Astano vivía años dorados con la construcción de superpetroleros

El astillero botaba el Pablo Guernica y firmaba más pedidos de los mayores buques del mundo


ferrol / la voz

Astano selló su nombre en el libro de oro de la construcción naval mundial con la construcción de los bautizados como superpetroleros. El 14 de mayo de 1968, el astillero de Fene celebraba un nuevo hito en el mercado internacional con la botadura del Pablo Garnica para la Naviera de Castilla. El buque tenía 265,70 metros de eslora (largo), 39 de manga (ancho) y 98.000 toneladas de peso muerto. Pero aquellos días Astano era noticia no solo por esta ceremonia, sino también porque acababa de firmar la construcción de otros tres petroleros, dos de los cuales superarían las 325.000 toneladas de peso muerto. Entonces, el Universal Ireland ostentaba el récord, con 315.000.

Sin embargo, sus hazañas en este mercado llegarían más lejos. Entre los años 1967 y 1983, la factoría de Perlío fabricó 38 petroleros, los más pequeños de 500 toneladas de peso muerto, y los más grandes, de 360.000. Fue con el Arteaga con el que alcanzó fama mundial. A su botadura asistieron ingenieros japoneses que estaban convencidos de que se partiría en dos, al ser el mayor buque lanzado al mar hasta ese momento desde una grada.

Después de llegar a ser punta de lanza en la construcción naval, la primera reconversión naval dejó a Astano excluido del sector civil, merced a un pacto del Gobierno central socialista con la UE para la reducción de la capacidad de sus astilleros. Miles de trabajadores se vieron afectados por expedientes de regulación de empleo y la planta atravesó su particular travesía del desierto para reinventarse. Pese a las restricciones, volvió a convertirse en referente internacional años después, en el sector de las plataformas marinas. Con la construcción, a finales de los noventa y principios de los dos mil, de tres artefactos gemelos de 254 metros de eslora -el Discoverer Enterprise, el Discoverer Spirit y el Discoverer Deep Seas- marcó otro hito.

El estallido de la crisis de los astilleros españoles, en el 2004, cuando la Unión Europea exigió la devolución de 1.600 millones de euros en ayudas que calificó de ilegales, provocó un nuevo ajuste. La antigua Astano inició entonces una década en la que abandonó el off-shore y realizó trabajos secundarios para los buques que se fabricaban en Ferrol, con sus instalaciones infrautilizadas.

Desde el 2014, es una pieza indispensable en la diversificación de la compañía, dedicada a la construcción de componentes de eólica marina y módulos de barcos. Su plantilla no llega a 300 personas, de las 6.000 que tuvo. Pese a las demandas, lleva más de 30 años sin fabricar un barco.

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