Guiños para seguir aguantando


Primero las buenas noticias. La primera es que se pone en marcha el intento de aprobar unas nuevas cuentas públicas, si bien nada garantiza todavía que cuenten con la necesaria mayoría parlamentaria. La peor opción -la simple prórroga de los anteriores Presupuestos- queda, al menos de momento, conjurada. La siguiente novedad interesante es que, por primera vez en años, la restricción presupuestaria aprieta menos: el cumplimiento del objetivo de déficit en el 2017 -el de deuda queda muy lejos- ha facilitado una pequeña inyección expansiva en el documento ahora presentado. Y, en tercer lugar, cabe apreciar algunas partidas que van en la buena dirección: por poner tres ejemplos, bien están la subida de las pensiones mínimas o la disposición de 500 millones de euros para el llamado programa de garantía juvenil o, en otro terreno, la modificación de la regla de gasto para permitir que los municipios destinen sus superávits a inversiones sostenibles.

Y poco más se puede decir en positivo. Los Presupuestos ahora presentados adolece de algunos lastres muy serios. Para empezar, está muy lejos de pretender corregir, siquiera en parte, los excesos del programa de ajuste aplicado desde el 2010, que recayó principalmente sobre el gasto social y de inversión. Ni a uno ni a otro se atiende ahora, cuando los Presupuestos se tornan «expansivos», con suficiencia y, sobre todo, con un criterio general. Aún más importante es que las nuevas cuentas son totalmente continuistas en estructura y concepción: ninguna de las propuestas de racionalización hechas en los últimos años, ni para los ingresos ni para los gastos, aparecen en este documento. En particular, las múltiples excepciones -en forma de deducciones, etcétera- que pueblan todos los rincones de las cuentas que, en lugar de reducirse, van claramente a más.

Esto último tiene que ver con el rasgo más notable de estos Presupuestos: su carácter descaradamente electoral, con una pugna entre los dos partidos que los apoyan por apuntarse el tanto de esta o aquella partida; partidas que parecen responder sobre todo al deseo de apaciguar a distintos colectivos ante la eventualidad de una primavera caliente. En definitiva, son estas unas cuentas para ir tirando cuando en el horizonte se empiezan a divisar las urnas.

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