Llega a Galicia el «cohousing», para los maduritos

Se trata de una cooperativa de vivienda pensada para mayores de 55 y menores de 75, que quieren vivir de forma independiente pero con servicios comunes


¿Ustedes forman parte de un grupo de amigos que tienen como conversación recurrente la de «vamos a buscar una casa entre todos para envejecer juntos y hacer lo que nos da la real gana»? Pues eso tiene una traducción: el cohousing, una fórmula de cooperativa de vivienda pensada para personas mayores de 55 años y menores de 75 -edades de referencia- que quieren vivir cada uno en su casa, pero con unos servicios comunes que los alejen de la soledad y los mantengan activos e independientes. En esta fórmula de economía colaborativa son los propios cooperativistas los que deciden qué servicios quieren compartir: médicos, de limpieza, de ocio, etcétera. 

En España hay seis cohousing que ya están en funcionamiento o a punto de estarlo: Trabensol, el primero creado en España y que se localiza en Madrid; La Muralleta, en Tarragona; Apartamentos Convivir, en Cuenca; Los Milagros, en Málaga; Centro de Convivencia Cooperativo, en Tres Cantos (Madrid), y Cooperativa Brisa del Cantábrico, en Castillo Siete Villas (Cantabria). Luego existen otras dos centros con oferta especializada en cuidados hospitalarios, pero que tienen actividades lúdicas y terapéuticas. Son Puerto de la Luz, en Puerto de la Torre (Málaga), y Residencia Fuente de la Peña, en Jaén.

 Estos datos fueron facilitados por Ignacio González, miembro de Life Abogados, despacho que participa en el impulso de este tipo de viviendas en Galicia. El experto confirma que ya han hablado o están a punto de hacerlo con los responsables municipales de las siete grandes ciudades porque ellos tienen mucho que decir y que hacer en este tipo de actuaciones inmobiliarias relacionadas con el envejecimiento activo de la población. Un ejemplo real de cohousing partiría de la cesión del suelo por parte del ayuntamiento durante un período, por ejemplo, de 75 años a cambio del pago de un canon. A partir de ahí, los cooperativistas diseñarían el modelo de convivencia y comenzarían la construcción del espacio. Sigamos con el ejemplo: en un suelo de 1.250 metros cuadrados con una superficie construida de 3.750 se podrían diseñar 50 viviendas de 60 metros cuadrados útiles, con plaza de garaje y trastero y zonas comunes con piscina y locales comunitarios. Teniendo en cuenta que los gastos de limpieza, lavandería, cocina, recepción, seguridad, enfermería y actividades como pilates y gimnasia se calculan en unos 300 euros al mes, el importe a desembolsar por el cooperativista ronda los 500 euros durante los 30 primeros años de amortización del préstamo. Si se adquiere el solar en propiedad, la cantidad superaría los 900 (el importe dependería de la ubicación). La propiedad es transmisible, pero siempre evitando la especulación, y limitando el incremento de precios con índices como el IPC. Se puede vivir con la pareja y también con algún hijo, aunque la filosofía es limitar el inmueble a dos personas. ¿Qué le parece la idea?

sofia.vazquez@lavoz.es

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