un desembolso de 25 céntimos por kilo transportado, luego hay que añadir los gastos laborales, el hielo, el embalaje, etiquetas... Un pescado con portes y resto de gastos no te baja de 45-60 céntimos el kilo. Además hay que tener en cuenta que el pescado tiene mucha merma. Se compran cerrados y nosotros lo enviamos limpios.

-¿Aquí, en Galicia se adquiere buen producto?

-El producto gallego se valora. Sin embargo, aquí entran barcos de todos los sitios. Una embarcación de las Azores puede llegar con meros, besugos..., pero son de las Azores. No son como nuestro pescado. Las aguas, el pasto. Pasa lo mismo con la sardina. La que se coge en Malpica es mucho más fina que la de Estaca de Bares. Te lo garantizo. Esta última es más basta, más seca. Sin embargo una merluza de Irlanda tiene el mismo sabor que la de aquí.

-¿En A Coruña se descarga cada vez más producto?

-No, cada vez menos. Los barcos de altura los descargaban los de la colla [estibadores], pero empezaron a ponerse sueldos altísimos. Descargaban como querían. Por eso los barcos se marcharon buscando otros puertos como Burela y Celeiro.

-¿Quién descarga ahora?

-Los propios barcos. Buscan su gente. Cada embarcación que se marchó, no volvió. Nosotros también ayudamos en este asunto. Acordamos que íbamos a comprar a Celeiro. Llegábamos allí y no nos cobraban el hielo. Ni tampoco se lo cobraban a los barcos En A Coruña hoy descargan, como mucho, dos o tres barcos de altura a la semana, y no todas.

-¿Qué pasará con este puerto?

-La bajura funciona.

-¿No se puede conseguir que los de altura vuelvan?

-No creo. La gestión de la lonja la cogieron los armadores, y para que sus barcos se vendieran bien decidieron que cada uno que viniera de fuera, tenía que apuntarse con dos días de antelación para ser subastado. Yo cuando vi esa norma, me di cuenta de que vendrían menos. En las reuniones yo insistía: Dejad los barcos libres. El pescado de altura está sentenciado. Si aquí un pincheiro trae 10.000 kilos, en Celeiro hay cinco con 100.000.

-Parece que entre todos lo mataron y él solo se murió. Cambio de tema, ¿a qué hora se levanta usted?

-A las 5 de la mañana. Antes no tenía hora. Si hacía falta levantarme a las 3.30 lo hacía. Ahora estoy jubilado al 50 % y vengo a trabajar solo cuatro horas. Te dan la mitad de la paga. Vengo a la subasta, ayudo a los chavales y me voy para casa.

-¿Tiene sucesión?

-Sí, tengo dos hijos. Víctor es el más predispuesto para quedarse al frente.

-Esta vida es muy sacrificada

-Por el tiempo que echas en el trabajo (12, 14 horas). Mi hijo trabaja prácticamente las 24. Se levanta a las cinco menos cuarto, compra... y luego está atado al teléfono. Antes teníamos que estar con el fijo, pero ahora estás con el móvil para atender la logística. Yo le digo a mis hijos que no se puede engañar a la gente. Si vas a decir que tu producto es buenísimo, pero sabes que es regular, mejor no lo digas. Hay que ser honrado en todos los sectores, pero en el pescado más. Haciendo las cosas bien te cuesta vender, así que, está claro, no se pueden hacer mal.

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