Dueños de montes se unen en Galicia para rentabilizar la tierra

Crean once sociedades con 4.000 parcelas y 1.855 hectáreas


santiago / la voz

La estructura minifundista de la propiedad del monte en Galicia ha supuesto desde siempre uno de los grandes frenos para desarrollar un sector maderero que constituye una potencia, pero que podría serlo mucho más. Aunque lentamente, las cosas empiezan a moverse. Quizás no todavía al ritmo necesario. Las conocidas como sociedades de fomento forestal (Sofor) eran un instrumento recogido en la ley del 2012 que permitía agrupar parcelas para crear una empresa. Desde entonces, se habían inscrito cinco en el registro; dos en Silleda, una entre Serra de Outes y Negreira, una en A Estrada y una última en A Fonsagrada: agrupaban a 217 propietarios forestales y juntaban 925 hectáreas. La noticia es que a lo largo del 2017 se han sumado otras seis sociedades: en Becerreá (dos, Meira, O Irixo, Lalín y Pol.

Entre las once sociedades suman casi 2.000 hectáreas de terreno gracias a la decisión de 489 propietarios de agrupar 4.023 parcelas. La Sofor de mayor tamaño de todas las constituidas hasta ahora es la de Parada, en Silleda, con más de 300 hectáreas; le siguen las de Frades (Becerreá), con una cifra semejante; y la de Santa Juliana (A Fonsagrada), con cerca de 200.

Las Sofor son agrupaciones de propietarios forestales que ceden la gestión de sus parcelas a una sociedad mercantil de responsabilidad limitada, constituida por ellos mismos, con objeto de que esta lleve a cabo una gestión forestal conjunta. Esta figura se encuentra abierta a una gestión multifuncional del monte, es decir, que pueden existir Sofor que se encuentran orientadas a aprovechamientos madereros, y otras a pastos, frutos o setas.

Esta figura propia del derecho privado, con regulación mercantil específica, tiene algunas ventajas. La primera es la adscripción voluntaria de sus propietarios, pero el cambio más relevante es que permite que exista capital privado inversor que coexiste con el capital social: esto significa que conviven socios fundadores y propietarios con socios capitalistas.

En Galicia, donde hay 600.000 propietarios forestales, es decir, donde uno de cada cuatro habitantes es dueño de monte, se hace imprescindible superar la fragmentación de la propiedad, pues las parcelas suelen ser rentables a partir de una superficie de unas 25 hectáreas.

Más allá de la posibilidad de crear un instrumento que permite atraer inversión privada, los expertos han planteado también la necesidad de mejorar los incentivos fiscales para este tipo de inversiones. A la mejor explotación del monte, la unión de propietarios suma otro efecto: previene y minimiza el riesgo de incendios forestales.

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