La cesta de la compra y la resaca navideña complican la cuesta de enero a los gallegos

Alimentos y alquileres más caros y los sueldos congelados merman su capacidad de compra


madrid / la voz

El estreno del año suele dejar los bolsillos con telarañas. Y el 2018 no es una excepción. A punto de expirar el primer mes del nuevo ejercicio, comienzan a llegar los cargos de las tarjetas de crédito con las que se han financiado los gastos navideños, que siguen creciendo al calor la recuperación. La economía doméstica, además, ya nota el impacto de subidas de precios de bienes y servicios que abarcan desde los combustibles al gas, el transporte (incluyendo los peajes), la telefonía o los alimentos, sin olvidar impuestos o comisiones bancarias.

Esto coincide en un contexto de ínfimas subidas salariales, cuando las hay, los funcionarios lo tienen congelado, por ejemplo. Y también de pensiones, que por quinto año consecutivo se han incrementado lo mínimo legal, un 0,25 %, dos euros de media. Resultado: la capacidad adquisitiva de los hogares gallegos se sigue reduciendo.

Sobre el encarecimiento progresivo y constante de los alimentos pone el acento Miguel López, secretario general de la Unión de Consumidores de Galicia (Ucgal), al señalar que estos «han convertido la cuesta de enero también en la de febrero, en la de marzo y, de forma incesante, hasta diciembre, con algunos repechos, usando un símil ciclista como el de septiembre con la vuelta al cole».

Para López, es «preocupante» que el precio de los alimentos básicos no pare de subir. «Ya no se trata solo de los servicios básicos, como la luz, la gasolina o el transporte, sino especialmente de los alimentos frescos, como carne, pescado, frutas y verduras, que se han encarecido de forma espectacular, y no solo por la sequía o por los temporales».

El responsable de la Ucgal pone como ejemplo un litro de zumo de naranja, que del pasado diciembre a hoy se ha encarecido 22 céntimos. «En solo dos semanas. Y no hay nada que lo justifique, igual que los costes de la logística no explican que un precio se triplique desde la huerta al supermercado», subraya.

Que el precio de los productos se multiplique varias veces sin justificación aparente es una antigua denuncia del sindicato agrario COAG, que en el 2008, en colaboración con dos organizaciones de consumidores, comenzó a elaborar mensualmente el índice de precios en origen y destino de los alimentos, que el pasado diciembre mostraba, por ejemplo, que las patatas costaban un 800 % más en la tienda de lo que se le pagaban al productor, o casi un 700 % las naranjas.

El IPC, que arrancó el año pasado disparado por encima del 3 %, cerró el ejercicio con una subida media del 2,1 %. Mucho más que sueldos y pensiones. Y determinados alimentos básicos tuvieron un comportamiento muchísimo más inflacionista: el aceite, por ejemplo, multiplicó el IPC general por siete, y por cuatro las frutas frescas, mientras que la carne de cerdo lo triplicó y el pescado prácticamente igual. «Suben precisamente los imprescindibles, mientras que las pensiones, por ejemplo, prácticamente no se mueven», añade López.

Las organizaciones de consumidores señalan el precio de los alquileres como otro problema grave para muchas familias. «Especialmente en ciudades turísticas, como puede ser Santiago, el precio de la vivienda de alquiler ya no tiene nada que ver con el de hace cinco años», apunta el secretario general de la Ucgal, que sostiene que es un problema en el que la Administración debe tomar medidas, «o acabaremos expulsados del centro de nuestras ciudades, porque no podremos pagarlo». 

Más esfuerzo por llenar la cesta

Enrique García, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), destaca en este punto que «la realidad es que los salarios no crecen y por eso el esfuerzo de los consumidores para llenar la cesta de la compra o pagar el alquiler y los servicios básicos sigue siendo muy importante». Recuerda, además, el debate político abierto actualmente sobre la necesidad de poner fin a la contención retributiva que se impuso con la crisis: «Hasta el Banco de España ha alertado de ello».

En este sentido, los agentes sociales acaban de reiniciar los contactos para alcanzar un acuerdo en el marco de la negociación colectiva, después de que el pasado año no lograran un pacto de subida salarial -algo insólito que solo ocurrió una vez en el peor momento de la crisis-. Sin embargo, aunque las cifras oficiales reflejen que el pasado año los sueldos de los trabajadores sujetos a convenio crecieron tres décimas por encima del IPC de diciembre Galicia (el 1,5 %), su impacto es muy reducido, ya que cubre a poco más de 200.000 trabajadores, es decir, una quinta parte del total. Y a esto se suma 150.000 empleados públicos que aún no saben cómo medrarán sus sueldos este ejercicio.

¡Extra, extra... la luz ha bajado!

f. fernández

El recibo de enero se abarata un 14 % gracias en parte a la llegada de las lluvias; la cruz, el carburante, que sigue subiendo

«Extra, extra, extra.... La luz ha bajado»... En una película clásica, en blanco y negro, el chico que vende los periódicos por la calle se desgañita leyendo a voz en grito el titular, que, en letras bien grandes, ocupa las portadas de los principales tabloides.

Pero no es ficción. El recibo eléctrico que abona una familia media ha dado una tregua a los consumidores, como para suavizar la habitualmente tortuosa cuesta de enero. Según cálculos realizados por la Axencia Provincial da Enerxía, atendiendo a una petición de La Voz, un hogar con un contrato de comercialización de energía eléctrica en el mercado regulado, sin discriminación horaria, con una potencia contratada de 4,45 kilovatios y un consumo anual de 3.500 kilovatios hora, pagará este mes de enero por la factura de la luz 64,45 euros. En comparación con el mismo mes del 2017, es un 14 % más barata, pues entonces abonó 74,92.

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