Más de un año para una operación, y tres meses hasta que atiende el especialista

Las listas de espera sanitarias, con 210.000 gallegos anotados, son uno de los grandes agujeros de la Administración

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santiago / la voz

Si en un ámbito de la Administración la burocracia no debería ser un obstáculo, ese es el de la sanidad. Cuando la salud está en juego, el ciudadano debería encontrarse las puertas abiertas. No siempre es así. Es cierto que en relación con otros servicios sociales, como son el de la dependencia o el de la discapacidad, en este caso el paciente no se enfrenta a papeleos o trámites que no sea capaz de resolver, pero sí a incongruencias y, sobre todo, de nuevo a las demoras.

La lista de espera es necesaria para ordenar los recursos humanos. Pero siempre que sea razonable. Según los últimos datos que hizo públicos el Sergas, a 31 de diciembre del 2017, había en Galicia más de 210.000 personas aguardando por una operación o por una primera consulta en el hospital para abordar un problema de salud. En el caso de la lista para el quirófano, la cifra es de 36.135 personas, mientras que 175.253 aguardan por una cita. Los casos más llamativos son los de los 85 pacientes que llevan más de un año a la espera de una intervención quirúrgica -y los de otros 1.225, de más de seis meses- o los 609 usuarios que aguardan desde hace más de 180 días por su consulta con el especialista.

El ciudadano debe enfrentarse además a dos realidades muy opacas en la Administración sanitaria: la lista no estructural y las agendas cerradas. En la primera están los pacientes que tienen que operarse, pero que no aparecen en el listado oficial por dos razones: o un motivo clínico o personal hace que no puedan ser operados, o han rechazado la propuesta de ir a un centro privado. Son listas que no se hacen públicas, pese a que existen, lo que enturbia las oficiales. Las últimas cifras se recogieron en un informe del Consello de Contas y hacen referencia al año 2010. En aquel momento el número de personas de esta lista no estaba muy lejos del de la estructural. Casi 23.000 frente a 30.100. Y además, casi la mayoría estaban allí por haber rechazado operarse en un concertado.

Incumpliendo la norma

Esta situación pervierte la espera media y el cumplimiento de los 180 días máximos que recoge la norma. A principios de este año entró en vigor otra demora máxima de 60 días, pero no para todas las intervenciones, sino para algo más de un centenar.

Otro de los escollos que se encuentra el paciente cuando acude a un servicio de salud es el de las agendas cerradas. En períodos vacacionales del año, las agendas de los especialistas se cierran. Esto quiere decir que, cuando el usuario acude derivado del médico de cabecera o de un especialista con la indicación de pedir una consulta hospitalaria, no le marcan una fecha, sino que le emplazan a volver un tiempo después o le dicen que le comunicarán la cita por teléfono. En la práctica, esto deja al paciente en un cierto limbo: necesita ser atendido, pero no está incluido en ninguna bolsa de espera.

La burocracia del sistema produce otras situaciones disonantes. Por ejemplo, no es infrecuente que el paciente realice una prueba diagnóstica, los resultados estén, pero la cita con el especialista se demore meses, con la angustia que esto genera en un enfermo. O lo contrario, que la consulta con el especialista se produzca antes de que se haga la prueba, con lo que se pierden tiempo y recursos. En la Asociación de Pacientes del CHUS apuntan otra situación en la que el enfermo se siente desvalido: cuando reclama su historia clínica, un derecho del usuario, ya que se encuentra con obstáculos para que se la entreguen completa. 

El cambio de hospital

Sí se están resolviendo rápido las peticiones de cambio de hospital para una intervención quirúrgica, una medida que ha incorporado la ley de garantías sanitarias, así como otras que incluye esta legislación, como la segunda opinión médica o el derecho a cambiar de profesional en atención primaria.

«O doente xa non sabe a quen se ten que dirixir»

«Na sanidade hai unha especie de anomalía no exercicio dos dereitos»El presidente de la Asociación de Pacientes del CHUS, Fernando Abraldes, asegura que el paciente se encuentra indefenso en muchas ocasiones, no sabe a qué instancia acudir o ni siquiera conoce todos sus derechos.O doente xa non sabe a quen se ten que dirixir», explica. El servicio de atención al paciente, sostiene Abraldes, es un mero receptor de quejas que da traslado al servicio correspondiente, pero muchas de las respuestas son contestaciones tipo, y las reclamaciones no tienen continuidad.

El responsable de la asociación pone el foco en las llamadas para ofrecer -cuando se está llegando a los tiempos máximos de espera en una operación- una alternativa en un centro privado. Para Abraldes, una comunicación en la que está en juego que el paciente se opere en otro hospital o pase a formar parte de una lista no estructural «debería ser notificada e requirir un consentimento expreso, e non facerse por teléfono, que moitas veces non sabes nin quen te chama».

Desde esta entidad recuerdan también los obstáculos que se encuentran con otras comunidades, cuando el usuario no tiene los recursos adecuados en su área sanitaria y debe ser trasladado. Otra barrera entre autonomías es que la receta y la historia electrónica aún no son interoperables en toda España.

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