¿Por qué un portugués en el Eurogrupo?

El buen trabajo de la diplomacia lusa y el perfil de sus líderes explica el ascenso a puestos clave de la escena internacional

De izquierda a derecha, Antonio Guterres, Mário Centeno y Vítor Constâncio
De izquierda a derecha, Antonio Guterres, Mário Centeno y Vítor Constâncio

En algunos ha causado sorpresa el nombramiento de Mário Centeno como presidente del Eurogrupo. La sorpresa no lo es tanto por su perfil. Lo es por su nacionalidad. En los últimos tiempos nos estamos acostumbrando a ver políticos y técnicos portugueses en cargos internacionales de primer nivel. Vítor Constâncio como vicepresidente del BCE, António Guterres como secretario general de la ONU y ahora Centeno, al frente del organismo que reúne a los ministros de Economía de la eurozona, son en el presente ejemplos de ello.

En el pasado lo fueron José Manuel Durão Barroso, como presidente de la Comisión Europea, Freitas do Amaral, como presidente de la Asamblea General de la ONU, o Carlos Costa, como presidente del Banco Europeo de Inversiones. En segundos niveles hay más. El FMI (Vítor Gaspar) y la OCDE (Jorge Moreira da Silva y Álvaro Santos Pereira) acogen a varios exministros lusos en cargos de alta dirección.

Algunos se preguntan cómo un país pequeño, periférico, menos desarrollado que la media europea y que hace poco tiempo pasó por un rescate puede tener un realce tan excepcional en esta dimensión. La explicación no es única para todos los casos, pero hay algunos aspectos que son sin duda importantes en este éxito de Portugal como país.

En primer lugar, ser un país con las características mencionadas. Algo que en principio se podría considerar un hándicap acaba por ser una gran ventaja. Proceder de una potencia es en muchas ocasiones un problema para los candidatos. La desconfianza de otros grandes países y los recelos sobre la concentración de poder acaban por restarles apoyos a la hora de la verdad. Cuando hay tensiones, una de las salidas es optar por alguien procedente de un país menos influyente y, si es posible, relativamente neutral.

En segundo lugar, el buen trabajo de su diplomacia. La capacidad de los diplomáticos portugueses para tender puentes y alcanzar acuerdos es bien conocida entre sus pares. Cuando toca hacer lobby en favor de uno de sus nacionales también saben cómo moverse.

Y, por último, el perfil de sus candidatos. Muchos de los portugueses que ocupan cargos internacionales o lo hicieron en el pasado tienen currículos muy adecuados. La mayoría estudiaron en universidades extranjeras de gran prestigio, trabajaron fuera de su país y hablan con fluidez inglés y francés, además de poseer otras competencias hoy en día muy valoradas.

Los motivos que han llevado a políticos portugueses a los cargos que hoy ocupan difieren caso a caso. En unos la procedencia fue fundamental -por ejemplo, en el caso del BCE-, en otros el perfil (imbatible) del candidato, caso de Guterres en la ONU. En todos ellos tuvo importancia la diplomacia. En la presidencia del Eurogrupo se tuvo en cuenta tanto el origen del candidato como su perfil, aunque hay quien considere que su desempeño como ministro y la orientación de sus políticas fueron cruciales. Sea cual sea el motivo de la elección de Centeno, hay que desearle suerte. Las reformas que tendrá que acometer en los próximos años son un gran desafío.

Francisco Carballo-Cruz es profesor de Economía en la Universidade do Minho

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