Tres de cada cuatro parados gallegos viven con menos de 500 euros al mes

Más de la mitad de los desempleados ya no cobran ninguna prestación


redacción / La Voz

Si se atiende a la estadística, hay 130.000 gallegos que viven de espaldas a la recuperación económica. Mientras el PIB crece a un ritmo del 3 % anual, solo 40.800 de los casi 170.000 parados con experiencia laboral previa registrados en las oficinas de empleo de la comunidad a finales del año pasado cobraban una prestación contributiva de desempleo, esa a la que se accede por el tiempo trabajado y que, sin ser un maná, permite llegar a fin de mes en una situación menos límite que la que viven el resto de los gallegos sin empleo. Porque de los 130.000 restantes, más de la mitad (76.760) ya han agotado todas las prestaciones y no cobran ni un euro, y el resto sobreviven con los menos de 500 euros mensuales que proporcionan las ayudas de último recurso, ya sea el paro, la renta de inserción o la risga.

La caída de la tasa de cobertura es consecuencia de la cronificación del desempleo (más de la mitad de los parados gallegos llevan más de un año sin trabajo). «Hay más paro de larga duración que antes de la crisis», destaca Maica Bouza, secretaria de empleo de CC. OO. en Galicia, que incide en que, además de la situación de los desempleados, preocupa el fenómeno de los trabajadores pobres, aquellos que encadenan contratos precarios, de tan corta duración o con tan poca jornada que no permiten llegar a fin de mes. Lo certifican hasta los estudios de la Agencia Tributaria, que identifican a 340.000 gallegos que ingresan menos de 9.000 euros brutos al año (750 al mes). «Son los trabajadores los que están pagando la recuperación, con la devaluación de sus salarios y la precariedad», censura Bouza, que advierte que ese empobrecimiento también pone en riesgo el sistema de cobertura social, como las pensiones, por las bajas cotizaciones.

En las entidades sociales relatan que cada vez son más los trabajadores a los que la nómina no les da más de sí y acuden en busca de ayuda. Aunque, como explica Pablo Sánchez, trabajador social de la Cocina Económica coruñesa, la situación más agónica sigue siendo la de los parados crónicos, que sufren además una disfunción del sistema: «Cuando una persona cobra el subsidio de desempleo o la risga y le ofrecen un trabajo a media jornada por unos meses, sin expectativa de renovar, hay muchos que se lo piensan y prefieren asegurar la prestación, porque si la pierden tardan mucho en recuperarla y tienen que comer y pagar la casa».

Pero los efectos de esa exclusión van más allá, como explica el sociólogo Antonio Izquierdo, que liga el fenómeno a otros como el debilitamiento de la democracia o la caída de la natalidad. Y advierte: en una sociedad en la que se diluye el pegamento de la clase media y se pierde el sentimiento de comunidad nadie está libre de ser excluido.

Las ayudas

Subsidio de desempleo

430 euros. Para quien haya perdido el empleo, agotado la prestación contributiva o tenga más de 55 años.

pae

Última red. Para quien haya perdido toda ayuda, se concede por seis meses y tiene una cuantía de 430 euros.

risga

10.300 beneficiarios. La renta de integración garantiza 403 euros al mes a los gallegos que carezcan de recursos.

«Si no fuera por mi madre ya estaría pidiendo en la calle»

beatriz antón

David García Navarro, vecino de Ferrol, sobrevive con los 426 euros de la risga

David García Navarro es vecino de Ferrol, pero nada más abrir la boca su acento andaluz delata sus orígenes. Sevillano de cuna, arribó a la ciudad naval hace nueve años con la que entonces era su pareja -una ferrolana a la que conoció en el sur- y, desde entonces, ha vivido en la cuerda floja. Aunque en Andalucía llevaba siete años trabajando en la construcción, esa experiencia no le sirvió para abrirse un hueco en el mercado laboral. Cuenta resignado que en los años que lleva en Ferrol solo tuvo dos empleos temporales y que la falta de oportunidades lo abocó durante un tiempo al furtivismo: «Sé que es algo ilegal, pero si tienes un niño pequeño en casa que te pide un plato de comida, ¿qué vas a hacer? ¿Quedarte de brazos cruzados?».

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«No tengo radiadores. Tuve que arrancarlos de las paredes»

rosa estévez

Yolanda Rodríguez, vecina de Vilagarcía que superó un cáncer, se enfrenta ahora a la pobreza

Yolanda abre la puerta con el abrigo puesto. No va a ningún sitio: la cazadora se ha convertido en su bata de casa. El piso en el que habitan esta mujer y sus cinco hijos necesitaría un poco de calor artificial para ser confortable. «En mi casa no hay radiadores. Tuve que arrancarlos de las paredes para que mis hijos no los encendiesen. Ellos son muy frioleros, pero las facturas eran terribles».

Yolanda es una mujer joven que arrastra una larga historia: nació en un familia desestructurada, creció con unos tíos alcohólicos e intentó escapar de tanto infortunio quedándose embarazada con 18 años. Estuvo casada hasta que no pudo soportar más los malos tratos. Entonces se divorció, tuvo una nueva pareja y la familia creció. Y llegó el cáncer de útero, del que logró recuperarse. Ahora vive en el piso que había comprado con su marido.

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«Hai quen di que non pode vivir con 500 euros: nós facémolo»

a. gerpe
«Hai quen di que non pode vivir con 500 euros, nós facémolo» Tres de cada cuatro parados gallegos viven con menos de esa cantidad al mes. Más de la mitad ya no tienen prestación y el resto solo perciben ayudas de último recurso

Joaquín Ramón Yuste, de Boiro, tiene 51 años y está sin empleo desde el 2012

Sin empleo desde el 2012, Joaquín Ramón Yuste, de 51 años, está desesperado: «Estou anotado en todas as empresas de traballo temporal de Boiro e en varias da Pobra. Cada quince días vou mirar se hai algo, pero sempre che din que xa che avisarán». Natural de A Pobra, comenzó a trabajar con 12 años. Durante más de una década ejerció como camarero. Después, en pleno bum constructivo, se marchó a Lanzarote: «Facíamos un hotel en oito meses». De regreso a Galicia continuó trabajando en el sector, pero llegó la crisis y se acabó el trabajo estable.

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Dos familias ahogadas por las deudas y sin techo

enrique g. souto

Teresa Armengol y Begoña Prado son dos mujeres de Lugo que se encuentran en situaciones muy difíciles

Son dos casos de mujeres de Lugo que, por distintas razones, están en situaciones muy difíciles, instaladas en el precipicio del sistema contra su voluntad. Una espera, de un momento para otro, el lanzamiento por desahucio del piso en el que vive; la otra ha recibido ya el primer aviso, el temido burofax.

María Teresa Armengol Gubern, de 51 años, dejó Barcelona para venirse a Lugo en 1999 por motivos de salud de uno de sus hijos, que ahora tiene 18 años. Vive con él y con otro hijo, de 14, en el piso del que está desahuciada. Los problemas de esta mujer, que trabajó en la cocina de varios restaurantes, comenzaron cuando tuvo los primeros brotes de su enfermedad: es bipolar. Vive con los 368 euros que ingresa por una pensión no contributiva y los 200 que le aporta su exmarido; el alquiler es de 325 euros y hace un año que no puede pagarlo, aunque lograron retrasar el lanzamiento. En estos momentos tiene en tramitación la concesión del bono social. En la primera ocasión que lo solicitó, le fue rechazado porque aún figuraba el marido como miembro de la unidad familiar. María Teresa lamenta que desde los servicios sociales, según su percepción, no hicieron nada por ayudarla, si bien reconoce que en dos ocasiones le pagaron los recibos de la luz. El hijo de 18 busca trabajo, al parecer sin éxito. El exmarido, también sin empleo, lleva tres años y medio en paro y la ayuda familiar que percibe ahora es la última a la que tiene derecho.

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