¿Cuándo es mejor ser autónomo o montar una sociedad?

Al margen de si la iniciativa es colectiva o es individual, hay cuestiones que son importantes para elegir cuál es el camino a seguir


Desde que se desató la macrocrisis del 2007, España se convirtió en la meca del emprendimiento por obligación. A partir de ahí, la primera pregunta que se hacían los interesados era la siguiente: ¿Me monto como autónomo o levanto una sociedad? Al margen de lo evidente -si la iniciativa colectiva o es individual- hay cuestiones que son importantes para elegir cuál es el camino a seguir. La organización Infoautónomos detalla las siguientes: 

1.- Bonificaciones en la cuota de la Seguridad Social. Hay dos tipos de autónomos: persona física y autónomo societario (sería el aplicable para los socios y administradores de las sociedades mercantiles -limitadas y anónimas- que cumplieran determinados requisitos). Los últimos no tienen bonificaciones en la cuota de la Seguridad Social, como la tarifa plana. De hecho, hasta que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado, la cuota seguirá vinculada al grupo uno del régimen general. Puede ocurrir que algún autónomo societario no esté de acuerdo con la limitación al acceso de la tarifa plana y opte por ir a los tribunales. Pueden darle la razón y considerar que tiene el derecho, que ya ha ocurrido en algún caso (los menos), dice Rocío Ruiz, directora de la asesoría de Infoautónomos. Pero insiste: la Seguridad Social no se la va a aplicar por propia iniciativa. 

2.- El factor del rendimiento neto. Compensa hacerse autónomo en el arranque de la sociedad, excepto si se sabe que el beneficio neto va a ser elevado. La realidad es que cuantos más ingresos se tengan, menos conviene ser autónomo. ¿Por qué? La explicación se encuentra en el IRPF, y concretamente en el gravamen de la base imponible. Este aumentará en función del beneficio y puede llegar a un tipo del 45 %, mientras que en las sociedades el tipo medio está en el 25 % . Un matiz importante viene dado por la pregunta: ¿Cuándo dispone la persona del capital obtenido? Si se trata de una sociedad, ese dinero es de la compañía. El empresario dispondrá de él si la empresa, por ejemplo, reparte dividendos, si él tiene una nómina, y ahí se le aplicará el gravamen que le corresponda en el IRPF. 

3.- ¿Y si hay deudas? El autónomo tiene más posibilidades de responder de manera ilimitada. Si está casado en régimen de gananciales, su patrimonio familiar correría peligro. En la sociedad, el límite de responsabilidad se vincula a la participación. La primera apuesta es casarse en separación de bienes. Existe otra figura que es el emprendedor de responsabilidad limitada, que tiene unos mayores costes, pero que por ejemplo delimita el cargo sobre la vivienda familiar si esta no pasa de los 300.000 euros (450.000 en ciudades de más de un millón de habitantes). De las deudas con la Seguridad Social y con Hacienda no se libra. 

4.- ¿Qué es más barato? Ser autónomo. La Seguridad Social cuesta 275 euros al mes. Pero el primer año está bonificada (50 euros al mes) y el segundo, también, aunque en porcentajes de bonificación inferiores. Si el negocio no marcha bien, o no tiene ingresos recurrentes, es más fácil darse de baja y tiempo después volver a darse de alta. En este caso, la Seguridad Social, dice Rocío Ruiz, está aplicando la fórmula más beneficiosa para el emprendedor, que es mantener la bonificación, siempre que se encuentre dentro del período de los dos años siguientes al primer alta.

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