«Con estas pensiones nos obligan a estar en la miseria»

Alfonso Iglesias Gómez, jubilado ourensano


ourense / la voz

El ourensano Alfonso Iglesias Gómez empezó a trabajar cuando tenía solo 11 años. Después tuvo la oportunidad de formarse como mecánico de barcos en la Escuela de Máquinas de Ferrol, lo que le permitió convertirse en un empleado del Estado, y fue destinado como técnico mecánico a una central térmica del Sáhara. Más tarde fueron evacuados de la zona y regresaron a España, pero Alfonso enfermó y ya nunca pudo volver a trabajar. No había cumplido los 40 años y le calcularon la pensión en base a los dos últimos años, justo los que había estado de baja. Eso le redujo la base de cotización, pero asegura que el dinero siempre le ha bastado para vivir modestamente, porque estaba por encima del salario mínimo. Ahora ya no. «Estoy con 678 euros al mes y la verdad es que la vida así es bastante fastidiada», reconoce. Lo que lo salva, como a muchos otros jubilados que viven en zonas rurales, es que puede cosechar una gran parte de lo que precisa para comer. «Sembramos ajos, patatas, tomates y lechugas y solo vamos al supermercado si queremos comer algo de carne o pescado, pero la verdad es que lo pasamos mal, es complicado subsistir», reconoce.

Alfonso tiene ahora 67 años y hace uno sufrió un ictus que le ha perjudicado la visión. Eso le obliga a comprar unas gotas que le cuestan 28 euros al mes, además de unas pastillas que le suponen otros 33. Eso a mayores de otros muchos gastos que, como cualquier ciudadano, debe asumir. Su mujer, también jubilada, cobra otros 600 euros de pensión pero ambos mantienen a uno de los tres hijos que tienen, porque se ha quedado en paro y vive con ellos. «Con estas pensiones nos obligan a vivir en la miseria, estamos perdiendo todos los derechos que habíamos conseguido, tanto los obreros como los jubilados», asegura el jubilado, activo en las movilizaciones en contra del incremento del 0,25 % en las pensiones que el Gobierno ha aprobado para este año. «He luchado toda la vida y ahora solo tengo penalizaciones», lamenta.

«Con 1.800 euros tería que vivir moi ben, pero non é así»

Manuel Martínez, jubilado pontevedrés

maría hermida

Manuel Martínez aparece, en pleno aguacero, en medio de la barriada donde vive, A Seca (Pontevedra), una zona de antiguas casas sociales. Trae un caldero enorme de huevos en la mano y lo primero que comenta con sonrisa retranqueira cuando se le elogia el género es: «Estes oviños non duran nada, en canto veñen os fillos xa os levan... que eu teño cinco fillos e doce netos. Somos moitos a comelos». Manuel lleva cuatro años jubilado. Se convirtió en pensionista a los 65, tras toda una vida trabajando en ventas en el sector de la automoción.

Al preguntarle por la pensión, es franco: «Eu non me podo queixar. Traballei moito e tiña unha cotización moi alta, pero tamén agora cobro unha pensión de 1.800 euros, así que se a soben ou non pois non é algo que me preocupe, como lle pasa ao que cobra pouco». Entonces, se le pregunta si tiene una jubilación holgada, con viajes y ocio. Y llega la sorpresa: «Con 1.800 euros de pensión tería que vivir moi ben, pero non é así. Ti non podes vivir moi ben se os que te rodean viven mal... A miña muller e mais eu viaxamos moito cando eu traballaba: fun a Kenya e a moitos máis lugares, pero iso acabouse. Agora andamos xustos, e iso que ela ten un traballiño nun comedor escolar. Para nós chegaría ben, pero hai que compartir cos fillos, que van tendo traballo, pero daquela maneira... Hoxe non hai cousas fixas, e eles van capeando como poden. Hai que estar aí, axudándolles no que se pode. Igual non lles das os cartos directamente, pero axúdaslles noutras cousas». Y añade: «Eu non me queixo, non me podo queixar demasiado, pero gustaríame non ter esa sensación de que os teus fillos viven peor do que ti viviches. Iso a ninguén lle gusta».

Manuel, que aparenta ser una persona positiva, insiste en que igual la petición al Gobierno no tendría que ir tan encaminada a que subiesen más las pensionesporque non parece que haxa moitos cartos para facelo», comenta-, sino a que no se encarezca tanto la vida.

La pensión media ya perdió 200 euros de poder de compra en el 2017

G. L.

Aunque las movilizaciones de los pensionistas han estallado ahora, hace meses que jubilados, viudas y el resto de colectivos dependientes de la prestaciones de la Seguridad Social están perdiendo poder adquisitivo. Después de varios años con la inflación a cero, o incluso en tipos negativos, los precios volvieron a subir con fuerza el año pasado, comiéndose toda la ganancia de poder de compra conseguida en los ejercicios anteriores.

Y es que el IPC subió una media del 2,1 % en Galicia en el 2017, ocho veces más que la pírrica revalorización del 0,25 % que se aplicó a las pensiones a comienzos del ejercicio. Era el cuarto año consecutivo que el Gobierno aplicaba la subida mínima, pero, a diferencia de los tres anteriores, en los que el IPC había cerrado al 0 % (2014), el -0,7 % (2015) y el -0,3 % (2016), esta vez el incremento en la nómina no solo no bastaba para mejorar el nivel de vida, sino que no daba ni para mantenerlo.

Así, al pensionista medio gallego, que en diciembre del 2016 cobraba 768,46 al mes, la subida del 0,25 % aplicada en enero del 2017 solo le supuso un incremento de 1,92 euros en cada una de las 14 pagas (26,88 euros al año). Pero para hacer frente a la subida de los precios habrían precisado que la nómina les subiese 16,14 euros al mes (225,9 euros al año). La resta es simple: ese pensionista perdió 200 euros de poder adquisitivo en solo doce meses.

Y la situación no tiene visos de mejorar en este 2018. La subida de la luz y los carburantes han vuelto a elevar el IPC, que cerró febrero con un incremento interanual del 1,1 % y gabinetes de estudios como el de Funcas estiman que los precios subirán, de media, un 1,5 % en el conjunto del año, seis veces más de lo que se revalorizaron las prestaciones de la Seguridad Social.

No hay pérdida, según Báñez

Pese a estas cifras, la ministra de Empleo aseguró el mes pasado, durante una comparecencia en el Congreso, que las pensiones no han perdido poder adquisitivo. Para poder dar ese titular, Fátima Báñez amplió el foco a los últimos diez años, en los que las prestaciones se revalorizaron un 16,53 % y los precios se incrementaron solo tres centésimas menos (16,5 %). Eso sí, reconoció que en los últimos cuatro ejercicios, coincidiendo con la entrada en vigor del nuevo índice de revalorización -que aboca a subidas mínimas del 0,25 % mientras el sistema siga en números rojos-, sí hubo una pérdida de poder de compra, aunque de solo una décima.

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