Medidas defensivas y medidas positivas


El problema de presente, y en especial de futuro, que plantea el sistema público de pensiones solo se puede abordar con soluciones realistas, que asuman la gravedad de la situación y se pacten entre todos los partidos políticos y las fuerzas sociales, en el marco del Pacto de Toledo. La demagogia es un arma fácil de utilizar, en especial con los pensionistas, pero no conduce a aclarar ni a resolver el problema. La demagogia acaba pasando factura. Echemos la vista atrás: el partido Socialista congeló las pensiones en el 2010 y los griegos las bajaron un 20 %.

Hay que recordar que el sistema se basa en la solidaridad intergeneracional, es decir, la generación en activo financia con sus cotizaciones las pensiones de la generación pasiva. En consecuencia, la evolución demográfica -al reducirse de manera drástica el índice de natalidad y aumentar la esperanza de vida por encima de los 80 años- ha jugado en contra de la viabilidad del sistema. La intensidad y duración de las crisis económicas y el incremento del número de parados han empeorado, todavía más si cabe, la situación. La realidad ha creado una ecuación de difícil solución a la Seguridad Social si se pretende salvaguardar el sistema. 

Para paliar esta situación, se pueden adoptar unas medidas defensivas que frenen el incremento del coste, como son el retraso de la edad de jubilación, algo razonable dado el aumento de la edad media de vida, y aumentar el número de años para el cálculo de la pensión, de manera que se modere el crecimiento medio de la base reguladora. El número de años, de acuerdo con el Pacto de Toledo, ha evolucionado de los 8 a los 20 actuales.

Y medidas positivas, que aumenten los ingresos. Estas deben orientarse a un incremento del índice de natalidad, con una mejor conciliación de la vida laboral y familiar, con ayudas a las familias numerosas, guarderías gratuitas, ajuste de horarios, ventajas fiscales a la natalidad, etcétera, con un aumento de la generación de empleo y un incremento de los salarios en base a un alza de la productividad que aumenten las cotizaciones sociales.

El debate debe centrarse en acordar medidas que ayuden a aliviar los graves problemas estructurales que plantea el modelo público de pensiones, en especial en el futuro. Los intereses electorales solo consiguen confundir a los pensionistas y llevar al sistema a una situación inviable.

Por Sandalio Gómez Profesor emérito del IESE

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