Jesús Méndez: «Es posible vivir bien en el rural»

El director general de la Caixa Rural Galega, cercano y directo, despacha las preguntas con el pulso firme de un cirujano


Al entrar en la sede de la Caixa Rural Galega, en Lugo, llama la atención la escultura a tamaño natural de un labrego plantado en medio del vestíbulo que da paso a la zona noble. Un homenaje al cliente, una singularidad de una caja que resistió el vendaval económico casi sin despeinarse. Su director general, Jesús Méndez (Lugo, 1972), saca pecho. No es para menos. Cercano y directo, despacha las preguntas con el pulso firme de un cirujano.

-La única caja en pie que queda en Galicia. Estarán orgullosos.

-Sí, somos la única entidad financiera con capital cien por cien gallego. Yo suelo decir que no tenemos intereses más allá del Padornelo. No voy a ocultar que un poco orgullosos sí que estamos. Prácticamente nadie puede decir que se llama igual y mantiene el mismo logotipo que antes de la crisis y, si me apura, el mismo ejecutivo. Algo habremos hecho bien.

-Y eso que los banqueros tienen mala fama.

-Muy mala. Pero mire, parte del éxito que hemos tenido en estos últimos años está precisamente en nuestra reputación. No hemos dado escándalos, no hemos comercializado productos tóxicos...

-Ustedes le tienen tomado el pulso al mundo rural. ¿Cómo está?

-Nosotros tenemos una red muy tupida de oficinas pero, debido al éxodo del rural, la mayor parte de nuestro negocio está ya en entornos urbanos. Pero seguimos presumiendo de no haber cerrado ninguna oficina. Mientras seamos capaces, las mantendremos; seremos el último mohicano.

-¿Se acaba ese mundo?

-No, se transforma. Nosotros tenemos clientes que viven en el rural muy dignamente y son capaces de sacar una buena rentabilidad de la actividad que desarrollan. Es más difícil, pero es posible. Lo que es cierto es que la población allí asentada está en franca regresión. Pero es posible vivir bien en el rural.

-¿Cómo lo ve dentro de 20 años?

-Con menos población pero muy bien adaptada, capaz de hacer fuertes inversiones para tener explotaciones agropecuarias bien dimensionadas, con alguna actividad de transformación, aunque también es de esperar que las comunicaciones sigan mejorando, las infraestructuras y las digitales, que permitirán un modo de vida más cercano al de la urbe. Eso ya se puede ver hoy.

-Los gallegos, ¿somos ahorradores?

-Somos objetivamente ahorradores. Y prudentes.

-¿E inversores? Porque metiendo en el peto no se avanza mucho.

-Hay zonas pero, en general, menos que en otras partes de España, eso está claro. En Galicia, los ciclos económicos son más suaves que en el resto del país. Cuando viene la ola, nos sube menos, pero cuando viene la resaca, nos pilla más abrigados.

-¿Era usted un niño de aldea o de ciudad?

-Nací en Lugo pero estuve muy relacionado con el mundo rural. Mi familia tenía fincas en una cooperativa productora de leche y tuve mucha relación. Aún hoy me gusta mucho volver por allí. Soy un enamorado del mundo rural.

-Ha ordeñado alguna vez una vaca?

-Sí, claro. Aunque nosotros ya teníamos ordeñadoras. No recuerdo ordeños a mano.

-¿De chaval, jugaba al Monopoly o prefería los balones?

-En mi casa siempre hubo partidas de Monopoly, sí. Debo decir que los cuatro hermanos somos grandes jugadores de Monopoly, pero también jugué muchos años al baloncesto.

-¿Cómo va el Breogán?

-Yo creo que este es nuestro año. En Lugo yo diría que mete más gente en el campo el baloncesto que el fútbol. El baloncesto forma parte de la idiosincrasia del lucense: el sábado por la tarde llueve, se va a tomar los vinos y se va a ver al Breogán. Está en nuestro ADN. Y el baloncesto tiene grandes ventajas: no se pasa frío y no llueve, ja, ja.

-¿Se viste de romano en el Arde Lucus?

-Poco. Creo que nunca. La verdad es que tiendo a huir de las grandes aglomeraciones, pero es difícil encontrar algo que crezca tanto en tan poco tiempo como el Arde Lucus.

-¿Sabría preparar una pulpada?

-No. Me manejo mejor en el plato que en la cocina.

-Defínase en pocas palabras.

-Padre, esposo, bancario.

-¿Sabe bailar?

-Poco.

-¿Pero le gusta?

-Sí, sí.

-¿Y lo practica?

-Seguramente menos de lo que debería.

-¿Cuánto pagaría por una botella de vino?

-Menos que por unas cañas con unos amigos.

-Añada una canción a la lista.

-Hungry Heart, de Bruce Springsteen.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-La familia, en el sentido menos corleonístico del término.

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