«Es increíble verlo a 300 por hora: ¡lo hemos conseguido!»

Javier Prieto cumplió un sueño: subir al AVE en el que ha trabajado sin descanso tres años en Arabia Saudí

Javier, en una de las estaciones, antes de embarcar en el primer AVE
Javier, en una de las estaciones, antes de embarcar en el primer AVE

Redacción / La Voz

El tren veloz que une las dos ciudades santas del islam, La Meca y Medina, es ya una realidad. Una gigantesca infraestructura que ha costado casi 7.000 millones de euros, ejecutada por un consorcio español, y que atraviesa un desierto de rocas y fincas llenas de dromedarios y beduinos; con cinco estaciones obra de Norman Foster; que se detiene en el medio de la ciudad artificial de Kaec; y que se ha levantado en situaciones climatológicas adversas (veranos a 52 grados) y administrativamente muy complejas. Finalmente, este AVE se estrenó el 31 de diciembre, en el límite marcado por el contratista, el Gobierno saudí.

Es también un AVE gallego, porque en su construcción ha participado la ourensana Copasa, subcontratistas de la provincia de A Coruña y casi un centenar de ingenieros, personal de obra y hasta cocineros procedentes del noroeste español. Y en su estreno tuvo pasaje de la comunidad. «Es un orgullo haber participado en esto. Por dentro es como cualquier otro AVE, confortable. Y cuando estás dentro, ves pasar todo, llegar a 300 kilómetros por hora... es una sensación muy impresionante. Después de lo que hemos pasado, ¡lo hemos conseguido!», dice al otro lado del teléfono, en Yeda, Javier Prieto, de Vilagarcía de Arousa, el primer gallego que se monta en el AVE del desierto. Lo conoce muy bien: lleva más de tres años participando sobre el terreno como encargado de vía de Copasa. Y aún se quedará un tiempo allí porque esta constructora vigilará el mantenimiento durante otra década. «Yo me quedo aquí hasta que me digan, esta empresa es como mi familia», relata.

Los 450 kilómetros que separan las dos ciudades se recorren ahora en menos de tres horas. Es un cambio notable para los peregrinos musulmanes, millones cada año, que hasta ahora se tenían que hacinar siete horas en un bus para desplazarse de una ciudad santa a otra.

Entre cientos de autoridades y personal local, en el viaje inaugural Javier coincidió con Jaime Díaz, el director de toda la obra que ha hecho Copasa. «Además de la satisfacción por ver finalizado un proyecto que parecía irrealizable cuando nos implicamos, allá por el año 2009, cuando parecía que no iba a realizarse nunca, subido a bordo me vinieron a la mente los momentos más duros vividos en estos cinco años, que gracias al esfuerzo y dedicación de nuestro personal han llegado a buen puerto», explica este ingeniero valenciano, también conocedor del AVE en Galicia. «La construcción de esta obra ha sido un reto en todos los aspectos organizativos: planificación, logística, ejecución, medios auxiliares... Y aunque desde 1999 he estado realizando obras de alta velocidad en España, las dimensiones y dificultades sufridas en esta no son comparables», añade Díaz.

Javier vio todas esas dificultades de cerca, por ejemplo en los accesos a La Meca, una ciudad vetada que no puede pisar ningún no musulmán: «Andábamos con muchísimo cuidado, revisando todo sin salirnos de la vía». «No me quería perder el primer día» después tres años metido de lleno, dice. Fue un estreno de nervios, de emociones, y de trabajo (no ha habido prácticamente descanso en los últimos meses). «Estaba tan agotado al acabar el día que ni me acordé de las uvas».

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