«Diré algo que sonará raro: yo no trabajo por dinero. Quiero llegar aquí y ser feliz»

Isidoro Martínez es consejero delegado del del grupo tecnológico Dexga. La compañía se siente fuerte para emprender un camino de crecimiento internacional

«Diré algo que sonará raro: yo no trabajo por dinero. Quiero llegar aquí y ser feliz» Isidoro Martínez es Consejero Delegado del Grupo Dexga. La compañía se siente fuerte para emprender un camino de crecimiento internacional

redacción / la voz

Isidoro Martínez tiene hoy 31 años (Ames, 31 de diciembre de 1986), pero con 19 montó su primera empresa. Es el actual consejero delegado del grupo tecnológico Dexga, una de las gacelas (compañías que crecen por encima de los dos dígitos de manera sostenida en el tiempo) recogidas en un ránking de mil europeas del Financial Times.

-Su primera empresa no funcionó. Fue el primer fracaso...

-Fue un gran aprendizaje, que nos permitió quedarnos con una cartera de contactos, algo importantísimo en cualquier compañía. Hoy tenemos Dexga, que nació en el 2008 con el objetivo de ofrecer la externalización de servicios a grandes corporaciones utilizando alta tecnología de una manera extrema. También contamos con Tecalis (nacida en el 2011) dedicada a la consultoría de transformación digital y Signen (del 2018), una plataforma de firma electrónica que utiliza como base la tecnología bolckchain. Es como un notario digital. Tiene multitud de sistemas de firmas distintos, por ejemplo en nuestro caso aceptamos tanto un audio como un vídeo. El grupo está en un momento importante de crecimiento. Nos hemos preparado para ello.

-[Con ironía] ¡Van a morir de éxito!

-Espero que no. Estamos captando inversores para Signen, que la presentamos en el Mobile World Congress. Es una empresa muy fácil de lanzar en el mercado internacional. En septiembre iremos a Los Ángeles, Chicago y Boston.

-Ustedes trabajan con grandes corporaciones que pueden querer comprarlos.

-No creo.

-¿No vendería si le ofreciesen una cantidad importante?

-Le voy a decir una cosa que le va a sonar rara: yo no trabajo por dinero. Nuestras empresas tienen una filosofía Google. Lo que yo busco es venir a trabajar y ser feliz. Tener buen ambiente y estar rodeado de grandes profesionales.

-Entonces, ¿no va a vender?

-Depende de lo que me aporten. En el caso de Tecalis estamos negociando con una empresa americana hacer una fusión a medio plazo. Lo que pretendemos es que se conserve nuestra cultura. Nunca la perderemos. El equipo no se lo merece. [Habla de Signen y explica que trabajan en la entrada de inversores relacionados con las criptodivisas]

-¿Cuál es la filosofía de Dexga?

-Queremos crecer con la base de la honestidad. En las relaciones entre empresas debe de ser así. Pretendemos crecer desde Galicia cada vez más rápido y de manera sostenible. No depender de las administraciones públicas. El core del negocio tiene que pivotar en el sector privado, con el que nos encanta trabajar. Nos sentimos súper cómodos.

-¿Galicia tiene mucho que transformar? ¿Seguimos siendo esa Galicia quejosa y con la nube negra?

-¡Que va! Siempre hay que transformar, pero estamos muy bien. Las políticas que se desarrollan son fantásticas y hay empresas, como la nuestra, que son muy buenas y están provocando que Galicia cambie. [Cita sin reparos a competidoras como Altia y Plexus]

-¿Por qué decidió asentarte en Santiago?

-Son de Ames e son galego falante na casa, e na empresa dependendo de quen me fale utilizo un idioma ou outro.

-No tiene acento.

-Quizá porque hablo mucho con nuestros clientes y el 90 % de nuestro negocio está fuera de Galicia.

-¿Dónde?

-Principalmente en Madrid.

-¿No le compensaría montar la empresa allí?

-Tenemos oficina. Pero yo quiero estar aquí. Nosotros confiamos muchísimo en las universidades gallegas y en la formación tecnológica que hay en Galicia. En Madrid hay dificultades para encontrar ingenieros. Incluso hay empresas del sector TIC que se están asentando aquí.

-Los despachos de esta empresa están dibujados con cómics, con emoticonos, tienen una sala de divertimento con una mesa de ping-pong,... ¿No es un poco de postureo?

-No. Al contrario. Lo que estamos haciendo nosotros en la empresa hacia el trabajador me parece poco. Todas las salas de la central y las oficinas de Madrid están decoradas en función de lo que les gusta a los miembros del equipo que trabajan en ellas. Pretendemos que las personas se sientan cómodas. En el mundo tecnológico gusta este tipo de propuestas.

-¿No son un poquito frikis?

-Yo soy también un poquito friki aunque no lo parezca. Tenemos que intentar que las personas se sientan felices. El horario es flexible, y si uno no quiere venir a trabajar ese día no pasa nada. No hace falta que avise. Queremos que se concilie y que el trabajo no sea un impedimento en la vida.

-Pero esa buena predisposición de la empresa hacia los trabajadores tendrá que ver con el hecho de que no hay informáticos en el mercado.

-Sí, la demanda es altísima. Impresionante. No tenemos programadores. No puedes ofrecerles solo una buena retribución económica sino que tienes que darles una retribución emocional.

-¿Cuál es el salario medio en esta empresa?

-Depende de la experiencia y conocimientos. Oscila desde los 15.000 hasta por encima de los 30.000. Este será otro tema por el que apostaremos cuando seamos grandes. Nosotros queremos que las retribuciones sean altas, todo lo que podamos permitirnos. Cuando tratas bien a tu equipo, con honestidad, ellos se comprometen contigo. 

En busca del título de piloto

Isidoro Martínez compaginó sus estudios con el trabajo de comercial «de una empresa de telecomunicaciones muy conocida gallega. ¡Y solo hay una!». Está casado con una mujer fantástica, que nada tiene que ver con el mundo tecnológico. El empresario tiene dos hijos: Hugo, de cinco años y Nadia, de ocho. Cuando nació su hija mayor dejó los pinitos que comenzaba hacer en el mundo de la aviación, «pero este año -subraya- quiero llegar a ser piloto privado». Lo compaginará con el tenis, que nunca abandonó.

Votación
36 votos
Comentarios

«Diré algo que sonará raro: yo no trabajo por dinero. Quiero llegar aquí y ser feliz»