La venta de viviendas sigue disparada y los precios crecen a ritmos precrisis

El Congreso debatirá hoy si se deben poner límites a las rentas de los alquileres


redacción / La Voz

«El sector inmobiliario vuelve por sus fueros». La frase, pronunciada ayer por el presidente de Fegein, la patronal de las inmobiliarias gallegas, Benito Iglesias, resume el estado de ánimo que reina en el negocio. Cada dato que se publica constata que, tras diez años de travesía por el desierto, de desempleo y restricción del crédito, los españoles vuelven a comprar casas. Y lo hacen con alegría.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en febrero se vendieron 41.480 viviendas, un 16 % más que en el mismo mes del año anterior. Cierto que son menos operaciones que en enero, pero en un mercado que crece a dos dígitos, y en un mes que tradicionalmente es de poca actividad, ese dato pierde importancia.

Así, el jefe de estudios de Idealista, Fernando Encinar, destacó ayer la «buena salud» del mercado y su homólogo de Pisos.com, Ferran Font, cree que si las ventas siguen la tendencia de los dos primeros meses, el 2018 «será uno de los años más intensos del mercado de la vivienda». «El creciente interés de una demanda solvente y con ahorro, unido a la flexibilidad hipotecaria dibujan un escenario muy prometedor para la actividad», profundiza.

Una recuperación que, de acuerdo a las estadísticas, es generalizada en todo el país, aunque en un mercado tan peculiar como el inmobiliario, siempre es necesario introducir matices. Así, aunque las compraventas de viviendas solo caen en Extremadura (un 2,9 % interanual), la horquilla de las subidas va del 4,1 % de Navarra al 42 % de Cantabria.

Galicia se sitúa de nuevo, en la parte templada de la tabla, si se puede calificar así a un aumento de ventas del 9,7 %, que para sí lo quisieran en otros sectores. En la comunidad se compraron el mes pasado 1.193 viviendas. Casi ocho de cada diez (un 78 %) eran de segunda mano, que es el único segmento en el que crecen las ventas. Lo hacen casi un 18 %, frente al retroceso del 12 % en el mercado de casas a estrenar.

Si cae este último es, básicamente, porque tras el parón provocado por la crisis, que barrió las grúas de los paisajes urbanos, no queda casi obra nueva (al menos en las grandes áreas metropolitanas, las más dinámicas). Y de lo poco que hay, parte no computa como tal a efectos estadísticos, al superar los dos años de antigüedad. Por eso, el presidente de Fegein concluye que «hace falta vivienda nueva» para canalizar la creciente demanda de ladrillo en la comunidad, que sigue engordando «a pesar de la abusiva carga fiscal y tributaria que soporta y a pesar de la ineficiencia de las Administraciones».

Pisos más caros

Y a pesar, también, de que ya no quedan gangas. Como dicta la lógica, si hay más gente que quiere comprar, y la oferta no sube en la misma proporción, el resultado es que los precios suben. Y con fuerza. Un 7,2 % en el último trimestre del 2017, según los datos publicados ayer por Eurostat, la oficina estadística comunitaria, que constata que el ritmo al que se revaloriza el metro cuadrado es ya el más alto desde el verano del 2007, justo antes del pinchazo de la burbuja.

Con esos datos, que no son exclusivos de España -en Portugal la subida es del 10,5 %, en Irlanda de casi el 12-, no sorprende que el Fondo Monetario Internacional advirtiese esta semana de que el mercado de la vivienda se comporta cada vez más como el de las acciones o los bonos, con movimientos sincronizados a nivel mundial provocados por grandes inversores que buscan en el ladrillo las rentabilidades que ya les cuesta más obtener con otros activos financieros, en un entorno de bajos tipos de interés.

No son solo los grandes inversores, también los pequeños ahorradores están empezando a canalizar su dinero hacia el mercado de la vivienda en España, por el bum del mercado del alquiler, que está encareciendo las rentas hasta niveles preocupantes en las grandes ciudades del país. La situación llegará hoy al Congreso, donde los grupos debatirán una moción de Unidos Podemos, en la que se exige la regulación de los precios de los alquileres para asegurar «rentas asequibles» en aquellas zonas donde se hayan producido «incrementos de precios abusivos contrastables».

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