Galicia, reino de patatas y maíz forrajero

Los productores de tubérculos, que inciden en la calidad, ven precisa una puesta en valor. La comunidad concentra, por otra parte, el 75 % de la superficie de millo para pasto de toda España


carballo / la voz

«Galicia é un verxel no mar e na terra, pero damos por feito cousas que son extraordinarias», sentencia Manuel Quintela. «Cousas» como la patata o el maíz, cultivos estratégicos en una comunidad referente en uno y otro. Este, además, ha sido un buen año.

De las tres hectáreas de patata que Quintela sembró en Coristanco, cosechó 90.000 kilos: «Excelente cantidade e calidade». No todos los años son iguales, claro. Manuel es el representante bergantiñán en el Consello Regulador de la Indicación Xeográfica Protexida (IXP) Pataca de Galicia, sello con el que solo está amparada, por ahora, la patata de consumo Kennebec que se produce bajo criterios controlados en las subzonas Bergantiños, Terra Chá-A Mariña, Lemos y A Limia, una pequeña parte del conjunto. Para Manuel, Galicia es potencia: tiene condiciones únicas.

No obstante, parece que la patata aún no tiene su trono, por más que haya paliado crisis y sea imprescindible en la cocina y en el paisaje agrario gallego. Hay retos: profesionalización, precios, venderse bien... En Bergantiños, cuenta Quintela, buscan identidad con el buen trato del tubérculo. Aspiran a ser delicatesen: «Un produto diferenciado».  

Según Medio Rural, en el 2016 se plantaron en Galicia 19.054 hectáreas de patata: a la cabeza, Ourense, con 6.214, y A Coruña, con 5.524. Resultaron 417.081 toneladas métricas -Ourense, con 198.300, y A Coruña, con 94.174, fueron los registros más altos-, de las que un 59 % se dedicó al autoconsumo y el reempleo y un 41 %, a la comercialización. 

Más consumo que la media

Guillermo Budiño, desde este año nuevo presidente del Consello Regulador de la IXP, incide en el consumo final: el comensal, cree, no valora la patata como el marisco o la carne, algo que desde el Consello Regulador -que aglutina ahora a 75 productores gallegos y unos 10 comercializadores, batiendo últimamente récord en ritmo de incorporaciones- tratan de paliar con campañas o catas. Natural de Padrón, Budiño nació entre patatas y desarrolló su vida laboral en A Limia, en inspección agraria. Es uno de los mayores expertos, parte activa del despegue en Bergantiños, y no duda en tildar este producto de «primordial» para Galicia. De hecho, apuntilla, el consumo medio, aquí, está por encima de la media nacional.

Coincide en la buena cosecha de este año -marcado por la polilla guatemalteca en el norte, a su juicio bien atajada- y alude a las garantías que ofrece el sello de calidad de la IXP para el consumidor y el productor: «Pataca de Galicia marca a diferenza. Só se ampara pataca de calidade, e iso é o que demandan. Envíase a toda a comunidade, Madrid, Barcelona, Portugal...». En Bruselas, desde hace un año, tienen en marcha el expediente para que bajo la IXP se incluyan, a mayores de la Kennebec -buena para cachelos-, las variedades Agria -ligada a A Limia y perfecta para el frito -y Fina de Carballo -propia de Bergantiños, de altísima calidad y densidad-: «Estamos agardando a resolución». Supondría un paso en su protección y puesta en valor. 

Venta por Internet 

«Á pataca non se lle dá o aprecio e o valor que ten, máis que nada aquí, diría eu. Cando montei a web quería, sobre todo, que calquera tivese a opción de probar unha de calidade, e coa garantía de ser galega», manifiesta rotundo Amador Díaz (Patatas Ama, Xinzo). En el 2014 -esta será la cuarta campaña- quiso innovar y se lanzó a vender sus patatas por Internet. Está contento. Quienes las prueban, repiten. Una parte de las 400 toneladas que recogió este año se irá por este canal, y ahora con satisfacciones a mayores: «Metinme no Consello Regulador como produtor e envasador e esta pasada semana saíron as primeiras caixas coa denominación de orixe, é un valor engadido». También lo es que su Kennebec fuese recogida a mano y que no hayan echado mano de los herbicidas.

Sirve por Internet en dos formatos de cajas, de 10 y 20 kilos, y dos variedades: Kennebec y Agria. Su producto de temporada llega, a día de hoy, a las cuatro provincias, así como a Barcelona, Madrid, Sevilla, Salamanca, Cartagena, País Vasco… Orografía o clima caracterizan Galicia y A Limia tiene también sus particularidades: es por ello que hace menos de un mes crearon la Asociación de Produtores de Pataca da Limia, entidad que el propio Amador preside: «Son moitas cuestións na mesa. Unidos é o único modo de facer algo».

De la patata en Galicia se tiene constancia ya en la segunda mitad del XVI, si bien no fue hasta el XVIII cuando su cultivo se hizo más popular. Llegó de América, como el maíz. En este último es especialista María José Bande. Desde el Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo (Abegondo) explica que fue domesticado en México hace 7.200 años y que se cultivó por vez primera en España allá por el 1500, en Sevilla. Tiempo pasó y hoy Galicia concentra nada menos que el 75,5 % de la superficie de cultivo de maíz forrajero de toda España: 67.609 hectáreas en el 2016, según datos de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos, frente a las 89.558 del conjunto estatal. Tres cuartas partes. 

Vital en las granjas

Dato prácticamente idéntico manejan en Medio Rural: 67.620 hectáreas en el 2016, con una producción de 2.187.804 toneladas métricas, prácticamente el 100 % para reempleo en las explotaciones, a través del ensilado. A Coruña, con 43.353 hectáreas, y Lugo, con 18.923, están a la cabeza. El cultivo de maíz para grano, sin embargo, es testimonial: 142.298 tonelada métricas en toda Galicia. «Para unhas galiñas ou para unha empanada, pero pouco máis», describe José Turnes desde la empresa Progrando (Arteixo).

¿Y por qué es vital el maíz forrajero para las explotaciones lecheras? «Tanto o sector agrícola coma o gandeiro, nos últimos decenios, experimentaron un cambio para a intensificación. Deixáronse atrás sistemas tradicionais e a economía de subsistencia para producir de cara ao mercado. O prezo do leite estivo estancado e as materias primas para concentrados experimentaron unha subida, polo que moitos gandeiros buscaron estratexias para reducir custes, mellorando rendibilidade e competitividade. Por exemplo, cun mellor uso dos recursos propios, dependendo menos de concentrados, pensos…», destaca María José Bande. Ahí entra el maíz forrajero: «Ten alto poder nutritivo, alta capacidade para producir materia seca e un curto período vexetativo».

La superficie sembrada va a más, constata José Turnes. Importa la producción y la calidad: Bande acredita un interés en aumento por las investigaciones que vienen haciendo hace lustros: «Cada vez máis os gandeiros miran que sementar». Entre los retos, además de poner coto al jabalí, cita ella la sequía: habría que ir pensando en sistemas de acumulación de agua, ya que aquí el cultivo se hace en secano.

«Temos unhas condicións moi boas para producir millo para ensilar. Hai anos de seca nos que a colleita pode ser peor, pero sempre se consegue unha interesante», dice Turnes, que además del energético, destaca su potencial para renovar praderas y su tolerancia a distintos suelos. Desde la explotación A Devesa, en Ponteceso, Xusto Sánchez da testimonio de lo indispensable de este cultivo: ellos tienen 450 vacas mayores (400 en ordeño) y para ensilado siembran 160 hectáreas, en tanto que una res puede llegar a consumir hasta 40 kilos de maíz en su ración. «Case é o único forraxe. É a base clara. A metade do que come unha vaca, uns 34 quilos de materia seca ao día, é millo». Dependen de él. Fue una cosecha buena la de este año: que llueva en julio -cuando se cría la espiga- da garantías.

La fácil conservación es otro puntal del maíz forrajero que atestigua Fernando Núñez desde la empresa Caussade Semillas. En Galicia, dice, supone entre un 30 y un 50 % de la materia seca en la ración diaria de la vaca, aunque llega a alcanzar el 100 % en algunas explotaciones. La mayor producción de leche, de hecho, va ligada al mayor consumo de materia seca: «En Francia, pola maior extensión coa que contan, os gandeiros poden producir máis forraxes, o que lles produce un maior beneficio por litro de leite. En Galicia, o millo considérase un cultivo caro polo custo de plantación e recollida, pero temos que considerar que a produción en toneladas de materia seca por hectárea é moi alta e, se facemos contas, non sae tan caro. Todo alimento producido na explotación vai abaratar custes». Por eso se mira cada vez más por la calidad, las variedades y los estreses hídricos. Hay nuevas tendencias: en Finca de Mouriscade (Lalín), por ejemplo, estudian con dos tipos de picado.

Patata y maíz han llegado para quedarse. Galicia es su reino.

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