De frikis nada. Ellos sí que son el futuro

Son los ganadores del premio de final de grado de Ingeniería Informática de A Coruña


Los tres jóvenes que ven en la foto que acompaña esta crónica son los ganadores del premio de final de grado de Ingeniería Informática de A Coruña. Estos tres chavales y el resto de sus colegas de pupitre -al igual que los del resto de España- tienen fama de ser unos frikis, que, de acuerdo con la Real Academia de la Lengua, se refiere a aquellas personas que son raras, extravagantes y excéntricas. Ni un solo rasgo de esa fama mal gestada tienen estos millenials. O por decirlo de otra manera, ojalá todos -incluidos los políticos que no encuentran solución ni para las pensiones, ni para el problema del paro, ni para la desigualdad salarial, ni para el arranque secesionista de Cataluña, ni para nada de nada- fuésemos así de solidarios y de inteligentes como para poner nuestros conocimientos al servicio de la sociedad y, de esta manera, crear proyectos que, cuando sean una realidad, marquen un antes y un después en disciplinas como la enseñanza y medicina.

Laura Montes Pombar, con una sonrisa que la acompaña siempre, comenzó a explicarle a los miembros del tribunal que tiene entre manos un proyecto para que aquellas personas sin movilidad -sin ninguna movilidad- puedan subirse a una silla de ruedas y moverla con las ondas de su cerebro. Al usuario solo le harían falta unos días, quizá unas semanas de entrenamiento porque el software tiene que aprender de la persona (de cómo envía las órdenes) y no todos tenemos la misma capacidad cerebral. Puso un vídeo en el que se vio en funcionamiento un prototipo que puede salir en breve al mercado a un coste asumible para un salario medio.

Miguel Vilar Rodríguez, sonriente también, demostró que él es el perfil de profesional que necesitan los colegios para incluir en su plantilla de profesores si lo que se pretende es poner en valor la enseñanza. Subido al estrado puso en marcha su ordenador y presentó un robot al que acopló un teléfono móvil para demostrar que los alumnos pueden aprender a programar, al tiempo que asimilan otras materias como matemáticas, tecnología o lengua. Que el robot vaya en línea recta no es fácil. Hay que saber decírselo, utilizando un lenguaje visual gráfico. Si el androide no aprende a la primera, lo hará a la segunda o a la tercera. En ese momento los alumnos ya habrán dado sus primeros pasos en programación.

Plácido Lizancos salió y demostró que él es, sobre todo, investigador. Desarrolló un sistema automático que analiza las imágenes obtenidas con métodos como la tomografía y es capaz de definir con precisión si existe o no formación de cuerpos quísticos en la retina y en qué grado se encuentran. De esta manera se detectan y acotan enfermedades que acaban en ceguera como la degeneración macular o la retinopatía diabética. Lo novedoso del sistema de Lizancos es que es más preciso que los actuales métodos de análisis de imágenes. Es decir, que reduce diagnósticos equivocados. ¡Eso es nada!

Visto lo visto, yo quiero poner un friki en mi vida.

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