«Prefiero trabajar en otros países antes de retornar a Galicia»

Juan Rodríguez Cruz, Marco Aurelio Caamaño Montes y Pablo da Riva López viven desde hace meses a más de 11.000 kilómetros de casa,  trabajando en la fabricación de una planta termosolar en Sudáfrica

Juan Rodríguez, Marco Aurelio Caamaño y Pablo da Riva en la planta termosolar de Upington, en Sudáfrica
Juan Rodríguez, Marco Aurelio Caamaño y Pablo da Riva en la planta termosolar de Upington, en Sudáfrica

redacción / la voz

Juan Rodríguez Cruz, Marco Aurelio Caamaño Montes y Pablo da Riva López viven desde hace meses a más de 11.000 kilómetros de casa. Hace algo más de un año poco sabían de Sudáfrica, más allá de lo que se estudia en los libros de texto acerca del apartheid, Nelson Mandela, las reservas naturales o aquel mundial de fútbol; mucho menos de Upington, el desierto del noroeste del país donde se encuentran trabajando en la fabricación de una planta termosolar que allí realiza un consorcio de empresas en el que están Sener, Cobra y Emvelo.

El coruñés Juan Rodríguez está en el departamento mecánico. Marco Caamaño, también de A Coruña, en planificación. Y el lucense Pablo da Riva, en el área de eléctrica. Para este último, trabajar lejos de casa no es nuevo, antes estuvo en la República Dominicana y en Francia. Marco ya trabajó en Brasil, Abu Dabi, México y Marruecos. «La empresa me propuso venir aquí y aceptamos el nuevo reto», explica este coruñés, que además se ha trasladado al continente africano con su mujer y con su bebé.

Los tres son jóvenes y valoran la oportunidad de mejorar sus conocimientos y su experiencia en otros lugares, antes de asentarse en un sitio definitivo. Para Juan este es el primer destino expatriado y espera que no sea el último: «Aún soy joven y me gustaría tener la oportunidad de vivir en unos cuantos países más antes de retornar a España, y en este sector es factible».

Una vez operativa, la planta termosolar en cuya construcción trabajan será capaz de suministrar electricidad a más de 86.000 hogares. Juan se encarga de supervisar los trabajos relacionados con la estructura, para garantizar que se cumplan todas las medidas de seguridad. Pablo supervisa los contratos de electricidad e instrumentación y Marco se encarga de revisar las fechas de ejecución de las distintas actividades del proyecto.

El día a día, cuentan, es duro. Un plan con unos plazos establecidos se traduce en jornadas largas donde suele haber bastante tensión. Pero explican que también es gratificante ver cómo avanza la obra: «El cambio desde que llegué a hoy es impresionante», coinciden. En el equipo hay gente de muchas nacionalidades, aparte de españoles y sudafricanos, trabajan con portugueses, polacos, mexicanos… Pero, acentos aparte, no ven mucha diferencia a la hora de trabajar: «La mayoría de las contratas son españolas, la única diferencia con la gente local es que tienen un horario fijo que cumplen a rajatabla, el resto es muy parecido». Cuando tienen algún día libre, aprovechan para hacer turismo, pues volver a casa requiere de casi un día entero entre traslados y escalas. Las nuevas tecnologías permiten hacer más llevadera la distancia y algún familiar tiene previsto bajar a verlos. Pero aunque la morriña siempre esté presente, ante todo valoran la oportunidad de trabajar fuera de España en un ambiente internacional y conocer países que, de no ser por su empleo, probablemente nunca llegarían a pisar.

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