La crisis de la industria de la moda rasga las costuras del textil gallego

Tras 5 años al alza, contrae producción y ventas en plena transformación del mercado


vigo / la voz

El consumo de moda en España está a las puertas de superar los máximos del 2007. Arcano Economic Research, consultora de referencia del Retail, prevé un incremento de este indicador de un 2,4 % este 2018 y de otro 2,3 % en el 2019, año en el que se rebasarán niveles previos a la crisis.

Las condiciones soplan a favor y, sin embargo, la industria española de la moda lleva ya unos cuantos hundimientos desde que, a principios del 2017, el grupo Blanco entró en liquidación (con sus 90 tiendas y toda la plantilla), y hubo no pocos rescates, como los de Pronovias, Cortefiel, Marypaz, Merkal o Amichy.

Diseñadores y empresarios que controlaban hasta hace poco este sector están cediendo su control financiero a fondos de inversión o capital riesgo, y de las 14 primeras firmas del sector español, 10 ya pertenecen total o parcialmente a estos inversores. Y este escenario de crisis de modelo de negocio textil, que no de mercado, también tiene su réplica en Galicia.

Quiebras y rescates

Al igual que Blanco, Caramelo dio sus últimos coletazos en el arranque del 2017, después de entrar en liquidación (la marca, en proceso de subasta, está pendiente de que el juez valide su adjudicación). Por el camino ya se habían quedado TMX, El Secreto del Mar, Montoto o Viriato (ahora rescatada por Jealfer).

A Caramelo siguieron Confecciones Guerral, con sede en Lalín, que entró en liquidación en octubre del 2017; la textil viguesa Arlensal, antigua Patricia Avendaño, en concurso voluntario de acreedores desde octubre del 2017 y declarada en liquidación en febrero de este año; y la también viguesa de prendas deportivas Naffta, que acabó tirando la toalla a finales del 2017 y está en proceso de extinción.

Cada una de estas quiebras tiene sus propias circunstancias. El sector no quiere hablar de crisis, sino de «casos y situaciones puntuales», pero con los resultados del 2017 ya cerrados, la contracción de la industria textil parece un hecho incontestable.

Para empezar, tras encadenar casi cinco años de ascensos, la industria de la moda en España ha frenado en seco, con caídas en la producción industrial y su cifra de negocio. La producción textil cerró el 2017 por primera vez a la baja desde el 2012. El índice de producción industrial (IPI) del sector concluyó el año con un retroceso del 1,1 %, según el INE.

La facturación de la industria textil también se desplomó en el 2017. Las ventas marcaron un retroceso del 3,2 % (el mayor desde el 2012) hasta los 7.017 millones (7.250 del ejercicio anterior).

Caída de la facturación

En la piel y el calzado, las ventas se contrajeron un 8 %, hasta los 3.134 millones de euros, respecto a los 3.410 del 2016. Y la tendencia se mantiene en el 2018, según avanzan los primeros datos.

Las ventas de textil y moda han cerrado febrero con una caída del 2,7 %, que se suma al descenso del 4,1% anotado en enero. La Asociación Empresarial del Comercio Textil, Complementos y Piel (Acotex) reconoce que el dato es negativo y lo atribuye al calendario de rebajas y a la política de promociones continuas que, según la organización, «es muy perjudicial para el comercio, con una reducción grande de los márgenes, pudiendo llegar a ser una situación insostenible».

No es todo culpa de los descuentos, y de la falta de márgenes de los fabricantes. El avance del comercio electrónico es uno de los grandes obstáculos con los que se están encontrando las cadenas textiles tradicionales. Así lo afirma José Antonio Conde, dueño de la empresa coruñesa de moda Alba Conde y presidente del Clúster Textil Moda de Galicia (Cointega).

Un fenómeno global

«Estamos en un momento de mucho cambio, porque la venta on-line está haciendo que el mercado se transforme», afirma empresario, que explica que se trata de un fenómeno global.

«Está afectando a los operadores mundiales. La tienda física y on-line tiene que convivir, pero el proceso es difícil. Coincide en un momento en el que la tienda multimarca está ya casi desaparecida, y para muchas empresas textiles era la principal vía de salida de su producto. Estamos en ese momento de adaptación y es muy, muy complicado», insiste Conde.

Añade la necesidad de que las empresas sean cada vez más flexibles a lo que pida el mercado. «El mercado nos manda sacar minicolecciones en medio de una campaña, y eso con una cadena de producción rígida es muy caro», dice el empresario.

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