Argentina llama a la puerta del FMI

Negocia un rescate de 30.000 millones de dólares, amenazada por el desplome del peso


redacción / la voz

Andaban en Argentina acosados en las últimas semanas por sus peores fantasmas: esos estallidos que cada cierto tiempo sacuden la economía del país y ponen patas arriba sus vidas. Todos sus habitantes saben de las dentelladas que dan las crisis. Los mayores de 50 años, porque han vivido hasta cinco en sus carnes; y los jóvenes, porque han heredado esos miedos de sus mayores. Lo llevan en los genes.

Por eso este martes todo el país asistió estupefacto a lo que estaba pasando. A primera hora de la tarde, y a través de Facebook, el presidente, Mauricio Macri, anunciaba a la nación que, obligado por la caída en picado del peso, ha tenido que llamar a la puerta del Fondo Monetario Internacional para pedir ayuda y «evitar una gran crisis». Otra más.

Incapaz de doblegar al dólar -pese a haber subido los tipos de interés hasta el 40 %, vendido dólares a espuertas en el mercado de divisas (unos 7.700 millones) para enfriar su cotización, y haber anunciado que recortará el déficit desde el 3,2 al 2,7 %-, a Macri no le ha quedado otra que pedirle dinero al FMI. Y eso en Argentina es todo un señor tabú. Porque para la mayoría de los ciudadanos del país, el Fondo tiene la culpa de muchos de sus males. De los dramáticos ajustes sufridos y de alguna que otra de esas crisis que tan profunda huella les han dejado.

Doce años hacía que Argentina había roto relaciones con el FMI, aunque nunca abandonó el organismo. Aquello sucedió en el 2006. Cuando el presidente Néstor Kirchner canceló la deuda de 9.810 millones de dólares que tenía con el Fondo. «Estamos ganando grados de libertad para la toma de decisiones. Se trata de un paso trascendental, que nos permitirá marchar hacia el futuro sin imposiciones, con autonomía y tranquilidad, sin urgencias impuestas, sin presiones indebidas», dijo cuando anunció su decisión.

Vuelta al redil

Ahora han vuelto al redil y para muchos es una derrota. Se avecina tormenta política. «Esta decisión la tomé pensando en el mejor interés de todos los argentinos, no mintiéndoles, como tantas veces nos han hecho», argumentó Macri en su discurso grabado, en el que desveló que hacía pocos minutos que había hablado con Christine Lagarde, la directora del FMI, y que las negociaciones se iniciarían de manera inmediata. No reveló el mandatario de cuánto dinero estamos hablando. Pero la agencia Bloomberg, toda una biblia para los mercados, cifró el crédito en unos 30.000 millones de dólares (unos 25.300 millones de euros).

Lo que busca Macri es, sobre todo, tranquilizar a los inversores, que este martes volvieron a apostar fuerte contra la moneda argentina. Tanto que el dólar se disparó en la apertura de la sesión hasta los 22,9 pesos. Eso en el mercado de divisas, porque en el minorista -venta al público y casas de cambio- llegó a pagarse a 23,60 pesos. Su máximo histórico, según el diario económico Ámbito Financiero.

Un desplome de mucho riesgo

Pero ¿qué es lo que ha provocado la estampida de los inversores? Los analistas ya habían advertido que el giro en la política monetaria de la Reserva Federal -ha comenzado a subir los tipos de manera gradual- provocaría que el dinero abandonase los mercados emergentes en busca de mayores réditos. Y eso es precisamente lo que está pasando. La huida ha afectado a todos los países de la región, pero especialmente a Argentina. ¿Por qué? El déficit es su talón de Aquiles: cerró el 2017 con un agujero en sus cuentas del 3,9 % del PIB. A eso hay que sumar su elevadísima dependencia de la financiación exterior. El viernes pasado, en pleno derrumbe del peso, el Gobierno de Macri anunció que recortará en unos 3.000 millones de dólares el gasto público y reducirá así la dependencia del Estado de dinero extranjero. Ni por esas. Parece que los inversores ya no confían en la economía argentina. Y ni que decir tiene que eso puede acabar dinamitando su mercado de deuda.

Ahorro en dólares

En la calle, la escalada del dólar se traduce en aumentos de precios generalizados que erosionan el poder de compra de los ciudadanos. Un dato: en marzo la inflación alcanzó el 25,4 %. Dentro de la región, solo en Venezuela andan peor las cosas en ese capítulo.

Por no olvidar que las fluctuaciones de la moneda son especialmente importantes en Argentina. Allí la gente cobra su sueldo en pesos, pero, escaldados por los históricos vaivenes de su divisa, se han acostumbrado a pensar en dólares. Y a tratar de guardar sus ahorros en esa divisa. Más carburante para el desplome. Cuando el dólar sube, todo el mundo sabe que todos comprarán dólares para cubrirse las espaldas frente a nuevas subidas, y entonces todos compran dólares y provocan la subida. La profecía autocumplida, la llaman los expertos.

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