En Galicia hay viviendo de alquiler 30.000 familias más que antes de la crisis

Una cuarta parte de los hogares destinan más de un 30 % de sus ingresos a pagar la renta


Redacción / La Voz

No quieren hablar de burbuja, porque aún padecen las consecuencias de la última, pero las empresas inmobiliarias no esconden la preocupación por el crecimiento descontrolado del mercado del alquiler en Galicia, que ha reducido la oferta de viviendas a mínimos históricos (el stock de inmuebles disponibles ha caído un 40 % en el último año) y ha disparado los precios. Encontrar casa en algunas ciudades de la comunidad es una misión casi imposible, apta para muy pocos bolsillos.

Y es que la demanda se ha disparado en los últimos años. En el 2007, justo antes del estallido de la crisis, en Galicia eran poco más de 106.000 las familias que vivían de alquiler. A finales del 2016, último dato disponible, la cifra se había incrementado hasta las 136.000, un 28 % más en solo nueve años, según la encuesta estructural a los hogares que publica el Instituto Galego de Estatística.

El porcentaje de hogares arrendados se duplica en los municipios de más de 20.000 habitantes Claro que, como advierten desde el sector, el crecimiento no se ha repartido de forma homogénea en la comunidad, donde el porcentaje de viviendas arrendadas sobre el total apenas alcanza el 13 %. Mientras en los municipios de menos de 20.000 habitantes el mercado está totalmente plano, hay pisos disponibles y los precios siguen estables, en los ayuntamientos más poblados la situación es bien diferente. En los concellos intermedios, de entre 20.000 y 50.000 vecinos, cabeceras de comarca o cinturones metropolitanos de las grandes urbes, la demanda de alquileres está disparada, ya que en solo nueve años se ha duplicado el porcentaje de familias que viven en un inmueble que no es de su propiedad (del 7,8 % ha pasado ya a más de un 14 %). En las ciudades, aunque la evolución no es tan espectacular en términos relativos, hay una subida mayor en números absolutos, con 16.500 nuevas familias que han optado por el alquiler desde el inicio de la crisis. En las siete grandes ciudades, dos de cada diez hogares viven en régimen de arrendamiento.

El mercado se reordena

En ese cambio social influyen muchos factores. Cierto que la mentalidad ha cambiado, y que para muchas familias alquilar ya no equivale a tirar el dinero, pero no lo es menos que para otros no hay otra opción. Aunque el grifo del crédito se ha reabierto, las hipotecas de ahora no son las de hace diez años. Si antes los bancos no tenían problemas para cubrir el 100 % del coste del piso, incluso algo más para muebles o algún capricho a mayores, ahora la barrera del 80 % no se traspasa. Para poder comprar un piso, es necesario tener ahorrado el otro 20 % y lo necesario para abonar los impuestos correspondientes. «Para un piso de 150.000 euros, hay que disponer de unos 50.000», dice Benito Iglesias, presidente de la Federación Galega de Empresas Inmobiliarias, que constata que el segmento de población que tradicionalmente más tiraba de la venta de viviendas, el de los menores de 35 años, no dispone de esas tasas de ahorro y ha quedado relegado a la fuerza al mercado de alquiler, que sí ofrece grandes rentabilidades para los inversores que pueden afrontar la compra de una vivienda con recursos propios.

Un esfuerzo cada vez mayor

Y esa presión cada vez mayor de la demanda ha elevado los precios, especialmente en las áreas urbanas. Según el IGE, el gasto medio en alquiler se ha incrementado un 5 % respecto al año 2007, pasando de los 288 euros de entonces a los 303 de ahora. Claro que esas cifras están muy matizadas por los arrendamientos en zonas rurales. En las ciudades, los precios son mucho mayores y los incrementos, más abultados.

De hecho, ese encarecimiento del mercado ha hecho que las familias cada vez tengan que dedicar un porcentaje mayor de sus ingresos al pago del alquiler. En la mayoría de los casos (36 %), la renta del piso se lleva entre un 10 y un 20 % del dinero que entra todos los meses en casa, pero en uno de cada cuatro hogares gallegos que viven de alquiler la cifra supera ya el 30 %. De hecho, hay 9.000 familias que destinan más de la mitad de su salario al pago de la vivienda.

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«Pasei varios meses buscando piso e foi moi difícil»

dolores cela

Laura López, con 21 años, encontró el primer trabajo relacionado con sus estudios de administración de empresas hace más de seis meses, y decidió alquilar un piso en Lugo. Deseaba independizarse y, al mismo tiempo, tampoco quería tener que usar el coche para desplazarse todos los días los 43 kilómetros que hay entre la capital de la provincia y la casa de sus padres, en O Cádavo, sobre todo en los meses de invierno, con heladas y nieve. Para encontrar su actual vivienda recurrió a inmobiliarias, a Internet y a las direcciones y teléfonos que le iban pasando sus amigos y conocidos. Tardó meses en dar con ella.

Una vez que venzan los seis meses del contrato, dejará el apartamento de dos dormitorios de la zona de Augas Férreas, por el que paga 450 euros al mes. Se cambia de trabajo nuevamente y se va a vivir a otro municipio, más cerca de su casa, por lo que no gastará en alquiler.

«Pasei varios meses buscando e foi moi difícil atopar o que teño. Cando aparecía un, ou estaban reservados ou xa o alugara outro antes, porque non hai case ningún dispoñible», comenta.

El mismo piso, repetido

Esta joven, al igual que otros arrendatarios, se encontró con que el mismo piso figuraba en la oferta de varias inmobiliarias, tenía el teléfono en la ventana y estaba anunciado en Internet, con lo que la oferta real es más reducida de lo que aparenta al repasar los portales inmobiliarios.

Laura vio muchas viviendas antes de encontrar la de Augas Férreas y se encontró de todo: «A xente pon en aluguer calquera cousa, supoño que porque hai máis oferta que demanda e porque teñen posibilidades de colocala». «Atopei pisos sen calefacción e en condicións bastante lamentables polos que pedían 350 euros ao mes», censura.

Para poder alquilar el piso en el que está tuvo que abonar un mes por adelantado y depositar una fianza: «Os donos da vivenda só me pediron unha nómina para facer o contrato. Noutros sitios aos que fun ver pisos querían dúas nóminas, e non das pequenas, ou que alguén te avalase; se non era imposible alugar».

«Nunca imaxinei -señaló Laura López- que para poder vivir nunha cidade coma Lugo fose necesario que alguén te avalase».

El euríbor rompe una racha de 16 meses a la baja

El euríbor, el indicador al que se referencian prácticamente todas las hipotecas a tipo variable, ha cerrado el mes de enero dando una señal a tener en cuenta: ha subido tras 16 meses a la baja. Es cierto que sigue moviéndose en negativo, y en unas cifras que parecían impensables (-0,118 %), pero lo cierto es que ha subido dos centésimas con respecto a diciembre y puede estar empezando a marcar un camino de ascenso, al calor de una posible subida de tipos de interés a finales de este año o inicios del 2019. Para una hipoteca que pague 550 euros y se revise ahora, el ahorro puede ser de unos 5 euros al mes.

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