Los agricultores gallegos podrán mantener este año su sistema tradicional en el uso de purines

La Xunta dicta una resolución que regula las distintas excepciones a la nueva normativa elaborada por la UE


santiago / la voz

Los agricultores y ganaderos gallegos podrán mantener este año su método tradicional de uso de purines para abonar la tierra sin que por ello sean penalizados en el cobro de las ayudas de la Política Agraria Común (PAC). Así consta en una resolución que acaba de dictar Medio Rural y que en los próximos días se hará pública en el Diario Oficial de Galicia. Esta norma -que establece las excepciones a la normativa con la que la UE pretende reducir las emisiones contaminantes- permite que se siga utilizando el sistema de abanico, tal y como sucedía hasta ahora. La medida es solo para este año, pero la Xunta cuenta con prorrogarla en el 2019. Se mantiene, eso sí, la prohibición de usar sistemas de aspersión por cañón, algo que ya no se hacía en la comunidad gallega. 

A mayores, se incluye otra excepción en relación con otra práctica obligatoria, que es enterrar los estiércoles sólidos después de su uso: siempre que este uso se corresponda con prácticas tradicionales, tal y como establece Medio Rural en su resolución, Galicia no estará sujeta a esta prohibición.

En cualquier caso, los agricultores y ganaderos gallegos deben saber que los cambios en la normativa de purines solo afectaban a aquellos productores que querían solicitar las ayudas por condicionalidad de la PAC, de forma que quedaban excluidas las pequeñas explotaciones.

En principio, la nueva norma impedía lanzar el purín mediante el sistema de abanico, es decir, con las cisternas de plato, una excepcionalidad que sí logra Galicia. El objetivo de esta prohibición era disminuir los niveles de amoníaco en la atmósfera.

En relación con la polémica abierta por el uso de purines y las nuevas exigencias de la UE, la Xunta ha encargado un informe para determinar cuál es el grado de contaminación real por amoníaco. A la espera de ver qué es lo que concluye el trabajo, la Xunta se muestra convencida de que es prácticamente «irrelevante». «O noso criterio é que non sería preciso establecer máis limitacións ao uso de xurro», explican desde ese departamento. El sector del vacuno de leche, predominante en Galicia, es lo que menos amoníaco emite. Esto es lo que ha llevado a Galicia a solicitar la excepcionalidad, pero hay otras razones. Por ejemplo, la orografía: un porcentaje importante del suelo agrario útil de Galicia se localiza en zonas de alta montaña o con limitaciones naturales. La pendiente en algunas de estas áreas haría imposible practicar el abono tal y como establece la normativa e implicaría también un riesgo para las personas durante su aplicación, por las altas posibilidades de que las máquinas se deslicen en suelos húmedos. A esto se suma que Galicia se caracteriza por terrenos de montaña pedregosos que impedirían la inyección del purín. También es un territorio con precipitaciones elevadas durante períodos prolongados, lo que limita el tiempo disponible para las labores agrícolas. Y las granjas pequeñas son el 80 % del total. Esto hace casi imposible el uso de nuevos sistemas.

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