España llama con insistencia a la puerta de Europa

Hace medio siglo, este periódico informaba de que tal día como hoy había concluido con éxito «la cuarta y última sesión de la actual fase de negociaciones entre la CEE y España»


madrid / lA voz

El 1 de enero de 1986, es decir, hace poco más de treinta años, España se estrenaba oficialmente como miembro de la Comunidad Económica Europea (CEE), el germen de la actual Unión Europea (UE). Aunque la firma del Tratado de Adhesión al Mercado Común se formalizó el 12 de junio del año anterior, negociado y rubricado conjuntamente con Portugal, el país llevaba más de dos décadas llamando a la puerta del club europeo al que ansiaba pertenecer, pero que le daba la espalda. De hecho, la primera vez que España solicitó el acceso a la CEE corría 1962. El país vivía en una dictadura, por lo que no cumplía las reglas básicas exigidas por los europeos: respetar las libertades fundamentales. La democracia ni estaba ni se la esperaba, por lo que las grandes potencias del continente se negaron en redondo a darle entrada.

Así, la petición del ministro Fernando María Castiella no dio el fruto esperado, pese a que se desplegaron todas las estrategias posibles -políticas, diplomáticas y económicas-, incluyendo la sonrojante de presionar a los directivos de las empresas foráneas instaladas en el país para que, a su vez, empujaran a sus Gobiernos a ablandar sus posiciones en las negociaciones de admisión de España. De hecho, pese a la negativa de 1962, en los 24 años siguientes -que fue lo que se prolongó el proceso de integración- el Gobierno no dejó de hacer intentos de aproximación. Y esos sí, paulatinamente, permitieron pequeños avances.

Hace medio siglo, este periódico informaba de que tal día como hoy había concluido con éxito «la cuarta y última sesión de la actual fase de negociaciones entre la CEE y España». Alberto Ullastres, primer representante del país ante las Comunidades Europeas, acabó logrando la firma de un acuerdo preferencial que, si bien no permitía ser miembro de pleno derecho del Mercado Común, sí se tradujo en sustanciales rebajas arancelarias.

Durante la Transición fue Marcelino Oreja, ministro de UCD, quien presentó otra solicitud de ingreso formal. En el calendario era 1977 y las negociaciones se prolongaron durante casi una década y tres Gobiernos distintos. En aquel momento el recelo de los futuros socios europeos ya no estaba en el régimen político, sino especialmente en la potencia del sector primario: pesca, agricultura y producción láctea eran una amenazante competencia directa que países como Francia no querían de ningún modo.

Negociando sector a sector e imponiendo cuotas y límites a muchos productos (desde la leche al aceite o la pesca), desde que en 1986 celebró su entrada oficial, España nunca ha dado un paso atrás en su implicación en un proyecto que creó una moneda única y una ciudadanía europea. Pero eso es otra historia.

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